La Universidad de Mosul, en Irak, acoge desde hace poco dos llegadas muy especiales. Junto a unos 30.000 estudiantes de grado y más de 4.000 miembros del personal académico se encuentran dos impresionantes estatuas, de más de cuatro metros de altura, a ambos lados de la entrada al principal edificio estudiantil.
Las estatuas lamassu son réplicas exactas de dos originales conservados en el Museo Británico de Londres, donde los tomó el arqueólogo e historiador Sir Austen Henry Layard en 1850. Pero mucho antes de la intervención de Layard, custodiaban las puertas de la ciudad asiria de Nínive.

Entre 705 y 681 a. C., el rey asirio Senaquerib transformó Nínive en una gran metrópolis, dominada por un palacio flanqueado por estatuas lamassu. Mitad humanas, mitad animales, y talladas en piedra caliza o yeso, los lamassu fueron una parte importante de la cultura asiria.
Por supuesto, las réplicas son solo eso, mientras que los originales se encuentran muy lejos de su lugar de origen. Las tensiones en torno a la custodia de artefactos históricos en museos extranjeros plantean complejas cuestiones sobre la propiedad. Baste citar, por ejemplo, un informe encargado el año pasado por el presidente francés Emmanuel Macron, que recomendaba que las obras procedentes del África subsahariana fueran devueltas de forma permanente.
Un ambicioso proyecto de reconstrucción
En 2004, los lamassu del Museo Británico fueron escaneados y documentados en detalle por la empresa con sede en Madrid Factum Arte, que hoy forma parte de la Factum Foundation, utilizando un escáner de alta resolución.

También analizaron y muestrearon la composición, el color y la textura para determinar los materiales que se usarían en la creación de las copias: un tipo de mármol de estuco que proporciona a las réplicas el acabado más fiel posible.
Pieza a pieza, cada una de las colosales figuras se ensambló a partir de secciones de poliuretano para crear un prototipo terminado. Una vez que el equipo estuvo satisfecho de que la copia era fiel hasta el último detalle, se recubrió con capas de silicona y se reforzó con una camisa de fibra de vidrio para crear un molde.
Los moldes se terminaron luego con una capa de cera, para dar una apariencia aún más auténtica.

Un gran regreso a casa
La Fuerza Aérea Española ayudó a trasladar las estatuas a su nuevo hogar. Primera parada: Bagdad. Después, el Gobierno iraquí asumió la responsabilidad del traslado a Mosul, situada a unos 400 kilómetros al norte de la capital.
Se fabricaron cajas de embalaje especializadas con el apoyo financiero del Museo Nacional de Antigüedades de los Países Bajos. Una vez en el lugar, en Mosul, se tardaron tres días en volver a montar las réplicas de los lamassu, que se presentaron en octubre de 2019.

Según un portavoz, la Factum Foundation tenía la intención de documentar artefactos en Nínive, pero el proyecto no pudo llevarse a cabo debido a la inestabilidad de la región. No obstante, la siguiente fase de este plan consistirá en enseñar a los estudiantes de la Universidad de Mosul a utilizar herramientas y técnicas de registro en 3D.
Réplicas para la reconstrucción
La inestabilidad política de Oriente Medio pone de relieve uno de los grandes beneficios de la tecnología: la reconstrucción y la preservación en una de las regiones más volátiles, pero también más ricas en historia, del mundo.
Consideremos los daños que causó el Estado Islámico en todo Oriente Medio. Cuando el ejército iraquí fue expulsado de Mosul, comenzó una campaña de destrucción.
Miles de libros fueron quemados frente a la entrada principal de los estudiantes de la Universidad de Mosul, donde se erigirán las nuevas réplicas de los lamassu. Los insurgentes también destruyeron numerosas estatuas antiguas, entre ellas otro lamassu en la Puerta de Nergal, en la entrada de la cercana Nínive, y gran parte del yacimiento histórico de Nimrud, atacado en 2016.
Por entonces, la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, describió los hechos como uno de los “actos de destrucción de colecciones bibliotecarias más devastadores de la historia de la humanidad.”




