Breve historia de la globalización

People take pictures in front of a "Golden Bridge on Silk Road" installation, set up ahead of the Belt and Road Forum, outside the National Convention Centre in Beijing, China May 11, 2017. Picture taken May 11, 2017. REUTERS/Stringer ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. EDITORIAL USE ONLY. CHINA OUT. - RC19C0AFB5B0
Past and present: A Silk Road-inspired installation outside the National Convention Centre in BeijingImage: REUTERS/Stringer
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Cuando el gigante chino del comercio electrónico Alibaba anunció en 2018 que había elegido la antigua ciudad de Xi’an como sede de su nueva sede regional, la compañía no pasó por alto el valor simbólico: había llevado la globalización a su antigua cuna, el punto de partida de la antigua Ruta de la Seda. Bautizó sus nuevas oficinas de forma acertada: “Sede de la Ruta de la Seda”. La ciudad donde la globalización había comenzado hace más de 2.000 años también tendría un papel en el futuro de la globalización.

Alibaba no debería ser el único que mire hacia atrás. Como entramos en una nueva era de la globalización impulsada por lo digital, a la que llamamos “Globalización 4.0”, vale la pena que hagamos lo mismo. ¿Cuándo comenzó la globalización? ¿Cuáles fueron sus fases principales? ¿Y hacia dónde se dirige mañana?

Este artículo también pone fin a nuestra serie sobre la globalización. La serie se escribió antes de la Reunión Anual 2019 del Foro Económico Mundial en Davos, que se centra en la “Globalización 4.0”. En artículos anteriores, analizamos algunos ganadores y perdedores de la globalización económica, el aspecto ambiental de la globalización, la globalización cultural y la globalización digital. Ahora miramos atrás a su historia. Entonces, ¿cuándo empezó el comercio internacional y cómo condujo a la globalización?

Antiguas rutas de la seda Image: Flickr

Rutas de la seda (siglo I a. C.-siglo V d. C., y siglos XIII-XIV d. C.)

La gente ha comerciado con bienes casi tanto tiempo como ha existido. Pero a partir del siglo I a. C., se produjo un fenómeno notable. Por primera vez en la historia, productos de lujo de China empezaron a aparecer en el otro extremo del continente euroasiático, en Roma. Llegaron allí tras ser transportados durante miles de millas por la Ruta de la Seda. El comercio había dejado de ser un asunto local o regional y empezó a volverse global.

Esto no quiere decir que la globalización hubiera comenzado en serio. La seda era sobre todo un bien de lujo, y lo mismo las especias que se sumaron al comercio intercontinental entre Asia y Europa. En proporción a la economía total, el valor de estas exportaciones era ínfimo, y intervenían muchos intermediarios para llevar las mercancías a su destino. Pero se establecieron vínculos comerciales globales, y para quienes participaban era una mina de oro. Desde el precio de compra hasta el precio final de venta, el margen se multiplicaba por decenas.La Ruta de la Seda pudo prosperar en parte porque dos grandes imperios dominaban buena parte de la ruta. Si el comercio se interrumpía, era sobre todo por bloqueos de enemigos locales de Roma o de China. Si la Ruta de la Seda acabó cerrándose, como ocurrió tras varios siglos, la caída de los imperios tuvo que ver con ello por completo. Y cuando volvió a abrirse en la época medieval tardía de Marco Polo, fue por el auge de un nuevo imperio hegemónico: los mongoles. Es un patrón que veremos a lo largo de la historia del comercio: prospera cuando las naciones lo protegen, y decae cuando no lo hacen.

Caligrafía árabe en la medina de Asilah, Marruecos Image: Pierre-Yves Babelon/Shutterstock.com/Unesco

Rutas de las especias (siglos VII-XV)

El siguiente capítulo del comercio llegó gracias a los mercaderes islámicos. Cuando la nueva religión se extendió en todas direcciones desde su núcleo arábigo en el siglo VII, también lo hizo el comercio. El fundador del islam, el profeta Mahoma, fue famosamente comerciante, al igual que su esposa Jadiya. Por tanto, el comercio estaba en el ADN de la nueva religión y de sus seguidores, y eso se notó. A comienzos del siglo IX, los comerciantes musulmanes ya dominaban el comercio del Mediterráneo y del océano Índico; después, se les podía encontrar tan al este como Indonesia, que con el tiempo se convirtió en un país de mayoría musulmana, y tan al oeste como la España musulmana.

El principal foco del comercio islámico en aquella Edad Media eran las especias. A diferencia de la seda, las especias se comerciaban principalmente por mar desde la Antigüedad. Pero para la era medieval se habían convertido en el verdadero centro del comercio internacional. Entre ellas destacaban los clavos de olor, la nuez moscada y el macis de las legendarias islas de las Especias, las islas Molucas de Indonesia. Eran extremadamente caras y muy demandadas, también en Europa. Pero, como con la seda, siguieron siendo un producto de lujo, y el comercio se mantuvo relativamente de bajo volumen. La globalización todavía no despegaba, pero la Franja (ruta marítima) y la Ruta (Ruta de la Seda) originales del comercio entre Oriente y Occidente ya existían.

Image: BLR

Era de los descubrimientos (siglos XV-XVIII)

El comercio verdaderamente global despegó en la Era de los descubrimientos. Fue en esta época, desde finales del siglo XV en adelante, cuando los exploradores europeos conectaron Oriente y Occidente, y descubrieron de forma accidental las Américas. Ayudados por los descubrimientos de la llamada “Revolución científica” en los campos de la astronomía, la mecánica, la física y la navegación, los portugueses, los españoles y, más tarde, los neerlandeses y los ingleses primero “descubrieron”, luego sometieron y finalmente integraron nuevas tierras en sus economías.

La era de los descubrimientos sacudió el mundo. El “descubrimiento” más (in)famoso es el de América por Colón, que acabó casi por completo con las civilizaciones precolombinas. Pero la exploración de mayores consecuencias fue la circunnavegación de Magallanes: abrió la puerta a las islas de las Especias, dejando fuera a los intermediarios árabes e italianos. Aunque el comercio volvió a ser pequeño en comparación con el PIB total, sin duda alteró la vida de las personas. La patata, el tomate, el café y el chocolate se introdujeron en Europa, y el precio de las especias cayó en picado.

Sin embargo, hoy los economistas todavía no consideran realmente esta era como una de verdadera globalización. El comercio sin duda empezó a volverse global, e incluso había sido la razón principal para iniciar la era de los descubrimientos. Pero la economía global resultante seguía muy aislada y desequilibrada. Los imperios europeos crearon cadenas de suministro globales, pero sobre todo con las colonias que poseían. Además, su modelo colonial fue principalmente de explotación, incluido el vergonzoso legado de la trata de esclavos. Así, los imperios crearon una economía mercantilista y colonial, pero no una verdaderamente globalizada.

La Revolución Industrial en Gran Bretaña impulsó la primera ola de globalizaciónImage: Wikipedia

Primera ola de globalización (siglo XIX-1914)

Esto empezó a cambiar con la primera ola de globalización, que se produjo aproximadamente durante el siglo que terminó en 1914. A finales del siglo XVIII, Gran Bretaña había comenzado a dominar el mundo tanto geográficamente, mediante el establecimiento del Imperio británico, como tecnológicamente, con innovaciones como la máquina de vapor, el telar mecánico y otras más. Fue la era de la Primera Revolución Industrial.

La Revolución Industrial “británica” constituyó un motor gemelo fantástico del comercio global. Por un lado, los barcos de vapor y los trenes podían transportar mercancías a lo largo de miles de millas, tanto dentro como entre países. Por otro lado, su industrialización permitió a Gran Bretaña fabricar productos que tenían demanda en todo el mundo, como hierro, textiles y bienes manufacturados. “Con sus tecnologías industriales avanzadas”, escribió recientemente la BBC, al mirar atrás a la época, “Gran Bretaña pudo atacar un mercado internacional enorme y en rápida expansión”.

La globalización resultante era evidente en las cifras. Durante cerca de un siglo, el comercio creció de media un 3 % al año. Ese ritmo de crecimiento elevó las exportaciones de una proporción del 6 % del PIB mundial a comienzos del siglo XIX, al 14 % en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Como observó John Maynard Keynes, el economista, observó: “El habitante de Londres podía pedir por teléfono, mientras tomaba su té matutino en la cama, los diversos productos de toda la Tierra, en la cantidad que considerara oportuna, y esperar razonablemente que llegaran pronto a su puerta.”

Y Keynes también señaló que una situación similar se daba en el mundo de la inversión. Quienes tenían medios en Nueva York, París, Londres o Berlín también podían invertir en sociedades anónimas con actividad internacional. Una de ellas, la francesa Compañía de Suez, construyó el canal de Suez, que conecta el Mediterráneo con el océano Índico y abrió otra arteria más del comercio mundial. Otras construyeron ferrocarriles en la India o explotaron minas en colonias africanas. La inversión extranjera directa también se estaba globalizando.

Si bien Gran Bretaña fue el país que más se benefició de esta globalización, por tener más capital y tecnología, otros también lo hicieron, exportando otros bienes. La invención del buque de carga refrigerado o “buque frigorífico” en la década de 1870, por ejemplo, permitió a países como Argentina y Uruguay entrar en su edad de oro. Empezaron a exportar carne en gran escala, procedente del ganado criado en sus vastas tierras. Otros países también empezaron a especializar su producción en aquellos ámbitos en los que eran más competitivos.

Pero la primera ola de globalización e industrialización también coincidió con acontecimientos más oscuros. A finales del siglo XIX, la Khan Academy señala: “la mayoría de las naciones europeas [globalizadoras e industrializadas] se hicieron con un pedazo de África, y en 1900 el único país independiente que quedaba en el continente era Etiopía”. En una línea igualmente negativa, grandes países como la India, China, México o Japón, que antes eran potencias con las que había que contar, ni pudieron ni se les permitió adaptarse a las tendencias industriales y globales. Las potencias occidentales impusieron restricciones a su desarrollo independiente o, de otro modo, fueron superadas por la competencia debido a su falta de acceso al capital o a la tecnología. Por último, muchos trabajadores de las naciones industrializadas tampoco se beneficiaron de la globalización: su trabajo se convirtió en mercancía por la maquinaria industrial, o su producción fue desplazada por las importaciones extranjeras.

Las guerras mundiales

Era una situación que estaba destinada a acabar en una gran crisis, y así fue. En 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial puso fin prácticamente a todo aquello a lo que la incipiente alta sociedad de Occidente se había acostumbrado tanto, incluida la globalización. La devastación fue total. Millones de soldados murieron en combate, millones de civiles murieron como daños colaterales, la guerra sustituyó al comercio, la destrucción sustituyó a la construcción, y los países volvieron a cerrar sus fronteras.

En los años entre las dos guerras mundiales, los mercados financieros, que seguían conectados en una red global, provocaron un nuevo colapso de la economía mundial y de sus vínculos. La Gran Depresión en Estados Unidos puso fin al auge en Sudamérica y provocó una oleada de pánico bancario en muchas otras partes del mundo. Otra guerra mundial siguió en 1939-1945. Al final de la Segunda Guerra Mundial, el comercio como porcentaje del PIB mundial había caído al 5 %, un nivel no visto en más de cien años.

Segunda y tercera ola de globalización

La historia de la globalización, sin embargo, no había terminado. El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó un nuevo comienzo para la economía global. Bajo el liderazgo de una nueva potencia hegemónica, los Estados Unidos de América, y con la ayuda de las tecnologías de la Segunda Revolución Industrial, como el automóvil y el avión, el comercio mundial comenzó a crecer de nuevo. Al principio, esto ocurrió en dos vías separadas, pues la Cortina de Hierro dividió el mundo en dos esferas de influencia. Pero desde 1989, cuando cayó la Cortina de Hierro, la globalización se convirtió en un fenómeno verdaderamente global.

En las primeras décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, instituciones como la Unión Europea y otros instrumentos de libre comercio impulsados por Estados Unidos fueron responsables de gran parte del aumento del comercio internacional. En la Unión Soviética hubo un aumento similar del comercio, aunque mediante la planificación centralizada y no el libre mercado. El efecto fue profundo. En todo el mundo, el comercio volvió a alcanzar los niveles de 1914: en 1989, las exportaciones volvieron a representar el 14 % del PIB mundial. Esto fue acompañado de un fuerte aumento de los ingresos de la clase media en Occidente.

Luego, cuando cayó el muro que dividía Oriente y Occidente en Alemania, y la Unión Soviética se desmoronó, la globalización se convirtió en una fuerza arrolladora. La recién creada Organización Mundial del Comercio (OMC) alentó a las naciones de todo el mundo a suscribir acuerdos de libre comercio, y la mayoría lo hizo, incluidas muchas naciones de reciente independencia. En 2001, incluso China, que durante buena parte del siglo XX había sido una economía agraria y aislada, se convirtió en miembro de la OMC y empezó a fabricar para el mundo. En este “nuevo” mundo, Estados Unidos marcó el tono y dirigió el camino, pero muchos otros se beneficiaron a su estela.

Al mismo tiempo, una nueva tecnología de la Tercera Revolución Industrial, internet, conectó a personas de todo el mundo de una forma aún más directa. Los pedidos que Keynes podía hacer por teléfono en 1914 ahora podían hacerse por internet. En lugar de recibirlos en unas semanas, llegaban a la puerta de casa en unos días. Además, internet también permitió una mayor integración global de las cadenas de valor. Se podía hacer I+D en un país, abastecerse en otros, producir en otro más y distribuir por todo el mundo.

El resultado ha sido una globalización con esteroides. En la década de 2000, las exportaciones mundiales alcanzaron un hito, al subir hasta cerca de una cuarta parte del PIB mundial. En consecuencia, el comercio, es decir, la suma de importaciones y exportaciones, creció hasta representar cerca de la mitad del PIB mundial. En algunos países, como Singapur, Bélgica u otros, el comercio supera con creces el 100 % del PIB. La mayoría de la población mundial se ha beneficiado de ello: más personas que nunca pertenecen a la clase media mundial, y cientos de millones alcanzaron esa condición al participar en la economía global.

Globalización 4.0

Esto nos lleva a hoy, cuando una nueva ola de globalización ya está sobre nosotros. En un mundo cada vez más dominado por dos potencias globales, Estados Unidos y China, la nueva frontera de la globalización es el ciberespacio. La economía digital, incipiente durante la tercera ola de globalización, se está convirtiendo ahora en una fuerza con la que hay que contar gracias al comercio electrónico, los servicios digitales y la impresión 3D. A ello contribuye además la inteligencia artificial, pero se ve amenazada por los ciberataques y la piratería informática transfronterizos.

Al mismo tiempo, también se expande una globalización negativa, a través del efecto global del cambio climático. La contaminación en una parte del mundo provoca fenómenos meteorológicos extremos en otra. Y la tala de bosques en los pocos “pulmones verdes” que le quedan al mundo, como la selva amazónica, tiene un efecto devastador no solo sobre la biodiversidad mundial, sino también sobre su capacidad para hacer frente a las peligrosas emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero, a medida que esta nueva ola de globalización llega a nuestras costas, muchos de los pueblos del mundo le están dando la espalda. Sobre todo en Occidente, muchos trabajadores de clase media están hartos de un sistema político y económico que ha generado desigualdad económica, inestabilidad social y, en algunos países, inmigración masiva, aunque también haya traído crecimiento económico y productos más baratos. El proteccionismo, las guerras comerciales y el cierre a la inmigración vuelven a ser el orden del día en muchos países.

En proporción al PIB, las exportaciones mundiales se han estancado e incluso han empezado a retroceder ligeramente. Como ideología política, el “globalismo”, o la idea de que uno debe adoptar una perspectiva global, está en declive. Y a escala internacional, la potencia que impulsó al mundo a su mayor nivel de globalización de todos los tiempos, Estados Unidos, se está apartando de su papel de policía y de campeón del comercio mundial.

Fue en este mundo donde el presidente chino Xi Jinping abordó el tema de la globalización en un discurso en Davos en enero de 2017. “Algunos culpan a la globalización económica del caos en el mundo”, dijo. “Ahora se ha convertido en la caja de Pandora a ojos de muchos.” Pero, continuó, “llegamos a la conclusión de que la integración en la economía global es una tendencia histórica. [Es] el gran océano del que no se puede escapar.” Después propuso una globalización más inclusiva y animó a las naciones a sumarse al nuevo proyecto de China para el comercio internacional, “la Franja y la Ruta”.

Fue en este mundo, también, donde Alibaba abrió unos meses después su sede de la Ruta de la Seda en Xi’an. Se concibió como la columna vertebral logística del gigante del comercio electrónico a lo largo de la nueva “Franja y Ruta”, informó The Paper. Pero mientras la antigua Ruta de la Seda prosperaba con las exportaciones de seda de lujo en camello y burro, la nueva instalación de Alibaba en Xi’an permitiría una globalización de un tipo completamente distinto. Funcionaría también como una universidad de big data para sus servicios de Alibaba Cloud.

El progreso tecnológico, como la globalización, es algo de lo que, al parecer, no se puede huir. Pero está en constante cambio. Entonces, ¿cómo evolucionará la Globalización 4.0? Tendremos que responder a esa pregunta en los próximos años.

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