Las redes eléctricas están en riesgo de sufrir ciberataques. Así podemos mantenerlas en funcionamiento 

A robot inspects power equipment at an electrical substation of the State Grid Corporation of China in Jiaxing, Zhejiang province, China March 12, 2018. REUTERS/Stringer ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. CHINA OUT.
A clever attacker could disguise the intrusion “as something simple".Image: REUTERS/Stringer
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El 14 de agosto de 2003, un error de software contribuyó a un apagón que dejó sin electricidad a 50 millones de personas en nueve estados del noreste de EE. UU. y una provincia canadiense durante hasta cuatro días, con apagones rotativos en algunas zonas durante varios días más.

Aquel suceso no fue causado por un atacante, pero muchas de las recomendaciones del informe final del incidente se centraron en la ciberseguridad. Quince años después, lo que está en juego ante un apagón prolongado es aún mayor, ya que las empresas y la sociedad estadounidenses dependen todavía más de los dispositivos electrónicos. Académicos de todo el país estudian cómo proteger la red de los ciberataques y los fallos de software. Varios han escrito sobre su trabajo para The Conversation:

La electricidad, representada en la parte superior derecha, está integrada en todos los aspectos de la vida modernaImage: Comisión Federal de Comunicaciones

1. Los ataques podrían ser difíciles de detectar

Aunque el error de software que agravó el apagón no fue resultado de un ciberataque, el especialista en redes eléctricas Michael McElfresh de la Universidad de Santa Clara explica que un atacante astuto podría disfrazar la intrusión«como algo tan sencillo como que un gran número de supuestos clientes bajen la temperatura de sus termostatos en poco tiempo, durante una jornada de calor extremo y máxima demanda».

2. Las redes eléctricas son objetivos tentadores

Manimaran Govindarasu, de la Universidad Estatal de Iowa, y Manimaran GovindarasuAdam Hahn, de la Universidad Estatal de Washington, Adam Hahn, ambos especialistas en seguridad de redes eléctricas, señalaron que la red es un objetivo atractivo para los hackers, que podrían cortar el suministro a un gran número de personas: «Ocurrió en Ucrania en 2015 y volvió a ocurrir en 2016; también podría suceder aquí, en EE. UU.».

3. ¿Qué hacer ahora?

En otro artículo, Govindarasu y Hahn describieron hasta qué punto «los rusos habían penetrado en los sistemas informáticos de varias empresas eléctricas estadounidenses y habían obtenido […] privilegios suficientes para provocar apagones».

La respuesta, escribieron, consiste en ampliar la normativa federal sobre seguridad de la red para que se aplique a «todas las empresas de servicios públicos, incluso las más pequeñas»; en que «todas las empresas que forman parte de la red participen en ejercicios coordinados para mejorar la preparación en materia de ciberseguridad y compartir las mejores prácticas»; y, algo fundamental, en exigir a las empresas eléctricas que «se aseguren de que el hardware y el software que utilizan procedan de fuentes fiables y no hayan sido manipulados ni modificados para permitir el acceso de usuarios no autorizados».

Estas medidas no evitarán los errores de software, pero podrían reducir la probabilidad de que los atacantes aprovechen las vulnerabilidades de los sistemas informáticos para cortar la electricidad.

4. Reestructurar la propia red

Para proteger la red de todo tipo de amenazas, incluidas las naturales y las causadas por el ser humano, el profesor de ingeniería Joshua M. Pearce de la Universidad Tecnológica de Michigan propone generar energía en muchos lugares del país, en vez de hacerlo en centrales eléctricas. Según explica, sus investigaciones han descubierto que conectar a esos productores de energía más pequeños con los consumidores cercanos haría que el suministro fuera más fiable, menos vulnerable y más barato. De hecho, descubrió que el ejército estadounidense «podría generar toda su electricidad a partir de fuentes renovables distribuidas para 2025 mediante […] microrredes».

Así, al menos, sería menos probable que un pequeño problema en la red se propagara y se convirtiera en un problema grave para decenas de millones de personas, como ocurrió con el apagón del noreste de 2003.

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