Este es el impacto de la crisis de 2008 que quizá no esperabas

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La crisis financiera mundial de hace una década y la recesión resultante dejaron secuelas duraderas en el crecimiento futuro de más de una manera.

Nuestro Informe sobre la estabilidad financiera mundial de octubre apunta a indicios de que la crisis podría haber tenido efectos duraderos en el crecimiento económico potencial a través de su impacto en las tasas de fecundidad y la migración, así como en la desigualdad de ingresos.

Nuestro gráfico de la semana muestra que, en la década anterior a la crisis, la tasa de fecundidad —el número de hijos que se espera que tenga cada mujer a lo largo de su vida— aumentó en varias economías avanzadas, para luego disminuir.

La crisis podría haber tenido efectos duraderos en el crecimiento económico potencial a través de su impacto en las tasas de fecundidad y la migración.

En Estados Unidos, la tasa bajó de un máximo de 2,12 en 2007 a 1,8 en 2016. En países europeos como Grecia y España, que sufrieron una recesión con una doble caída, la tasa de fecundidad descendió de 1,5 a alrededor de 1,3 durante el mismo período.

Image: FMI

Los datos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos muestran que las pérdidas de empleo fueron el principal canal por el que la crisis afectó a las tasas de fecundidad. Otros estudios indican que los complejos cambios sociales —como una mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral y el deseo de tener familias más pequeñas—, así como los recortes en los sistemas de bienestar social, podrían influir en las decisiones de las mujeres sobre el tamaño de sus familias.

Las bajas tasas de natalidad persistentes durante la última década ralentizarán el crecimiento de la fuerza laboral futura en estos países, lo que debilitará el crecimiento de la producción potencial. Además, si disminuyera la inmigración, el menor número de nacimientos agravaría el envejecimiento y la reducción de la población que ya afectan a muchos países.

Los responsables de formular políticas en algunas economías avanzadas tendrán que abordar esta tendencia y encontrar formas de animar a las mujeres a tener hijos. Por ejemplo, ampliar el acceso a servicios de cuidado infantil asequibles y de alta calidad, adoptar leyes laborales favorables a las familias y aplicar políticas fiscales que no penalicen a quienes aportan un segundo ingreso puede facilitar que las familias tengan más hijos.

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