Las condiciones financieras mundiales han mejorado en todo el mundo, aunque el aumento de los niveles de deuda supone una amenaza futura.
Un frágil cese de las hostilidades comerciales entre China y Estados Unidos ha brindado cierto alivio.
El aspecto positivo de la economía mundial sigue siendo el gasto de los consumidores.
El crecimiento mundial se debilitó considerablemente en 2019, ya que las guerras comerciales y la desaceleración del crecimiento en China afectaron negativamente al crecimiento. En muchas regiones del mundo, los sectores manufactureros estaban en recesión o cerca de ella. En respuesta, muchos bancos centrales comenzaron a flexibilizar la política monetaria –en lugar de endurecerla, como se había previsto hace un año–, y algunos países (en particular China y Estados Unidos) también proporcionaron estímulos adicionales.
Sin embargo, durante el último mes se ha producido cierto alivio en las noticias, persistentemente desalentadoras, sobre la economía mundial: un frágil cese de las hostilidades comerciales entre China y Estados Unidos, la menor probabilidad de un Brexit sin acuerdo y una relajación de las condiciones financieras, a medida que los estímulos proporcionados por los bancos centrales empiezan a surtir efecto.
Mientras tanto, a medida que los exportadores mundiales se adaptaban al nuevo panorama de aranceles más elevados, los efectos de la guerra comercial sobre el crecimiento del PIB real resultaron ser menores de lo esperado. Hacia finales de año, muchos de los índices de gestores de compras (PMI) de IHS Markit, especialmente en el sector manufacturero, empezaron a estabilizarse y a mostrar pequeñas mejoras.
Además, aunque es probable que cualquier avance significativo en la guerra comercial tenga que esperar hasta después de las elecciones estadounidenses de 2020, también parece poco probable una escalada de hostilidades lo bastante importante como para causar un daño considerable. El aspecto positivo de la economía mundial sigue siendo el gasto de los consumidores, que se beneficia de un crecimiento razonable de los ingresos, así como de los bajos precios del petróleo, la inflación y los tipos de interés. Además, las condiciones financieras mundiales han mejorado en todo el mundo, aunque el aumento de los niveles de deuda supone una amenaza futura. En conjunto, IHS Markit prevé que el crecimiento mundial se estabilice en el 2,5% en 2020, para luego aumentar ligeramente en 2021 y 2022.

La economía estadounidense crecerá a su ritmo tendencial, en torno al 2%
Estimamos que el crecimiento tendencial, o potencial, de la economía estadounidense se sitúa en torno al 2%. El crecimiento del PIB real estuvo por encima de la tendencia entre 2017 y 2019 gracias al estímulo fiscal. Sin embargo, a medida que los efectos de este estímulo se desvanecen, el crecimiento está volviendo a su tendencia. Algunos factores especiales impulsarán el crecimiento del PIB durante la primera mitad del próximo año; el acuerdo comercial de la «fase uno» con China también ayudará, aunque en menor medida. El gasto de los consumidores –alrededor del 70% de la economía– aumentará cerca del 2,7% en 2020, lo que servirá de sostén al crecimiento de la economía en general. Con base en el año natural, prevemos que el PIB real crezca un 2,1% el próximo año.
La tasa de crecimiento de China caerá por debajo del 6%
Si bien resulta tentador atribuir gran parte de la reciente desaceleración a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la desaceleración que dura ya una década es el resultado de factores tanto estructurales como cíclicos: el envejecimiento de la población y una fuerte caída del crecimiento de la productividad hacen que el crecimiento potencial de China sea hoy inferior al de hace una década y que siga reduciéndose.
Desde la crisis financiera mundial de hace 10 años, la deuda de China como porcentaje del PIB se ha disparado hasta alcanzar cerca del 260%, principalmente por un auge del endeudamiento empresarial y, más recientemente, por un aumento de los préstamos hipotecarios de los hogares, lo que limita el margen de maniobra de los responsables de políticas.
Los intentos de reducir el apalancamiento de la economía, limitando el papel de la banca en la sombra, solo han tenido un éxito parcial y se han producido a costa del crecimiento. Los responsables de políticas se encuentran actualmente en un delicado equilibrio: desearían reducir el ratio de deuda (o al menos evitar que aumente), a la vez que proporcionan estímulos suficientes para que el crecimiento no caiga con demasiada rapidez. IHS Markit prevé que la tasa de crecimiento de China se reduzca aún más, hasta el 5,7%, en 2020.
La economía europea se estabilizará y luego se recuperará ligeramente
La caída del crecimiento de la eurozona en 2019 fue alarmante; sin embargo, hay algunos indicios de que lo peor puede haber pasado. Mientras que los datos «duros» envían señales contradictorias (debilidad en los sectores empresariales frente a un crecimiento sostenido del gasto de los consumidores), los datos «blandos» muestran los primeros signos de un punto de inflexión. En particular, los PMI manufactureros de IHS Markit para la eurozona han repuntado ligeramente, aunque los PMI del sector servicios se han debilitado. IHS Markit prevé que el crecimiento de la eurozona se estabilice en torno al 0,9% en 2020, para luego repuntar ligeramente en 2021.
Por otra parte, los resultados de las elecciones en el Reino Unido sugieren que, aunque lo peor de la incertidumbre del Brexit puede haber pasado, aún queda un camino difícil por delante, con un crecimiento que caerá al 0,5% en 2020, para recuperarse ligeramente en 2021.
El crecimiento vacilante de Japón se verá amortiguado por más estímulos
La tasa de crecimiento del PIB real de Japón se aceleró hasta un estimado del 1,1% en 2019. Sin embargo, se prevé que el crecimiento del cuarto trimestre sea negativo como consecuencia del aumento del impuesto sobre las ventas a comienzos de octubre. En respuesta a la debilidad provocada por la subida del impuesto sobre las ventas, junto con el lastre del comercio y del supertifón Hagibis, el gobierno de Abe anunció un paquete fiscal de 120.000 millones de dólares y 15 meses de duración, superior a lo esperado: el primero desde 2016 y el mayor desde 2012.
El dinero, destinado a modernizar la infraestructura, invertir en nuevas tecnologías y reparar los daños causados por el tifón, neutralizará gran parte de los efectos negativos de la subida del impuesto sobre las ventas. En consecuencia, tras caer al 0,3% en 2020, se prevé que el crecimiento del PIB real de Japón se recupere en 2021.
Los mercados emergentes seguirán estancados, mientras la deuda alcanza nuevos máximos
La última década no ha sido benevolente con el mundo emergente, ya que el crecimiento ha pasado de una media del 7,3% en 2010 al 4,2% en 2019. Si bien el largo descenso de la tasa de crecimiento de China ha sido un factor clave, los mercados emergentes también se enfrentaron a otros dos obstáculos importantes: la debilidad de la expansión en el mundo desarrollado y la caída de los precios de las materias primas.
Se prevé que la recuperación del mundo desarrollado siga siendo frágil en los próximos años, mientras que se espera que los precios de las materias primas bajen, al menos a corto plazo. Estos factores, junto con la guerra comercial latente y la continua desaceleración del ritmo de expansión de China, significan que hay muy poco margen para que el crecimiento del mundo emergente aumente mucho, o incluso en absoluto, desde los actuales niveles bajos. Otras preocupaciones locales, como los disturbios en América Latina y el débil crecimiento en India, también son motivo de inquietud.


