¿Está China reorientándose hacia Oriente Medio?

A general view of a crude oil importing port in Qingdao, Shandong province, November 9, 2008.
Trade between China and the Middle East has soared. Is China pivoting towards the region?Image: REUTERS/Stringer
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En la reunión anual de este año del Foro Económico Mundial en Davos, el presidente chino Xi Jinping declaró su intención de organizar una cumbre de cooperación internacional sobre la Franja y la Ruta, a la que se ha invitado a la mayoría de los países de Oriente Medio y Norte de África (MENA).

Esto ocurre después de que China publicara su primer Documento de política árabe, que expone la visión del Gobierno para estrechar las relaciones con los países de la región y que se publicó en enero de 2016. El documento refleja sin duda la creciente importancia de Oriente Medio a ojos de Beijing, y bien podría ser un presagio de sus planes futuros. De hecho, en la década hasta 2014, los flujos comerciales entre ambas partes aumentaron un 600%.

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Pero ¿indica este avance un giro de China hacia la región? ¿Y cuáles son los principales asuntos en torno a la intensificación de las relaciones entre China y los países de la región MENA durante la última década?

La necesidad de petróleo

En 2015, China superó a Estados Unidos como el mayor importador mundial de petróleo crudo. De los 6,2 millones de barriles diarios que importa actualmente, más de la mitad se extrae en la región MENA. Esto ha convertido a China en el principal destino de las exportaciones de varios países, entre ellos Arabia Saudí e Irán. Respaldada por un sólido crecimiento y a medida que un número cada vez mayor de sus ciudadanos adquiere automóviles, es poco probable que su sed de crudo se sacie pronto. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que sus importaciones de la región MENA se dupliquen para 2035. Se cree que la región alberga la mitad de las reservas probadas de petróleo del mundo. Por consiguiente, es probable que el interés de China en su estabilidad siga creciendo.

Una ruta, una franja

Presentada por el presidente Xi en octubre de 2013, la iniciativa «Una franja, una ruta» (OBOR) destinará considerables recursos financieros chinos a proyectos de infraestructura en 60 países. En particular, el componente del cinturón económico buscaría integrar a los países situados a lo largo de la antigua «Ruta de la Seda», que atraviesa Asia Central y Oriente Medio hasta llegar a Europa.

A través de OBOR, China busca alcanzar tres objetivos. Por un lado, espera estimular las economías de sus socios comerciales para sostener la demanda de sus exportaciones. Al establecer una ruta terrestre para sus mercancías, también trataría de reequilibrar su economía, desplazándola de las ciudades portuarias de su costa oriental hacia sus provincias occidentales y meridionales, más desfavorecidas. Al mismo tiempo, esa ruta comercial reduciría su dependencia del estrecho de Malaca para el comercio internacional, por el que pasa un 80% estimado de sus importaciones de petróleo. Así, China quedaría a merced de un bloqueo marítimo si, por ejemplo, aumentaran las tensiones en torno al mar de China Meridional, lo que paralizaría su economía. Situada en el corazón de tres continentes, la región MENA sería, por tanto, un elemento indispensable de esa estrategia.

Con este fin, China ha dotado al Fondo de la Nueva Ruta de la Seda (NSRF) con 40.000 millones de dólares y al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) con 100.000 millones de dólares, con el mandato de invertir en proyectos de infraestructura de países socios. En la junta directiva de este último figuran, entre otros países,
representantes de las dos potencias rivales de la región, Irán y Arabia Saudí. En 2016, el AIIB concedió préstamos por valor de 1.700 millones de dólares, incluidos 300 millones de dólares de financiación para ampliar el puerto de Duqm, en Omán, y sentar las bases del primer sistema ferroviario del país. Dado el horizonte de rentabilidad relativamente largo para los inversores chinos, su experiencia invirtiendo en zonas de alto riesgo político y la enorme necesidad de inversión a largo plazo en infraestructura de la región MENA, este primer préstamo podría ser el precursor de muchos más.

La experiencia china en acción

Como se prevé que los precios del petróleo se mantengan bajos, los países de la región MENA se verán obligados a retirar gradualmente los costosos subsidios que han otorgado a sus poblaciones en el pasado. En particular, los subsidios a la energía y los combustibles no solo afectarán a las finanzas públicas a medida que disminuyan los ingresos procedentes de la energía, sino que también son regresivos por naturaleza: benefician más a los sectores acomodados que a los pobres. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que en 2011 los subsidios a la energía equivalían al 22% de los ingresos públicos regionales y al 8,6% del PIB regional.

Para gestionar esta transición, los gobiernos deberán adoptar sistemas más eficientes de generación y distribución de energía. China se ha convertido en el mayor productor mundial de equipos para generar electricidad solar. Dada su ubicación geográfica, los países de la región MENA estarían especialmente bien posicionados para beneficiarse de la tecnología y los conocimientos especializados de China en este ámbito. Gracias a los avances tecnológicos de los últimos años y a la considerable reducción de los costos, la energía solar quizá llegue a ser competitiva incluso sin subsidios en regiones soleadas como MENA.

Además, China, uno de los pocos países que no han perdido el interés en las centrales nucleares tras el desastre de Fukushima-Daiishi en Japón, va camino de triplicar su capacidad de generación nuclear para 2020. A medida que crece el interés de los países de la región MENA, en particular los del Golfo, también podría surgir una alianza mutuamente beneficiosa en este ámbito. Tras haber abandonado 103 centrales eléctricas de carbón, los dirigentes chinos se centran cada vez más en mejorar las condiciones ambientales del país y convertirlo en líder mundial de las energías renovables.

Asimismo, según la Base de datos Global Findex de inclusión financiera del Banco Mundial, MENA registra el mayor porcentaje regional de población sin acceso a servicios financieros, con más de 85 millones de adultos sin cuenta bancaria. A la vanguardia de la tecnología financiera (fintech), con servicios pioneros ofrecidos por empresas como Alipay, Baidu y WeChat, la experiencia china podría cambiar las reglas del juego y ayudar a las personas pobres de la región a prescindir por completo de la banca tradicional.

Una relación cada vez más estrecha

Dado que comparten intereses complementarios en los ámbitos de la energía, las renovables, la infraestructura, el comercio y posiblemente la tecnología, es probable que la cooperación entre China y los países de la región MENA se profundice en los próximos años. Aún queda mucho margen para crecer; esta relación incipiente tiene el potencial de desempeñar un papel decisivo en su búsqueda de transformación y diversificación económicas. La participación de China en el Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio y Norte de África del 19 al 21 de mayo en Jordania, así como la participación de los países de la región MENA en la próxima Reunión Anual de los Nuevos Campeones en Dalian en junio, serán objeto de estrecha atención en busca de señales reveladoras de un mayor compromiso mutuo entre ambas partes.

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