Con casi cuatro años transcurridos desde que las Naciones Unidas adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, nos enfrentamos a una ventana de oportunidad cada vez más estrecha para movilizar las soluciones disruptivas y las alianzas ambiciosas necesarias para cambiar el rumbo y mejorar la vida de miles de millones de personas dentro de ese plazo, o incluso antes. En ningún ámbito es mayor la urgencia que en el del ODS 7 («Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos»), que aborda un ámbito rezagado y que, al mismo tiempo, se considera uno de los problemas más solucionables: la pobreza energética.
La Fundación Rockefeller trabaja para aplicar las enseñanzas de nuestra iniciativa descentralizada de electrificación rural, Smart Power India, a los mercados de África subsahariana. Las minirredes de energía renovable respaldadas por la iniciativa Smart Power en los estados indios de Jharkhand, Bihar y Uttar Pradesh ya suministran electricidad a microempresas y hogares de más de 200 aldeas. El mayor acceso a la energía ha transformado la vida de más de 160.000 personas, incluidas miles de pequeñas empresas. Un informe conjunto, Electrificación rural en India: comportamiento y demanda de los clientes, publicado en febrero de 2019 en colaboración con la Universidad Johns Hopkins, contribuye a un creciente conjunto de datos que demuestra que los consumidores rurales de bajos ingresos están dispuestos a pagar por un acceso fiable a la electricidad. Los socios de Smart Power India en las minirredes registran una recaudación media puntual de los ingresos del 97–100 %, y el 80 % de los usuarios domésticos y el 90 % de los usuarios empresariales se declaran «satisfechos» o «muy satisfechos» con sus conexiones a las minirredes.


El sector de las minirredes también ha demostrado que la fiabilidad es clave para liberar la demanda latente y aprovechar todo el potencial económico del acceso a la energía en las regiones desatendidas. Solo con acceso a energía fiable es probable que las empresas utilicen aparatos relativamente costosos con fines productivos que ayuden a acabar con la pobreza energética. Cuando esto sucede, observamos un triple beneficio: mayores ingresos para los hogares, más productividad empresarial y mayores ingresos para los operadores de minirredes. Así lo reflejó un informe de impacto independiente sobre la iniciativa Smart Power India, que reveló que, entre septiembre de 2016 y enero de 2019, las empresas conectadas experimentaron un aumento medio del 49 % en sus ingresos mensuales, y que el 43 % de las empresas adquirió nuevos aparatos y equipos para hacer crecer sus negocios.
Aunque persisten importantes desafíos en materia de fiabilidad y asequibilidad, India está a punto de lograr el acceso universal a la red eléctrica en los hogares. En África subsahariana, sin embargo, donde aproximadamente 600 millones de personas siguen sin estar conectadas a la red, tenemos una oportunidad única de combinar las ventajas de las soluciones de distribución conectadas y no conectadas a la red mediante estrategias integradas de electrificación, a fin de reconocer y atender un enorme mercado aún desatendido. Esto exigirá un compromiso mucho mayor con la colaboración, respaldado por nuevas herramientas, incentivos y capacidades para ampliar la electrificación con más rapidez y a menor costo.

Cómo destrabar el estancamiento de la pobreza energética
Combinar soluciones conectadas y no conectadas a la red exige que las empresas de servicios públicos trabajen con proveedores ajenos a la red para incorporar modelos de negocio mejor adaptados a las necesidades y posibilidades económicas de una población rural de menores ingresos. Por su parte, las empresas que operan fuera de la red deben verse como aliadas de la electrificación de la red, en lugar de como alternativas. Solo con un cambio de paradigma, en el que las empresas de servicios públicos y las compañías ajenas a la red colaboren para abordar los desafíos de la electrificación de última milla, veremos avances reales hacia el fin de la pobreza energética en África subsahariana. Aquí es donde los gobiernos africanos pueden desempeñar un papel catalizador: reconocer el potencial del sector ajeno a la red, apoyar estrategias de electrificación que integren la mejor combinación de soluciones y armonizar las políticas de inversión y otras políticas para impulsar una nueva ola de electrificación de última milla.
Para impulsar esta iniciativa, la Fundación Rockefeller se ha asociado con Power for All en su informe Utilities 2.0. La campaña reunió a Umeme, la mayor empresa de servicios públicos de Uganda, y a empresas privadas que operan fuera de la red para su primer proyecto en África, Utilities 2.0: Energía integrada para lograr un impacto óptimo, lanzado por Power for All en African Utility Week en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Este proyecto ofrecerá un ejemplo concreto del tipo de alianzas público-privadas necesarias para transformar profundamente la trayectoria del acceso a la energía en África y en todo el mundo.
Todavía hay 800 millones de personas que viven en la pobreza extrema, la mayoría de las cuales carece de acceso a electricidad fiable y asequible. A medida que las economías están cada vez más integradas, la energía se ha convertido en un requisito fundamental para participar plenamente en la vida económica, ya sea para el riego, la cosecha, el almacenamiento o el procesamiento en las cadenas de valor agrícolas, o para actividades de servicios y comercio minorista ajenas a la explotación agrícola. Nunca antes el fin de la pobreza había dependido tanto del fin de la pobreza energética. Por eso, nunca había sido tan esencial transformar y acelerar el proceso para lograr la electrificación universal.


