¿Ha llegado Europa demasiado tarde para lograr la soberanía digital?

European Commission President Ursula von der Leyen speaks during an extraordinary session to present a Green Deal plan, at the European Parliament in Brussels, Belgium December 11, 2019. REUTERS/Francois Lenoir - RC21TD9UA9PS
European Commission President Ursula von der Leyen believes technological sovereignty is achievableImage: REUTERS/Francois Lenoir
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Los líderes europeos vuelven a sentirse asediados. Tras haber dedicado los últimos años a reforzar las defensas físicas de Europa frente a los migrantes, ahora se enfrentan a una invasión menos tangible: empresas tecnológicas estadounidenses que dominan sus mercados y recopilan los datos personales de sus ciudadanos. Así, desde Berlín, Bruselas y París se ha alzado el grito: “¡Soberanía digital!”

Es, sin duda, un lema contundente. Pero ¿qué es exactamente la soberanía digital o tecnológica? El término se popularizó por primera vez en manifiestos sobre privacidad que buscaban un mayor control individual sobre la información personal compartida en las redes sociales y en contextos de consumo en internet. Contribuyó a impulsar el reciente Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y el Marco de Escudo de Privacidad UE-EE. UU..

Pero últimamente, la soberanía digital se ha convertido en el eje de un conjunto cada vez más amplio de

preocupaciones europeas sobre empresas tecnológicas extranjeras que van mucho más allá del ámbito del derecho de la privacidad. Una queja expresada con frecuencia es el bajo tipo impositivo —aunque legal— que pagan en Europa los gigantes globales de internet, lo que ha generado una sensación de impotencia soberana, pese a los esfuerzos de Francia y otros países por imponer un impuesto sobre los servicios digitales.

Otra es la evidente incapacidad de las empresas europeas para igualar la escala y el dominio de mercado de los proveedores extranjeros de servicios en la nube. En las principales capitales europeas se ha consolidado la opinión de que no debería permitirse que las empresas extranjeras capten otros mercados emergentes, como el del análisis de datos mediante inteligencia artificial.

Los líderes políticos de Francia y Alemania han defendido recientemente los esfuerzos por desarrollar “campeones europeos” como alternativa a los proveedores de nube estadounidenses. En septiembre, el presidente francés, Emmanuel Macron, declaró a un periodista de Radio France Internationale que “la batalla que libramos es de soberanía… Si no creamos nuestros propios campeones en todos los ámbitos —digital, inteligencia artificial—, otros dictarán nuestras decisiones”. La canciller alemana, Angela Merkel, ha hablado en términos similares de “dependencias digitales” respecto a Estados Unidos.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se ha hecho eco de estos sentimientos. Sus Orientaciones políticas para la próxima Comisión Europea, publicadas en julio, afirman con valentía que “todavía no es demasiado tarde para lograr la soberanía tecnológica” en ciertos ámbitos de tecnología crítica, como los algoritmos, la cadena de bloques y la computación cuántica.

Nubarrones

Pero las pruebas en sentido contrario son contundentes. El 92 % de los datos del mundo occidental se almacena en Estados Unidos.

Seis de las diez mayores empresas tecnológicas del mundo son estadounidenses; ninguna es europea. El centro de análisis CEPS, con sede en Bruselas, calcula que una empresa estadounidense —Amazon Web Services (AWS)— tiene un tercio del mercado mundial de servidores externos que alojan datos corporativos. Microsoft y Google le siguen de cerca, con una cuota de mercado del 16 % y del 7,8 %, respectivamente. La viceministra de Economía de Francia, Agnes Pannier-Runacher, ha llegado a comparar los servicios en la nube de AWS con una “droga blanda. Cuanta más consumes, más te gusta”.

A pesar de los fracasos anteriores de los esfuerzos respaldados por el Estado francés para conquistar este mercado, Francia se dispone a intentarlo de nuevo. El ministro de Economía, Bruno Le Maire, anunció recientemente que las destacadas empresas francesas Dassault y OVH elaborarían planes para entrar en el mercado de servicios en la nube.

En octubre, París y Berlín anunciaron un nuevo proyecto, conocido como Gaia-X, para conectar a diversos proveedores de nube en Europa mediante estándares abiertos, lo que permitirá a las empresas y a los clientes mover sus datos con libertad dentro de la red, sujetos a normas compartidas de privacidad y seguridad de datos. Un comunicado del Ministerio de Economía alemán describió Gaia-X como “un facilitador de plataformas ‘Made in Europe” y declaró que permitiría “que las empresas y los modelos de negocio crezcan competitivamente desde Europa a escala mundial”. Los organizadores del proyecto también prevén que un conjunto de datos tan amplio será un recurso valioso para desarrollar herramientas de análisis de datos basadas en inteligencia artificial.

Proteger los datos de los ciudadanos

A medida que más entidades gubernamentales europeas confían datos del sector público a empresas de nube estadounidenses y dependen cada vez más de su software, en todo el continente ha crecido la inquietud por la capacidad del Gobierno y de las empresas estadounidenses para obtener los datos almacenados de los europeos con sus propios fines.

En septiembre, el Ministerio del Interior alemán dio a conocer un estudio encargado a la consultora PWC sobre ‘la soberanía digital en la administración pública.’ El ministro del Interior, Horst Seehofer, subrayó la conclusión del informe de que existía una dependencia creciente de los productos de software estandarizados de unas pocas empresas extranjeras. “Para proteger nuestra soberanía digital”, afirmó, “reduciremos la dependencia de proveedores concretos de TI y revisaremos programas alternativos que sustituyan a determinados programas informáticos”.

Este anuncio federal siguió a una serie de decisiones adoptadas a nivel estatal de dejar de utilizar software extranjero para tratar datos públicos. Microsoft, por ejemplo, perdió contratos para el uso de su programa Office 365 en escuelas de Hesse, después de que la autoridad estatal de protección de datos objetara que el gigante tecnológico podría utilizar los datos recopilados de los alumnos para sus propios fines comerciales internos.

Aunque el largo alcance de las agencias de inteligencia estadounidenses sigue preocupando a los gobiernos europeos, últimamente se ha prestado más atención a la amplia capacidad extraterritorial de las agencias de seguridad estadounidenses para obtener datos personales de extranjeros. La CLOUD Act de 2018 de Estados Unidos aclaró que un tribunal estadounidense puede exigir a una plataforma de internet con presencia en el país que entregue la información personal de un cliente para su uso en una investigación o un proceso penal en Estados Unidos, incluso si los datos se almacenan en un servidor extranjero.

Los gobiernos europeos empiezan a reaccionar ante la CLOUD Act con medidas que subrayan sus preocupaciones de soberanía. En Suecia, una organización gubernamental de digitalización —eSam— ha dictaminado que externalizar datos del sector público a proveedores de servicios en la nube estadounidenses sujetos a la CLOUD Act vulneraría la ley de ese país sobre el acceso público a la información y el secreto. En Francia, una comisión gubernamental ha publicado un informe (el informe Gauvain) que recomienda reforzar y ampliar el alcance del estatuto de bloqueo del país para impedir que las empresas cumplan con las exigencias unilaterales de las fuerzas de seguridad de EE. UU. de acceder a datos electrónicos.

Tecnología y geopolítica

La política, por supuesto, desempeña un papel importante en todos estos contextos. En Europa, es imposible separar por completo las consideraciones tecnológicas y jurídicas de los sentimientos políticos sobre la influencia económica de Estados Unidos y China, como demuestra la controversia en curso sobre las redes de telecomunicaciones 5G.

Las aspiraciones de Europa a una ‘soberanía digital’ reflejan, así, hasta qué punto se siente atrapada en la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China. La búsqueda de una mayor independencia tecnológica será una prueba interesante para las ambiciones geopolíticas de la Comisión Europea de von der Leyen.

Agitar la bandera de la soberanía digital, Kenneth Propp, Atlantic Council

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