Cómo los vehículos eléctricos redefinirán la geopolítica

Electric cars are driven in a motorcade as part of the "Sharing Copenhagen / Copenhagen European Environment Capital 2014" campaign, along the Oresunds Bridge, which links Denmark and Sweden, September 21, 2014. 130 electric cars on Sunday participated in the motorcade to promote sustainable and green transportation, and in an attempt to set a Guinness World Record for the most number of electric cars in a parade. An international day of action on climate change saw events held in 166 countries on Sunday, ahead of a United Nations climate summit in New York on Tuesday. REUTERS/Jens Astrup/Scanpix Denmark (DENMARK - Tags: ENVIRONMENT TRANSPORT) ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. DENMARK OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN DENMARK. NO COMMERCIAL SALES - GM1EA9M0FPH01
Conflict in the future is likely to come from the need to navigate the social impacts of the energy transition, including supply chain disruptionImage: REUTERS/Jens Astrup
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Este artículo forma parte de la plataforma Geoestrategia del Foro Económico Mundial

El petróleo ha desempeñado un papel fundamental en la configuración de la geopolítica durante más de un siglo. Sin embargo, el auge de los vehículos eléctricos y el cambio hacia combustibles más limpios implican que la dependencia del mundo respecto del petróleo podría empezar a reducirse, con consecuencias tanto previstas como imprevistas.

La mayoría de los países no están preparados para las consecuencias de esta transición, según el nuevo informe de E3G Rules of the Road: The Geopolitics of Electric Vehicles in Eurasia. Las mayores fuentes de conflicto no surgirán de los lugares en los que los analistas de seguridad y política exterior suelen fijarse de manera instintiva, como la lucha por controlar recursos minerales valiosos. Más bien, surgirán de la necesidad de gestionar los impactos sociales de la transición energética, incluidas las interrupciones en las cadenas de suministro, los efectos sobre el empleo y las disputas comerciales.

Mercado de vehículos eléctricos de rápido crecimiento

Las ventas de vehículos eléctricos (VE) han crecido a un ritmo acelerado, de entre el 40 % y el 50 % anual, según McKinsey. Incluso las previsiones conservadoras muestran un crecimiento significativo en la adopción de vehículos eléctricos en las próximas décadas, y algunas proyecciones muestran una penetración de los VE lo bastante alta como para aplanar la demanda de petróleo entre 2020 y 2030. Después, la demanda de petróleo podría caer de forma constante.

Este cambio podría producirse mucho más rápido de lo que predicen las previsiones de rango medio. El mayor comerciante independiente de energía del mundo ha pronosticado que la demanda máxima de petróleo llegará en 15 años y ha señalado su intención de centrarse en los combustibles limpios y el comercio de electricidad. Muchas de las grandes compañías petroleras internacionales (IOC, por sus siglas en inglés) están ahora entrando en los mercados o las cadenas de suministro de los vehículos eléctricos.

Varias de las mayores economías del mundo, entre ellas Francia y el Reino Unido, han fijado objetivos para eliminar gradualmente los vehículos de combustión interna, y las empresas automovilísticas han anunciado colectivamente que invertirán más de 100 000 millones de dólares en nuevos modelos de vehículos eléctricos. También cabe destacar que la mayoría de las previsiones han subestimado sistemáticamente el ritmo de despliegue de los vehículos eléctricos y de adopción de otras tecnologías de energía limpia.

Tensiones

Una rápida transición desde el motor de combustión interna hacia los VE podría ser muy disruptiva, especialmente en el contexto actual de aumento de las barreras comerciales y del nacionalismo de recursos. La falta de preparación de los países para un escenario de alta penetración de VE podría aumentar el riesgo de tensiones geopolíticas en el futuro.

Por todas sus oportunidades económicas, una rápida transición hacia los VE tendría repercusiones geopolíticas en varios ámbitos clave. En cada caso, los VE podrían servir como catalizador de una mayor cooperación o como fuente de conflicto.

En primer lugar, en materia comercial. La integración de los mercados internacionales de VE podría intensificar las tensiones comerciales, dada la posible disrupción de las industrias existentes, en particular en la Unión Europea (UE), Estados Unidos y Japón, donde la fabricación de automóviles es una fuente importante de empleo y crecimiento. Los países que se queden rezagados en vehículos eléctricos y baterías podrían responder imponiendo aranceles y otras barreras, en línea con las disputas comerciales que se han desarrollado en los últimos años en torno a la energía solar fotovoltaica.

Por otro lado, los costes de los VE deben reducirse rápidamente para alcanzar todo su potencial de crecimiento de una manera que dé lugar a un sector del transporte compatible con el Acuerdo de París sobre el Clima. Esto implica una profundización de las cadenas de suministro globales, así como una integración normativa y de mercado, lo que podría impulsar un aumento de los acuerdos de libre comercio «verdes».

Reequilibrar la dinámica

En segundo lugar, en materia de seguridad energética. Si la electrificación reduce la demanda de petróleo, los ingresos públicos procedentes del petróleo podrían disminuir en los países productores, muchos de los cuales se encuentran en regiones ya expuestas al riesgo de inestabilidad. A medida que los VE empiecen a erosionar la demanda de petróleo, también podrían reequilibrar la dinámica geopolítica entre productores y consumidores de energía, incluidos Estados Unidos y China. China clasificó los vehículos de nueva energía (NEV, por sus siglas en inglés) como una «industria estratégica emergente» en 2010 e invierte en vehículos eléctricos no solo para liderar un nuevo mercado tecnológico, sino también para reducir su dependencia de Estados Unidos en la protección de su suministro mundial de petróleo.

Los vehículos eléctricos tendrán efectos colaterales con implicaciones geopolíticas complejas y, posiblemente, incluso para la seguridad humana, difíciles de prever.

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En tercer lugar, en materia de acceso a los recursos. Sin avances tecnológicos importantes, los VE aumentarán la demanda de cobalto, níquel, litio y otros minerales estratégicos. Es posible que el acceso a estos elementos se utilice, como ha ocurrido con el petróleo, como instrumento de «statecraft» energético. Si el control estadounidense de los puntos de estrangulamiento del suministro de petróleo se reconoce desde hace tiempo como una vulnerabilidad para los importadores de petróleo, incluida China, China ha identificado, a su vez, la creciente demanda de minerales necesarios para las tecnologías de energía limpia como una oportunidad geoestratégica.

Algunas de las mayores reservas de materias primas necesarias para la producción de baterías de iones de litio se encuentran en Estados frágiles con malos antecedentes de gobernanza, como la República Democrática del Congo, hogar de la mayor parte del cobalto mundial. Sin un esfuerzo coordinado para desarrollar capacidades en estos países, el riesgo de inestabilidad y conflicto aumentará.

Por último, los VE tendrán efectos colaterales con implicaciones geopolíticas complejas y, posiblemente, incluso para la seguridad humana, difíciles de prever. La adopción de los coches eléctricos podría eliminar 19 billones de dólares en ingresos de la industria petrolera para 2040. Se trata de un riesgo no solo para los Estados productores de petróleo, sino también para los inversores institucionales de todo el mundo, incluidos los fondos de pensiones, lo que también supone un riesgo financiero para los consumidores.

Gestionar la transición

China y la UE han señalado que consideran los vehículos eléctricos una prioridad estratégica y una forma de reducir su exposición a los volátiles mercados petroleros. Según las estimaciones de Benchmark Mineral Intelligence, China y la UE tendrán la mayor cuota de mercado de VE en 2028.

China lidera actualmente el mundo con una capacidad de producción de celdas de baterías de iones de litio de aproximadamente 200 gigavatios hora. Se prevé que en 2028 tenga seis veces esa cantidad. En ese momento, Estados Unidos podría seguir rezagado respecto a la posición actual de China.

Los ministros de Energía y Medio Ambiente del G20 se reunieron recientemente para debatir sobre las transiciones energéticas y el crecimiento sostenible, pero la movilidad eléctrica estuvo notablemente ausente de la agenda. Pese a este descuido, el G20 sigue siendo un foro evidente para este diálogo. El G20 debería comprometerse a crear un proceso para gestionar las tensiones emergentes, que puede complementarse con las acciones de los miembros del G20.

Nuestro informe establece seis recomendaciones clave:

  • Los ministros de Energía del G20 deberían crear un grupo de trabajo sobre comercio y vehículos eléctricos.

  • El grupo de trabajo sobre comercio del G20 debería poner en marcha un grupo de trabajo para armonizar los enfoques regulatorios sobre las normas de los VE.

  • Estados Unidos, la UE, China, Japón y Corea deberían comprometerse a aumentar el apoyo a iniciativas internacionales de I+D, como la Iniciativa de Vehículos Eléctricos, incluida una mayor financiación para las tecnologías de baterías de nueva generación.

  • La UE y China deberían someter sus estrategias de seguridad y económicas a pruebas de resistencia frente a un escenario de alta penetración de VE.

  • La UE debería trabajar más estrechamente con los países que tienen yacimientos de metales y minerales para los VE, con el fin de mejorar la gobernanza de los recursos mediante el desarrollo de capacidades y la asistencia técnica.

  • La UE debería trabajar con el Fondo Monetario Internacional para evaluar el riesgo que los VE plantean para la estabilidad macroeconómica de los países productores de petróleo.

Como en cualquier transición, inevitablemente habrá tropiezos en el camino, pero el paso hacia los vehículos eléctricos puede gestionarse bien o mal.

Con una mayor atención por parte de la comunidad internacional, los VE pueden mejorar la seguridad energética, mejorar la calidad del aire, reducir el riesgo climático y fortalecer la cooperación internacional basada en normas globales.

Redefining Geopolitics in the Age of Electric Vehicles, Taylor Dimsdale, Director de Investigación, E3G Inc, publicado por el Wilson Center

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