¿Funciona el voto obligatorio? Lecciones de Australia

Voters line up to cast their ballots in a school gymnasium in the Harlem neighborhood of New York, November 4, 2008. REUTERS/Lucas Jackson (UNITED STATES) US PRESIDENTIAL ELECTION CAMPAIGN 2008 (USA) - GM1E4B500QL01
Voters lining up to cast their votes in Harlem, New York.Image: REUTERS/Lucas Jackson
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A pesar del aumento de la participación electoral durante las elecciones legislativas de mitad de mandato de Estados Unidos de 2018, aproximadamente la mitad de los votantes con derecho a voto no depositó su papeleta el día de las elecciones.

Para aumentar la participación electoral, algunos académicos han propuesto que el voto sea obligatorio en Estados Unidos. Así, el país se sumaría a otros como Australia, Bélgica y Brasil, donde se exige la participación universal en las elecciones nacionales.

En un artículo publicado en la revista American Journal of Political Science, Emilee Chapman, politóloga de la Universidad de Stanford, se basa en investigaciones anteriores para defender el voto obligatorio. Considera que votar es una ocasión especial para que todos los ciudadanos muestren a los cargos electos que son iguales en lo que respecta a la toma de decisiones del gobierno.

El voto es para todos

«La idea del voto obligatorio es transmitir que se espera y valora la voz de cada persona», afirma Chapman. «Es un mensaje para toda la sociedad: en una democracia no existe una clase política. El voto es para todos, incluidas, y especialmente, las personas que se encuentran en los márgenes de la sociedad».

Si todo el mundo vota, se recuerda a los cargos públicos que rinden cuentas ante todos los ciudadanos, no solo ante los más activos y vociferantes, afirma Chapman.

«La idea del voto obligatorio es transmitir que se espera y valora la voz de cada persona».

Hay muchas formas de participar en la vida cívica más allá del voto: los ciudadanos pueden presentar peticiones a sus representantes, donar dinero a una campaña o incluso postularse para un cargo público, señala Chapman. Pero el voto obligatorio es la manera más sencilla de garantizar que todos participen en las decisiones políticas, añade.

«Cuando se dan estos momentos en los que la gente sabe que se le convocará a participar como ciudadana, se reduce la dificultad de averiguar cómo desempeñar ese papel, sobre todo teniendo en cuenta lo complicado que es el gobierno y las muchas maneras de influir en las políticas», afirma Chapman. «Creo que a menudo a la gente le resulta muy difícil encontrar la manera de hacer oír su voz con eficacia».

Image: Vox

¿Mirar hacia Australia?

Dada la gran competitividad de las elecciones legislativas de mitad de mandato en todo Estados Unidos, la motivación para votar era alta y el sentido del deber cívico, fuerte. Pero algunos escépticos temen que, si el voto fuera obligatorio, la gente dejara de votar por esos motivos intrínsecos y lo hiciera por miedo a ser castigada.

Para responder a esta preocupación, Chapman señala el caso de Australia, donde el voto es obligatorio en las elecciones nacionales desde 1924. Según una encuesta citada por Chapman en el artículo, el 87 % de los australianos dijo que «probablemente» o «definitivamente» seguiría votando aunque no fuera obligatorio.

¿Qué explica que los australianos quieran seguir votando, con o sin una ley que lo exija? Chapman afirma que el gobierno puede contrarrestar el temor a las represalias si adopta un enfoque indulgente al sancionar a quienes no votan. Según ella, esto mantiene una percepción positiva del voto.

«Australia tiene uno de los sistemas de voto obligatorio que se aplican con mayor eficacia del mundo, pero incluso allí se aceptan con facilidad las excusas para no votar y no se investigan muchos casos de abstención sin justificación», afirma Chapman en el artículo. Señala que solo alrededor de uno de cada cuatro australianos que no vota acaba pagando una multa.

«Dado el bajo nivel de aplicación, parece probable que Australia haya alcanzado sus altas tasas de participación porque la gente considera que la ley refleja un deber moral de votar. La gente no obedece únicamente por miedo al castigo», afirma.

No es una «solución integral»

Algunos críticos del voto obligatorio sostienen que incorporaría al electorado a personas que carecen de información suficiente, lo que, según ellos, daría lugar a resultados electorales que no representarían la opinión pública. Sin embargo, Chapman afirma que las pruebas que respaldan esta afirmación no son concluyentes.

Además, señala, pueden surgir otros problemas cuando solo votan las personas interesadas en la política.

«Si se permite que el electorado se limite por sí mismo a las personas que ya tienen interés en la política y se les pide su opinión, solo se escuchará a quienes ya tienen mucho poder en la sociedad y saben lo que pueden conseguir al ejercerlo», afirma Chapman. Según ella, los cargos públicos tienen incentivos para priorizar las preocupaciones de quienes probablemente voten por encima de las de quienes no lo hacen. «Como resultado, se verá una diferencia real en los intereses representados en el debate público».

Otros críticos también sostienen que obligar a los ciudadanos a votar restringe las libertades civiles: cada persona debería decidir cómo quiere ejercer sus derechos ciudadanos. En otras palabras, el derecho a votar también incluye el derecho a no votar.

«El derecho al voto se basa en la idea de que debemos tomar juntos las decisiones públicas», afirma Chapman. «Creo que existe la tendencia a entender el voto como una forma de expresión, en vez de como participación en una decisión colectiva. Son actos muy distintos».

Una vez diferenciadas esas dos ideas, afirma Chapman, hay maneras de estructurar un sistema que no vulnere las libertades civiles a las que aluden los críticos. Por ejemplo, podrían contemplarse exenciones por motivos religiosos, abstenciones formales o la opción de marcar «ninguno de los anteriores» para quienes no apoyen a ninguno de los candidatos.

Pero, como advierte Chapman, el voto obligatorio no debe considerarse una solución integral a los problemas de la democracia. También es realista sobre las dificultades que entrañaría su aplicación. Por ejemplo, sería necesario contar con un sistema seguro que mantuviera actualizado el censo electoral y agilizar el proceso de inscripción.

También existen obstáculos materiales que impiden votar a ciertos grupos. Por ejemplo, las personas sin hogar a menudo no pueden cumplir los requisitos de residencia necesarios para votar. Estos obstáculos existen tanto si el voto es obligatorio como si no, señala Chapman.

«La reforma democrática es algo que deberíamos mantener como un valor importante para la democracia, y no pensar que, en lo que respecta al voto, basta con que exista la oportunidad de votar», afirma.

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