Las ciudades generan más del 70 % de las emisiones globales de CO2, por lo que invertir en un desarrollo urbano resiliente y con bajas emisiones de carbono será clave para reducirlas.
El Pacto de Glasgow, fruto de la COP26 celebrada en noviembre, subraya la necesidad de reducir las emisiones mucho más y el papel que desempeñarán las ciudades para lograrlo.
Necesitamos profundizar nuestros conocimientos y mejorar nuestra capacidad para supervisar con mayor precisión los esfuerzos de los países y las ciudades por reducir las emisiones.
La COP26 puede haber quedado atrás, pero no así la realidad que puso de relieve.
El Pacto de Glasgow, fruto de las reuniones sobre el clima celebradas en noviembre, subraya la necesidad de reducir mucho más las emisiones y señala que, sin importantes esfuerzos de descarbonización, el mundo superará el umbral de 1,5 °C de calentamiento global y se expondrá a efectos catastróficos para las personas y los ecosistemas.
Las conclusiones de la COP26 ofrecen una oportunidad crucial para reflexionar sobre el papel de las ciudades en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Identificar las fuentes de estas emisiones y determinar cómo medirlas y supervisarlas con precisión es un primer paso para reducirlas de manera significativa.
Invertir en un desarrollo urbano resiliente y con bajas emisiones de carbono será clave para reducir las emisiones de las ciudades y hacer frente al cambio climático
Las ciudades generan más del 70 % de las emisiones globales de CO2. La mayoría procede de sistemas industriales y de transporte motorizado que consumen enormes cantidades de combustibles fósiles y dependen de infraestructuras extensas construidas con materiales de alta intensidad de carbono. Está claro que mantenerse por debajo del umbral de 1,5 °C exige una descarbonización masiva de las ciudades, que requerirá inversiones en sistemas de energía y transporte con bajas emisiones de carbono, programas para reducir la expansión urbana y soluciones basadas en la naturaleza para refrescar las ciudades y gestionar el riesgo de desastres. En este sentido, el último Plan de Acción sobre el Cambio Climático del Banco Mundial (2021–2025) reconoce los sistemas urbanos como uno de los cinco sistemas clave que generan más emisiones de GEI y afrontan importantes desafíos de adaptación.
Evaluar los avances en descarbonización requiere nuevas métricas, porque no todas las ciudades son iguales
Las calificaciones de desempeño basadas en las emisiones deberán promover o recompensar una descarbonización rápida y exigir más rendición de cuentas a los gobiernos urbanos y las empresas ante sus partes interesadas. Sin embargo, las medidas de desempeño eficaces no pueden ignorar cómo las diferencias demográficas, económicas y geográficas afectan los niveles reales de CO2 de las ciudades.
Muchas ciudades antiguas han heredado infraestructuras con alta intensidad de carbono. Las ciudades más pobladas generan más emisiones, mientras que las ciudades de mayores ingresos tienen menos industrias pesadas con altas emisiones. En ellas, el suelo es más caro y las normas contra la contaminación son más estrictas; además, las ciudades de climas especialmente fríos o cálidos generan más emisiones por la energía que usan para calefacción o refrigeración. La descarbonización de cada ciudad debe evaluarse con parámetros de referencia que tengan en cuenta estas diferencias inherentes.
Las nuevas métricas requerirán mediciones de CO2 más precisas y objetivas
La evaluación de los avances de las ciudades en la reducción de emisiones se ha visto obstaculizada por la ausencia casi total de datos de emisiones de CO2 medidas directamente. Solo se dispone de estimaciones de emisiones medidas de forma sistemática para unas 80 ciudades, y apenas la mitad se encuentra en países en desarrollo. Además, casi ninguna estimación se basa en emisiones reales. La mayoría se apoya en parámetros de estudios de ingeniería aplicados a medidas de actividad obtenidas mediante encuestas sobre transporte, producción de energía y manufactura. Estas estimaciones son especialmente dudosas para los países en desarrollo, ya que muchas medidas se calibran con bases de datos y modelos de economías de altos ingresos.
La llegada de las mediciones de CO2 por satélite ha ampliado enormemente las posibilidades de evaluar el desempeño en materia de emisiones. Demostramos su potencial en un documento de trabajo publicado recientemente, que utiliza datos de la plataforma OCO (Observatorio Orbital del Carbono)-2 de la NASA para medir las emisiones de CO2 de más de 1.200 ciudades en 138 países, con poblaciones superiores a 500.000 habitantes.
Uso de datos satelitales para evaluar si una ciudad supera o no las expectativas en la reducción de los niveles de CO2
Nuestra investigación utiliza un modelo econométrico predictivo que estima las emisiones de CO2 previstas para las ciudades a partir de sus características demográficas, económicas y geográficas. La primera imagen, que aparece a continuación, se basa en los resultados del documento para ilustrar la contribución relativa de estas diferencias a las emisiones de CO2 de muchas de las ciudades de la muestra. (Los gráficos se presentan a la misma escala para facilitar la comparación.) El desempeño de las ciudades en materia de emisiones se mide como la diferencia entre las emisiones previstas, dadas las diferencias inherentes mencionadas anteriormente, y las emisiones reales, según las observaciones satelitales.
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Como muestra la siguiente imagen, el desempeño varía ampliamente dentro de las regiones y entre ellas. En general, las ciudades superan las expectativas (emisiones inferiores a las previstas) en India, Europa occidental y los antiguos países del Comecon, mientras que quedan por debajo en China, el resto de Asia oriental y el Pacífico, Oriente Medio y Norte de África, y África subsahariana.
Perspectivas para evaluar el desempeño de las ciudades
La investigación del Banco Mundial indica que las mediciones satelitales de CO2 pueden contribuir significativamente al análisis y la evaluación del desempeño de las ciudades en materia de emisiones. Aunque el estudio se ha centrado en grandes ciudades, el mismo enfoque de modelización puede aplicarse en contextos geográficos muy diversos: desde ciudades grandes y pequeñas dentro de regiones o países hasta regiones dentro de países o zonas de proyectos concretos.
También se podría estudiar cómo desarrollar estos datos mediante una base de datos de código abierto y actualizada periódicamente, que permita más aplicaciones de este tipo. Esperamos profundizar nuestros conocimientos y mejorar nuestra capacidad para supervisar con mayor precisión los esfuerzos de los países y las ciudades por reducir las emisiones y alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y los acordados más recientemente en Glasgow.


