Por qué las monedas estables se están convirtiendo en una cuestión geopolítica

Representation of Tether stablecoin cryptocurrency in this illustration taken September 10, 2025.
The global cap of all stablecoins now exceeds $300 billion.Image: REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
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  • La capitalización del mercado mundial de las monedas estables supera los 300.000 millones de dólares y estas reciben cada vez más atención de los responsables de formular políticas.

  • En un momento de convulsión geopolítica, las monedas estables también desempeñan un papel cada vez mayor en el sistema financiero internacional.

  • Por ello, la regulación está aumentando y se considera cada vez más desde una perspectiva estratégica.

A medida que la fragmentación geopolítica transforma la economía mundial, las monedas estables adquieren una nueva importancia. Siguen formando parte del universo de los activos digitales, pero su relevancia ya va mucho más allá de los mercados de criptomonedas.

Las monedas estables inciden cada vez más en los pagos transfronterizos, el papel internacional del dólar, la resiliencia de la infraestructura financiera y la autonomía de los Estados en materia de políticas. Esa combinación las ha convertido en una cuestión geopolítica: hoy se sitúan en la intersección de la tecnología, el dinero y el poder.

La mayoría de las personas piensa que las monedas estables son activos digitales vinculados en una proporción de uno a uno al dólar estadounidense y respaldados por bonos del Tesoro depositados en alguna cuenta bancaria. Esto abarca la mayor parte de la capitalización total del mercado de monedas estables, pero no las define a todas. Actualmente hay más de cien monedas estables en circulación, y la propia definición de moneda estable sigue siendo objeto de debate.

¿Qué relación tienen las monedas estables con la geopolítica?

La escala es importante en este caso. La capitalización de mercado conjunta de las monedas estables supera los 300.000 millones de dólares y ya sustentan volúmenes de transacciones que se cuentan por decenas de billones; aunque, algo crucial, esta cifra también incluye transacciones automatizadas, lo que significa que su uso como método de pago habitual es mucho menor. Aun así, cuando un instrumento alcanza ese tamaño, las cuestiones de gobernanza, poder monetario e impacto sistémico se vuelven inevitables.

La composición monetaria del mercado añade otra dimensión a su relevancia internacional. La mayoría de las principales monedas estables están vinculadas al dólar estadounidense, lo que significa que su expansión puede extender el alcance del dólar a través de nuevos canales digitales. En ese sentido, las monedas estables no son solo instrumentos de pago. También forman parte de la infraestructura en evolución de la influencia monetaria internacional. Si las transacciones digitales dependen cada vez más de tokens vinculados al dólar, el poder de esta moneda podría quedar más profundamente integrado en la propia arquitectura de las finanzas digitales.

Una razón fundamental de su creciente popularidad es de carácter práctico. Los pagos transfronterizos siguen siendo costosos, lentos y fragmentados, sobre todo para las empresas y los hogares que operan en distintas jurisdicciones con acceso desigual a los servicios bancarios. Los sistemas basados en monedas estables han ganado terreno porque prometen liquidaciones más rápidas y menos fricción. Más del 98 % de las transacciones en una importante plataforma basada en monedas estables se liquidan en menos de 60 minutos, frente a los dos a cinco días hábiles del mercado tradicional de divisas. Esa misma plataforma procesa ahora más de 45.000 millones de dólares en volumen de pagos anualizado. Estas cifras sugieren que las monedas estables están ganando relevancia en un ámbito central de la vida económica internacional, en lugar de permanecer en los márgenes de las finanzas.

Esto es especialmente importante fuera de los principales centros financieros. En países que afrontan inflación, controles de capital estrictos, acceso limitado a los servicios bancarios o poca confianza en sus monedas nacionales, las monedas estables pueden resultar atractivas tanto como instrumento de pago como reserva de valor. Sin embargo, ese mismo proceso puede intensificar la sustitución de moneda, debilitar la transmisión de la política monetaria y ampliar el papel de las monedas extranjeras en la vida económica nacional. Como son digitales, portátiles y transnacionales, las monedas estables pueden facilitar que las personas y las empresas abandonen las monedas nacionales en favor de monedas extranjeras. Para los responsables de formular políticas en economías emergentes y frágiles, no se trata de una cuestión tecnológica menor. Afecta al núcleo de la soberanía monetaria.

Esta es una de las razones por las que las monedas estables se encuentran ahora en la intersección de la eficiencia y la vulnerabilidad. Pueden reducir la fricción en los movimientos transfronterizos de dinero y ampliar el acceso a la liquidez en dólares. Al mismo tiempo, pueden reducir el margen de maniobra en materia de políticas de países que ya están expuestos a riesgos económicos. Su relevancia geopolítica nace de esa tensión. Prometen una infraestructura útil, pero también pueden redistribuir la influencia monetaria de formas que favorezcan a los emisores de monedas dominantes y limiten a los Estados más débiles.

La regulación como cuestión estratégica

Por ello, la regulación se está convirtiendo en una cuestión estratégica por derecho propio. En 2025, Estados Unidos aprobó la Ley GENIUS y creó un marco federal para las monedas estables de pago, que exige que estén respaldadas por activos líquidos, como dólares estadounidenses y bonos del Tesoro a corto plazo, y que se divulgue mensualmente la composición de las reservas. Esto es importante porque brinda a una gran potencia la oportunidad de definir las normas de un segmento de las finanzas digitales en rápida expansión. A medida que los marcos jurídicos empiezan a consolidarse en algunas jurisdicciones, la política de fijación de normas cobrará más importancia.

Sin embargo, la elaboración de normas a escala mundial sigue siendo desigual. Todavía existen importantes lagunas e incoherencias en la aplicación de la regulación de las criptomonedas y las monedas estables en distintas jurisdicciones, aunque el propio mercado opere a través de las fronteras. Esto deja margen para el arbitraje regulatorio, una gestión desigual de los riesgos y nuevas formas de dependencia financiera. También significa que las monedas estables están pasando a formar parte de una contienda más amplia: quién establece las reglas de las finanzas digitales y qué modelo regulatorio gana influencia internacional.

Las monedas estables y el contexto político mundial

El contexto político general hace que todo esto sea más urgente. Los Estados están reconsiderando las cadenas de suministro, la exposición a sanciones, los canales de pago y la autonomía estratégica. En ese entorno, la infraestructura por la que circula el dinero deja de ser una cuestión meramente técnica. Las monedas estables ofrecen una idea de cómo podría evolucionar el poder monetario en un mundo donde las finanzas son cada vez más digitales, transfronterizas y disputadas. Su auge plantea preguntas que van mucho más allá del interés de los inversores: qué moneda sirve de ancla para las transacciones digitales, qué normas rigen la liquidación y cuánto margen conservan los Estados para defender su propia autoridad monetaria.

Las monedas estables se están convirtiendo en una cuestión geopolítica porque se sitúan en la intersección de la tecnología, el dinero y el poder. Pueden mejorar la rapidez y el alcance de los pagos mundiales, pero también pueden acrecentar la influencia de las monedas dominantes y complicar las decisiones de los Estados más pequeños. La próxima contienda de la economía política internacional abarcará el comercio, los aranceles y la política industrial, pero también las vías digitales por las que circula el valor. Las monedas estables ya forman parte de esa historia, y por eso importan ahora.

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