La capitalización total del mercado de las monedas digitales asciende a 1,7 billones de dólares y cada día se negocian activos por valor de más de 90.000 millones de dólares.
Los analistas han advertido que la industria es tan grande que, si se gestiona mal, podría tener consecuencias macroeconómicas.
Los enfoques fragmentarios de la regulación de las criptomonedas deben sustituirse por un marco coordinado a escala mundial.
A principios de marzo, el presidente Biden aprobó la esperada Orden ejecutiva sobre la garantía del desarrollo responsable de los activos digitales, un reconocimiento de alto perfil del potencial de la industria de las criptomonedas.
Esa orden ejecutiva compromete a la Casa Blanca a participar en investigaciones sobre criptomonedas y a involucrar a departamentos de todo el Gobierno para colaborar en la creación de un marco regulatorio para los activos digitales. También establece un «enfoque de todo el Gobierno para abordar los riesgos y aprovechar los posibles beneficios de los activos digitales y su tecnología subyacente».
Según un miembro del Comité Directivo del Consorcio de Gobernanza de las Monedas Digitales del Foro Económico Mundial, Jeremy Allaire, «la orden ejecutiva establece iniciativas para explorar y participar en la resolución constructiva de problemas relacionados con riesgos conocidos del sistema financiero tradicional y del nuevo mundo de la Web 3».
Allaire añadió que esta exploración abarcará «la privacidad, la seguridad, la inclusión financiera, la competitividad mundial del USD» y otros aspectos.
La Casa Blanca está a punto de realizar un esfuerzo concertado para regular la industria de los activos digitales; dado el tamaño y el crecimiento de la industria, ese impulso no puede llegar lo bastante pronto.
Hoy hay 18.142 criptomonedas, 460 criptoexchanges y la capitalización del mercado de las criptomonedas asciende a 1,7 billones de dólares. Cada 24 horas se negocian criptomonedas por valor de 91.000 millones de dólares, en su mayoría Bitcoin o Ethereum.
Dado el tamaño de la industria y el inminente impulso regulatorio, conviene hacer ahora un balance del estado actual de la regulación. Al hacerlo, quedará claro que es necesario un enfoque regulatorio coordinado a escala mundial.
La regulación de las criptomonedas es imperativa
A medida que el sistema financiero tradicional se conecta con el floreciente ecosistema cripto, la creciente interconexión suscita preocupación por los efectos de contagio que podrían afectar a la estabilidad sistémica.
Durante algún tiempo, las criptomonedas se han considerado una herramienta de diversificación, pero las señales empiezan a apuntar en otra dirección. A principios de este año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó datos que indicaban una correlación entre bitcoin y el S&P 500. Esto suscita temores de que el sentimiento de los inversores se transmita entre el mercado bursátil y las criptomonedas.
Poco después de este análisis, el Consejo de Estabilidad Financiera advirtió de las implicaciones para la estabilidad financiera mundial si continúa la trayectoria actual de crecimiento en escala e interconexión de los criptoactivos con estas instituciones. Sin embargo, dadas las numerosas lagunas de datos existentes en relación con los criptoactivos, todavía resulta algo difícil realizar una evaluación exhaustiva del impacto macroeconómico.
Además, la naturaleza de la tecnología subyacente a las criptomonedas permite realizar transacciones transfronterizas sin necesidad de intermediarios financieros, sean existentes o de otro tipo.
Nuevas aplicaciones y modelos, como la tokenización, las finanzas descentralizadas, los NFT (tokens no fungibles) y las organizaciones autónomas descentralizadas, cuestionan los modelos tradicionales que definen quién se considera actualmente una «persona», qué es «valor» y cómo puede transaccionarse ese «valor». Esto amenaza con entrar en conflicto directo con las regulaciones existentes sobre los flujos transfronterizos de datos, los derechos de propiedad intelectual y los controles de capital. También podría generar ambigüedad en el ámbito tributario, además de plantear otras muchas cuestiones de política pública.
Las posibles implicaciones de las criptomonedas para la estabilidad financiera mundial y la naturaleza distintiva de la tecnología subyacente demuestran la importancia de dar prioridad a los debates y las decisiones regulatorias, tanto a escala nacional como mundial.

Situación actual de la regulación
Según el Consejo Global del Futuro sobre Criptomonedas del Foro Económico Mundial, no ha habido una regulación de las criptomonedas coordinada internacionalmente, aunque organismos internacionales han estado trabajando en la evaluación de riesgos y en respuestas de política adecuadas al auge de las criptomonedas.
En todo el mundo, los bancos centrales y los organismos reguladores ya tienen la vista puesta en esta tendencia creciente. Aunque comparten un objetivo común —estabilizar sus sistemas monetarios e impulsar la innovación y el crecimiento económico—, países desde China hasta El Salvador ya han empezado a sopesar y aplicar distintas opciones regulatorias.
En líneas generales, los objetivos de esos países parecen coincidir: proteger a los consumidores, prevenir la financiación ilícita, proteger la integridad del mercado y promover la innovación. Sin embargo, sus enfoques varían.
Mientras que algunas jurisdicciones, como India, han modificado leyes existentes, otras, como Liechtenstein, han propuesto modelos a medida. Otro enfoque, que parece contar con el respaldo de la Unión Europea y los Emiratos Árabes Unidos, propone crear organismos reguladores completamente nuevos para abordar la industria de forma integral.
Estas diferencias territoriales, si bien ofrecen oportunidades de arbitraje regulatorio entre jurisdicciones, generan incertidumbre y aumentan la carga de cumplimiento para las empresas que operan en el sector. La ausencia de normas y terminología comunes agrava la situación.
Para lograr un enfoque verdaderamente coordinado a escala mundial, los países y las organizaciones internacionales deben trabajar juntos, aprovechando las mejores prácticas y los aprendizajes mutuos. Además de evaluar los riesgos y establecer normas comunes, es urgente aprovechar la propia tecnología para desarrollar soluciones inclusivas y adecuadas a su propósito mediante la colaboración público-privada.
El camino a seguir
La orden ejecutiva de la Casa Blanca es un paso destacable en la dirección correcta para facilitar la colaboración entre organismos. Un enfoque coordinado a escala mundial, que incluya la cooperación internacional en torno a la regulación de los criptoactivos, será óptimo desde el punto de vista económico, protegerá a los consumidores y evitará el uso indebido de las criptomonedas para actividades ilícitas.
El Consorcio de Gobernanza de las Monedas Digitales, integrado por más de 80 organizaciones que representan diversos sectores y geografías, trabaja con ese fin. En su segunda fase de trabajo, se ha centrado en examinar los efectos macroeconómicos de las monedas digitales y en orientar los enfoques regulatorios al respecto, mientras las partes interesadas siguen experimentando con estos instrumentos y con la adopción de criptomonedas, monedas estables y monedas emitidas por bancos centrales.


