¿Es este el camino para vencer por fin a la corrupción?

Protesters march through a main avenue during an anti-government rally in Buenos Aires November 13, 2014. Diverse organizations rallied against inflation, corruption and high crime rates in widespread protests organized via social media networks on Thursday. The banner reads: "Stop Corruption." REUTERS/Enrique Marcarian (ARGENTINA - Tags: POLITICS CIVIL UNREST) - GM1EABE0NSX01
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La corrupción es una palabra incómoda. Su propia definición es objeto de disputa, su existencia se niega constantemente y, cuando uno se acerca lo suficiente para arrojar luz sobre el asunto, aparecen sombras aún más oscuras. Trabajar en el ámbito de la lucha anticorrupción expone a grandes actos de valor y de cobardía, ya que los actores de ambos bandos manipulan los ejes de poder para inclinar la balanza de la justicia. Ya se trate de una persona, una organización, una nación o una región, uno es testigo constante de un tango entre quienes impulsan instituciones sólidas, transparencia y el Estado de derecho y quienes prosperan gracias a la fragilidad institucional, la opacidad y las prácticas ilegales. No existe una receta global para combatir la corrupción, pero la buena noticia es que empieza a perfilarse un modelo sobre cómo la reforma de las políticas, la innovación y el liderazgo, en conjunto, pueden elevar los niveles de confianza y reducir la corrupción.

Sabemos que “la corrupción se alimenta de la crisis de confianza, más amplia, y a su vez la alimenta, lo que sostiene un círculo vicioso que socava la salud económica y la cohesión social.” También sabemos que los esfuerzos anticorrupción que se aplican principalmente por razones políticas o que se dirigen a un solo actor concreto están condenados al fracaso y contribuyen a ensanchar el déficit de confianza a escala mundial. En ningún lugar es más evidente esta lucha que en América Latina, región que sigue sacudida por escándalos y en la que la corrupción figura actualmente entre los tres factores más problemáticos para los líderes empresariales en tres de las cuatro mayores economías de la región. Sin embargo, lo llamativo de esta región es que las manifestaciones anticorrupción más recientes que sacuden Argentina parecen desarrollarse en un ambiente distinto y desafiante, inclinado hacia una confianza renovada para abordar la corrupción.

Un reciente documento técnico sobre el Futuro de la confianza y la integridad del Iniciativa de Colaboración contra la Corrupción (PACI, por sus siglas en inglés) del Foro Económico Mundial concluye que Argentina experimenta una tendencia ascendente y positiva en la confianza de los sectores clave de la sociedad, lo que deriva en una percepción de menor corrupción. De hecho, aproximadamente el 78 % de los líderes empresariales percibió una disminución de la corrupción en la década anterior, y casi el 90 % prevé una nueva mejora en los próximos 10 años.

El fortalecimiento institucional y la confianza renovada están impulsando la competitividad general de Argentina, que ha subido 12 posiciones en el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, hasta el puesto 92. Tanto los niveles de corrupción como los de confianza parecen afectar al crecimiento económico, pero el mecanismo del «cómo» se logra esto sigue siendo en gran medida desconocido. Profundizamos en este aspecto y encontramos algunas dimensiones institucionales, conductuales y tecnológicas clave del avance positivo de Argentina en la reconstrucción de la confianza y en la lucha contra la corrupción:

1. El respeto de las obligaciones legales y del Estado de derecho son considerados por los sectores público y privado como la base de la confianza y la integridad, y como el indicador más importante de estabilidad y crecimiento. En Argentina, la Oficina Anticorrupción elaboró en 2016 una reforma legislativa sobre responsabilidad penal de las personas jurídicas. La Ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas de Argentina establece la responsabilidad penal corporativa por el cohecho activo, nacional y transnacional, el tráfico de influencias y otros delitos de corrupción.

2. «Liderar con el ejemplo» se considera la función de liderazgo más importante para garantizar la integridad. La administración argentina del presidente Macri ha denunciado públicamente la corrupción y ha demostrado su compromiso mediante una reforma de políticas continuada. Durante la Presidencia argentina del G20 se trazaron líneas claras de colaboración para impulsar la agenda anticorrupción, cuando el B20 y el C20 firmaron dos declaraciones conjuntas en las que instaban a todos los países del G20 a aplicar planes anticorrupción y a aumentar la integridad en las empresas públicas.

3. La tecnología se ha consolidado como uno de los mayores aliados de la transparencia y una herramienta fundamental contra la corrupción. Argentina lidera la digitalización y modernización de sus administraciones públicas. Sin embargo, aunque soluciones emergentes como la cadena de bloques, los datos abiertos, el gobierno electrónico y la inteligencia artificial tienen un enorme potencial para contribuir a la rendición de cuentas y la transparencia, la confianza en estas tecnologías sigue variando de forma significativa entre las distintas partes interesadas.

4. Cerrar la brecha entre los instrumentos institucionales y el comportamiento ético. Aunque, en general, los países latinoamericanos cuentan con sólidas normas de gobierno corporativo, estos mecanismos institucionales no siempre se traducen en un sentido de comportamiento ético. Si bien los nuevos requisitos legales, como la Ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas de Argentina, refuerzan las normas, fortalecer la aplicación de la ley no basta.

5. Pasar del palo a la zanahoria. Dar visibilidad a ejemplos de acción positiva y de liderazgo refuerza los valores y la cultura. Las iniciativas anticorrupción suelen centrarse en identificar y procesar a quienes participan en malas prácticas, pero es igual de importante destacar historias de éxito para fomentar una mayor confianza.

6. La necesidad de aumentar las acciones colectivas en todos los sectores. Una de las mayores preocupaciones de las empresas del sector privado es nivelar el terreno de juego en el que compiten, uniendo fuerzas con socios del sector, poniendo en común recursos y reforzando su poder de negociación para resistir los intentos de extorsión. Argentina ha demostrado un éxito incipiente en este ámbito; no obstante, las asociaciones empresariales y los sectores expuestos que participan en la contratación pública pueden hacer mucho más.

Sudáfrica, México, Corea del Sur y Malasia, por citar algunos, han elegido recientemente gobiernos gracias a promesas de reforma anticorrupción. Del mismo modo, Arabia Saudita, Nigeria, Francia y el Reino Unido están impulsando planes anticorrupción. Al presenciar este impulso, los líderes gubernamentales y empresariales tienen una oportunidad significativa para reconstruir la confianza y abordar la corrupción. Sin embargo, es también el momento en que las medidas a corto plazo y las reformas mal planteadas pueden provocar un aumento de la desconfianza, inestabilidad y una pérdida de confianza en el mercado.

Lo que sí sabemos es que las políticas eficaces para reducir la corrupción tendrán un efecto directo en el crecimiento, así como un efecto indirecto, e incluso quizá más fuerte, a través de la construcción de confianza. Los líderes seguirán observando a Argentina para ver si el círculo vicioso de desconfianza y corrupción se ha roto y si una nueva era de confianza e integridad sale finalmente a la luz.

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