‘Seguridad común’ es bueno para las empresas y la estabilidad mundial. Esta es la razón

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  • El concepto de seguridad común consiste en abordar las causas profundas de la inestabilidad: la pobreza, la degradación ambiental, la exclusión y la erosión de la confianza.

  • Este enfoque es la piedra angular de un negocio mundial sostenible, previsible y rentable.

  • Esta seguridad no es una visión abstracta – es una estrategia necesaria para nuestro futuro colectivo, y las empresas deben formar parte de la solución.

Según cualquier medida, el mundo se encuentra en una encrucijada. Los conflictos geopolíticos se intensifican, la crisis climática se acelera, la desigualdad económica se profundiza y la erosión de la democracia avanza.

El efecto acumulativo de estas crisis está sacudiendo los cimientos mismos de la estabilidad mundial, a medida que se debilita la confianza en las instituciones y se desgarra el contrato social que sustenta la prosperidad. Las consecuencias para las empresas son inmediatas y profundas: cadenas de suministro interrumpidas, mercados volátiles, condiciones laborales impredecibles y un aumento del riesgo político y social.

En este contexto, es momento de volver a adoptar un marco probado de cooperación mundial. La verdadera seguridad no puede lograrse mediante la fuerza militar y la competencia estratégica regional: necesitamos la llamada seguridad común basada en la realidad de que ninguna nación, empresa o trabajador puede prosperar a menos que todos estén seguros.

De los orígenes de la Guerra Fría a la relevancia del siglo XXI

Articulada por primera vez en el informe de la Comisión Palme de 1982, la seguridad común propugnaba un enfoque cooperativo para la paz y el desarme, basado en el interés mutuo y el respeto. Fue determinante para reducir las tensiones entre bloques en un momento de grave inestabilidad internacional. Hoy, esa idea ha evolucionado hacia una agenda más amplia y urgente que aborda directamente las crisis interconectadas de nuestro tiempo.

La seguridad actual no se limita a la capacidad militar. También implica abordar las causas profundas de la inestabilidad: la pobreza, la desigualdad, la degradación ambiental, la exclusión y la erosión de la confianza en las instituciones. Se trata de invertir en las personas y el planeta como base de una paz y una prosperidad duraderas, y no de invertir en armamento, en la amenaza de destrucción y en una inseguridad creciente.

Por qué esto importa a las empresas

La seguridad común ofrece un marco pragmático para la estabilidad económica mundial y el crecimiento sostenible. No es un ideal utópico, sino una hoja de ruta para reducir el riesgo y crear resiliencia en un mundo cada vez más volátil. Beneficia a las empresas de maneras concretas:

  • Las sociedades estables implican mercados previsibles.

  • Los entornos pacíficos favorecen sistemas jurídicos que funcionan.

  • Las rutas comerciales abiertas implican cadenas de suministro fiables.

  • El trabajo decente impulsa la productividad.

Cuando los trabajadores tienen acceso a empleos seguros, salarios dignos y protección social, son más cualificados, resilientes y productivos.

El desarrollo inclusivo y sostenible amplía los mercados al sacar a las personas de la pobreza y reducir la desigualdad, lo que impulsa la demanda de los consumidores y fortalece los entornos de inversión.

Por último, la acción colectiva en materia de clima y seguridad energética garantiza el acceso a los recursos y a la estabilidad esenciales para la innovación y la continuidad. En definitiva, la seguridad común es la piedra angular de un negocio mundial sostenible, previsible y rentable.

La seguridad común también exige un sistema multilateral reformado, democrático y basado en normas, capaz de responder a las complejas realidades del siglo XXI: un mundo de cadenas de suministro globales, transformación digital y crisis interconectadas. Se trata de restaurar la confianza mutua y reconstruir el contrato social mundial para que la prosperidad pueda compartirse.

El coste de la inseguridad

El gasto militar mundial alcanzó un máximo histórico de 2,72 billones de dólares en 2024, según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo. Si estos recursos se redirigieran, podrían financiar avances enormes en desarrollo sostenible y prevención de crisis:

  • Solo el 10 % del gasto militar mundial anual bastaría para cubrir la brecha de financiación anual para la protección social universal en los países de ingreso bajo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

  • Un mecanismo propuesto por la ONU, de «Conversión Justa», podría ayudar a transformar las industrias militares en motores de innovación civil, generando hasta 575 millones de nuevos empleos para 2030 en sectores como la ingeniería ambiental, la salud y el desarrollo de vacunas.

  • Un Nuevo Contrato Social, fundamentado en la Declaración del Centenario de la OIT, de protección social universal, tributación justa y un tratado vinculante sobre empresas y derechos humanos para generar confianza democrática, combatir la desigualdad y garantizar trabajo decente para todos, incluidos los trabajadores informales y de plataformas.

Esto no es solo una cuestión de ética, sino de economía. Prevenir una crisis es mucho más rentable que responder a ella.

El papel fundamental de las empresas

Las empresas no son meras espectadoras en esta agenda: son actores clave. La comunidad empresarial puede contribuir de forma significativa:

  • Apoyando la cooperación internacional pacífica y basada en normas.

  • Pagando salarios dignos en las cadenas de suministro mundiales.

  • Comprometiéndose con la diligencia debida obligatoria, el abastecimiento responsable y la tributación justa.

  • Participando en un diálogo social significativo con los sindicatos y los gobiernos.

  • Invirtiendo en la adaptación climática y en la transición justa hacia empleos verdes.

El diálogo social, en particular, es una herramienta probada de resiliencia. Cuando los empleadores se relacionan con los sindicatos y los gobiernos, las transiciones –ya sean digitales, ecológicas o económicas– pueden gestionarse de manera justa, estable y socialmente aceptable. Donde se respetan la libertad de asociación y la negociación colectiva:

  • Las relaciones laborales son más previsibles.

  • La desigualdad se reduce.

  • La plantilla se vuelve más adaptable e innovadora.

El diálogo social y la negociación con los interlocutores sociales ofrecen mecanismos que reducen la división, encuentran soluciones compartidas, previenen conflictos y fortalecen las instituciones democráticas. Estas son las condiciones que permiten que los mercados funcionen y que las sociedades prosperen.

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Un nuevo contrato social

Para poner en práctica la seguridad común, debemos construir un Nuevo Contrato Social, fundamentado en:

  • La Declaración del Centenario de la OIT sobre el Futuro del Trabajo.

  • Protección social universal para todos los trabajadores, incluidos los de la economía informal y de plataformas.

  • Un tratado mundial vinculante sobre empresas y derechos humanos.

  • Justicia fiscal y contribución empresarial justa al bien común.

Solo abordando la desigualdad y la injusticia en su raíz podremos crear un sistema mundial estable y seguro que beneficie a todos, incluidas las empresas.

El camino a seguir

En un mundo interdependiente como el actual, ninguna empresa puede prosperar en aislamiento. Las cadenas de suministro se extienden más allá de las fronteras. Los mercados son globales. Las crisis son contagiosas. La única base sostenible para la prosperidad es un mundo pacífico, inclusivo y justo.

La seguridad común no es una visión abstracta – es una estrategia necesaria para nuestro futuro colectivo. La comunidad empresarial debe formar parte de la solución, apoyando la paz, el trabajo decente y la cooperación mundial. Así es como construimos la resiliencia y la estabilidad de las que depende el crecimiento futuro.

En una nueva era de tensiones geopolíticas y trastornos climáticos, el mensaje es claro: la mejor inversión que pueden hacer las empresas es en un mundo más seguro y justo.

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