El conflicto en Oriente Medio está trastocando los mercados energéticos a escala local y mundial, y dejando al descubierto un nuevo método de confrontación geopolítica.
El conflicto también se extiende más allá del petróleo y perturba las relaciones diplomáticas entre algunas de las economías más importantes del mundo.
El Foro Económico Mundial reunió a su Comunidad de Altos Ejecutivos de Geopolítica, donde los líderes compartieron sus perspectivas sobre la nueva geopolítica de la energía.
La energía y la geopolítica vuelven a estar profundamente entrelazadas. Durante gran parte del período posterior a la Guerra Fría, se solía dar por sentada una relativa estabilidad energética, aunque los mercados siguieran interconectados a escala mundial. Esa premisa se está desmoronando.
Desde las crisis de suministro hasta la reconfiguración de las rutas de tránsito, la energía vuelve a ocupar un lugar central en las consideraciones de seguridad nacional y en las dinámicas del poder mundial.
En este contexto, el 10 de marzo el Foro Económico Mundial reunió a su Comunidad de Altos Ejecutivos de Geopolítica para debatir, en colaboración con el Atlantic Council, sobre «Juegos de poder: la nueva geopolítica de la energía».
La sesión reunió a altos ejecutivos especializados en geopolítica, comercio y asuntos mundiales, y examinó los acontecimientos recientes en Oriente Medio y sus repercusiones en los mercados y sistemas energéticos, así como la manera en que los cambios geopolíticos más amplios están reconfigurando las estrategias energéticas y, a su vez, cómo las consideraciones energéticas influyen en la geopolítica.
Esto es lo que dijeron los principales responsables políticos y ejecutivos del sector energético del mundo sobre la nueva geopolítica de la energía.
Se avecinan incertidumbre y politización de la energía
La guerra en Irán ha sometido a una fuerte presión una parte crucial de los flujos energéticos mundiales. Por el estrecho de Ormuz suele transitar entre el 20 y el 25 % del comercio marítimo mundial de petróleo y cerca del 20 % del comercio mundial de gas natural licuado, pero los flujos han caído a una fracción de sus niveles habituales. Algunos productores del Golfo han suspendido la producción o reducido sus operaciones, mientras las rutas de exportación siguen restringidas.
En este contexto, la Agencia Internacional de la Energía ha descrito la crisis como «la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia», y ha señalado que los volúmenes de petróleo y gas afectados superan los registrados durante las crisis petroleras de la década de 1970. Aunque aún es pronto para determinar la duración total y las consecuencias a largo plazo del conflicto, los primeros indicios apuntan a que restablecer los flujos energéticos desde el Golfo podría llevar meses, incluso si se produce una distensión.
En el sistema altamente integrado que durante mucho tiempo definió la economía mundial, convertir la energía en un arma entrañaba grandes riesgos debido a las profundas interdependencias y los estrechos vínculos económicos. Aunque el panorama geopolítico actual está más fragmentado, el propio sistema energético mundial sigue estando profundamente interconectado, por lo que las perturbaciones en una región pueden repercutir rápidamente en los mercados de todo el mundo. Esta combinación de fragmentación geopolítica e integración de los mercados está reforzando el papel de la energía, junto con otras formas de infraestructura crítica, como poderoso instrumento de política estatal, a la vez que amplifica el impacto mundial de las interrupciones, como reflejan las medidas de emergencia adoptadas por varios países importadores de energía.
Los acontecimientos en Irán ilustran claramente este cambio. Las rutas de tránsito energético se están convirtiendo en instrumentos operativos de la confrontación geopolítica: su interrupción, o la amenaza de interrumpirlas, puede tener efectos inmediatos en todo el mundo.
La liberación coordinada de 400 millones de barriles de las reservas de emergencia de la Agencia Internacional de la Energía, la mayor intervención de este tipo en su historia, puso de relieve tanto la magnitud del impacto como los límites de las respuestas normativas disponibles. Al mismo tiempo, los precios del petróleo se dispararon y se mantuvieron muy volátiles, fluctuando por encima de los 100 dólares por barril en medio de la persistente incertidumbre sobre el suministro. En conjunto, estas dinámicas ilustran las perturbaciones inmediatas en el mercado y las consecuencias estratégicas más amplias asociadas con el uso de la energía como arma en el entorno geopolítico actual.
Lo que sucede en Oriente Medio tiene repercusiones mundiales
Los acontecimientos en Irán ponen de relieve una realidad más amplia: pese a un panorama mundial más fragmentado y disputado, los mercados y la geopolítica están muy integrados.
Desde el estallido del conflicto en Oriente Medio y la consiguiente interrupción de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz, las perspectivas de reanudar las vías diplomáticas en Ucrania se han vuelto más inciertas. El conflicto del Golfo también empieza a afectar a las relaciones diplomáticas en general, incluido el aplazamiento de una cumbre prevista entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, lo que pone de relieve la rapidez con que los acontecimientos cambiantes de la región están configurando las relaciones mundiales.
Sin embargo, la dinámica mundial central ha sido la perturbación de los mercados energéticos. Ante la imposibilidad de transportar importantes volúmenes de petróleo del Golfo, Estados Unidos anunció una relajación temporal de determinadas sanciones relacionadas con el petróleo para mitigar la escasez de suministro y estabilizar los mercados. Estas medidas podrían alterar las dinámicas mundiales de suministro, entre otras cosas al aumentar la disponibilidad de crudo ruso, lo que supondría un posible impulso para la economía rusa. A su vez, los cambios en los flujos y los precios de la energía podrían afectar al cálculo geopolítico más amplio en torno al conflicto de Ucrania.
Cómo responden las principales potencias mundiales
Entre las probables respuestas políticas de Estados Unidos figuran un mayor énfasis en la producción nacional, una menor dependencia de las cadenas de suministro de electricidad y minerales vinculadas a China y un renovado interés por la energía nuclear.
China ha intentado posicionarse como fuente de estabilidad ante la creciente volatilidad geopolítica y ha aprovechado recientes reuniones de alto nivel con líderes empresariales mundiales para destacar la resiliencia de su economía y la fiabilidad de sus cadenas de suministro. Este contraste de posicionamientos refleja la competencia estratégica más amplia que está configurando los sistemas energéticos y económicos mundiales.
Más allá de las dinámicas bilaterales, la magnitud de las perturbaciones actuales también está impulsando una nueva coordinación mundial, con líderes de la industria, responsables políticos e inversores que se reúnen en importantes foros internacionales sobre energía para evaluar los riesgos de suministro y las respuestas de los mercados, así como para explorar las alianzas geopolíticas cambiantes y las nuevas formas de colaboración que están reconfigurando el panorama energético mundial.


