La fascinación de larga data de Alemania por el ahorro

The Frankfurt skyline with its financial district is photographed on early evening in Frankfurt, Germany, March 25, 2018. REUTERS/Kai Pfaffenbach
Germany's household saving figures are well above those of the UK.Image: REUTERS/Kai Pfaffenbach
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Una pequeña exposición se inauguró recientemente en el Museo Histórico Alemán de Berlín dedicada por completo al amor de Alemania por el ahorro. Podría haber tenido un título de apariencia mundana, «Ahorro: historia de una virtud alemana», pero ofrece una visión interesante de lo que es una obsesión nacional arraigada.

Además de una oportunidad de autorreflexión para los alemanes que la visitan, la exposición también ofrece una ventana a las raíces históricas de la moral alemana en lo que respecta a la prudencia financiera y a la actitud del país hacia las políticas europeas y sus socios.

El ahorro tiene una larga historia en la sociedad alemana. El primer banco de ahorro se abrió en 1778 en Hamburgo. Para 1836, más de 300 de estos bancos de ahorro operaban en la entonces Confederación Germánica, lo que permitía a los alemanes ahorrar sus ingresos, ganados con esfuerzo, a cambio de algún interés.

Hay abundantes pruebas en la exposición de que el concepto de ahorro se consolidó como una virtud desde este periodo, a través de la República de Weimar, que siguió a la Primera Guerra Mundial, después en la era nazi y tras la Segunda Guerra Mundial en ambos lados del Muro de Berlín. El ahorro se convirtió en una parte esencial de la planificación fiscal, la provisión de bienestar y las políticas sociales del país.

El legado de esta virtud ha convertido a los alemanes en los mayores ahorradores del mundo. Durante las últimas dos décadas, los hogares han ahorrado de forma constante más del 8% de su renta disponible, según datos de la OCDE. La última vez que los hogares británicos se acercaron a la tasa de ahorro alemana fue en 1995. Dos décadas después, en 2015, los ahorradores alemanes mantenían el equivalente al 9.96% de su renta disponible en los 400 bancos de ahorro del país, mientras que los británicos apenas alcanzaban el 0.16%.

Si se observa el ahorro total de los hogares, las empresas y el gobierno (ahorro interno bruto) en estos dos países, la brecha es igual de grande. En 2015, el ahorro interno bruto de Alemania se situó en el 27.2%, mientras que en el Reino Unido la cifra fue de apenas el 15.3%

Los alemanes no solo ahorran más que sus homólogos británicos, sino que este arraigado hábito nacional tiene más implicaciones de las que esas cifras podrían revelar.

Comprender la obsesión alemana por el ahorro es importante para entender las actitudes de Alemania hacia las políticas nacionales y europeas. Por ejemplo, desde 2012 el principal tipo de interés del Banco Central Europeo se ha situado por debajo del 1%, y en marzo de 2016 se redujo al 0%. La razón de estos tipos de interés bajos, junto con los grandes programas de expansión cuantitativa, fue estabilizar el sector bancario europeo y fomentar el crédito, el gasto y la recuperación económica.

La medida fue ampliamente elogiada por diversos gobiernos. Pero en Alemania fue criticada por el público ahorrador del país, que temía que los bajos tipos de interés destruyeran su patrimonio y arruinaran sus planes de jubilación. Como señalaba el conservador periódico alemán, FAZ, lo expresaba así: “hay algo ritual en maldecir al presidente italiano del BCE por mantener bajos los tipos de interés, privando a los ahorradores de sus merecidos intereses.”

A nivel estatal

La virtud del ahorro en Alemania no se limita a los hogares o las empresas, sino que también alcanza a las finanzas públicas. Un buen Estado no vive por encima de sus posibilidades y ahorra dinero siempre que puede. El Estado, visto como la prudente y virtuosa ama de casa suaba, es el centro de la narrativa pro austeridad alemana, que no solo ha afectado a las políticas nacionales, sino sobre todo a las europeas.

Tras la crisis de deuda soberana europea, la aplicación de políticas de austeridad en la periferia sur, en concreto en Grecia, se justificó con la necesidad de reducir el gasto y aumentar el ahorro. No es de extrañar que Alemania fuera uno de los principales defensores de estas políticas fiscales. Para la mentalidad alemana, la austeridad era el antídoto necesario contra un país que había vivido de forma temeraria por encima de sus posibilidades hasta 2008.

Para citar al entonces ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble:

"Es un hecho indiscutible que el exceso de gasto público ha llevado a niveles insostenibles de deuda y déficit que ahora amenazan nuestro bienestar económico … Los gobiernos dentro y fuera de la eurozona no solo deben comprometerse con la consolidación fiscal y la mejora de la competitividad, sino que deben empezar a cumplirlas ya."

Schäuble era visto como un defensor estricto de las reglas. Tanto que se convirtió en una figura odiada en Greciapor insistir en las políticas de austeridad.

Pero, teniendo en cuenta la historia y la importancia del ahorro en Alemania, es poco probable que Olaf Scholz, sucesor de Schäuble como ministro de Finanzas, o el país que representa, cambien de opinión al respecto en un futuro próximo.

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