Tienes una tendencia natural a pensar en negativo. Así puedes cambiarla

A white lion named Brutus is seen at the Drakenstein Lion Park near Cape Town December 29, 2015. Brutus, who fathered three "miracle" cubs despite having had a vasectomy in his youth, is going back to the vet to have the operation a second time. Brutus and his partner Nala, who live at the Drakenstein Lion Park, stunned staff at the sanctuary when she gave birth to the cubs just before Christmas. REUTERS/Mark Wessels TPX IMAGES OF THE DAY - RTX20F58
Our skew to the negative is an effective way to avoid predatorsImage: REUTERS/Mark Wessels
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Imagina que vives hace miles de años entre nuestros antepasados. A diferencia de muchos de tus contemporáneos, eres una persona prehistórica escandalosamente optimista que recorre la sabana agradecida de estar viva.

Un día, en plena expedición de caza y recolección, te detienes un momento para mirar a tu alrededor y observar el entorno. A tu izquierda, al acecho detrás de un arbusto, ves un animal. Nunca antes habías visto uno. Es un león. «Vaya, qué criatura tan fascinante». piensas. «Me acercaré para verlo mejor».

Quizá el león sea amistoso y puedas disfrutar de un encuentro interesante. Lo más probable es que te despedace.

El sesgo hacia la negatividad

Durante la mayor parte de la historia humana, las decisiones basadas en un análisis de costes y beneficios han favorecido a quienes tenían una visión pesimista. Puede que nos perdiéramos algunas oportunidades, pero en un mundo lleno de amenazas, esperar lo peor aumentaba considerablemente la probabilidad de que nuestro ADN permaneciera en el acervo genético. El sesgo hacia la negatividad en nuestra forma de pensar era adaptativo.

Avancemos unos milenios: nuestros cuerpos y cerebros siguen formándose a partir de una carga genética muy similar, que influyó en las predisposiciones de nuestros antepasados.

Nuestros cerebros siguen funcionando de acuerdo con este sesgo hacia la negatividad. Numerosas pruebas indican que lo «malo» tiene más fuerza que lo «bueno» como principio general en una amplia variedad de fenómenos psicológicos.

¿La amenaza de enfermar nos motiva a cambiar de comportamiento?

Por desgracia, aunque esta tendencia es eficaz para evitar a los depredadores, nuestro sesgo innato hacia lo negativo no parece servir para motivarnos a tomar buenas decisiones en el mundo moderno. Es mucho menos probable que nos devore un depredador, pero las enfermedades crónicas, asociadas a malas decisiones sobre el estilo de vida, son una causa de muerte cada vez más agresiva a escala mundial.

Si te diagnosticaran una enfermedad grave, como una cardiopatía, cáncer, una enfermedad respiratoria o diabetes, podrías pensar que eso bastaría para motivarte a cambiar de comportamiento. En 2012, unos investigadores plantearon esta pregunta a partir de datos longitudinales de 17.276 personas. El objetivo principal era investigar cómo se comportaban los pacientes antes y después de recibir un diagnóstico grave.

Tras analizar los 12 años de datos que abarcaba el estudio, los investigadores concluyeron que las personas rara vez adoptaban hábitos de vida más saludables, incluso después de recibir un diagnóstico de una enfermedad crónica.

Y eso, pese a las sólidas pruebas de que adoptar un estilo de vida más saludable puede alargar la vida, reducir la probabilidad de que la enfermedad reaparezca y mejorar la calidad de vida. Las malas noticias no parecen ser un incentivo eficaz para cambiar, pero seguimos recurriendo al sesgo hacia la negatividad para tratar de influir en el comportamiento. ¿Hay otras opciones?

¿Una solución al sesgo hacia la negatividad?

El Dr. Richard Boyatzis es experto en inteligencia emocional y cambio de comportamiento. En 2013, Boyatzis y su colega investigador, el Dr. Anthony Jack, colaboraron en un estudio para evaluar distintos métodos de coaching y mentoría.

Los investigadores dividieron a un grupo de voluntarios en dos. Cada voluntario participó en una entrevista de 30 minutos sobre temas relacionados con el «coaching de vida» y el rendimiento, pero los coaches que realizaron las entrevistas emplearon dos técnicas distintas.

Grupo uno:

Los coaches hicieron preguntas centradas en los problemas y retos a los que se enfrentaban los voluntarios. Recurrieron a técnicas de resolución de problemas para intentar encontrar soluciones. Este enfoque tendía a sacar a relucir cuestiones relacionadas con las expectativas de otras personas, las debilidades, las obligaciones y los miedos.

Grupo dos:

Los coaches hicieron preguntas para animar a los voluntarios a imaginar un futuro positivo, por ejemplo, cómo les gustaría que fuera su vida dentro de 10 años. Las preguntas les ayudaron a describir su visión con más detalle.

El Dr. Boyatzis describe el enfoque de coaching del grupo dos, centrado en la visión, las esperanzas y los sueños, como «coaching y mentoría orientados al Atractor Emocional Positivo (PEA)». Este enfoque contrasta con el coaching del grupo uno, que se caracteriza como un coaching orientado al «Atractor Emocional Negativo (NEA).» Transcurridos entre cinco y siete días, se pidió a los voluntarios de ambos grupos que volvieran y respondieran una serie de preguntas de seguimiento del mismo coach, que utilizó el mismo enfoque que en la primera entrevista.

Durante esta segunda ronda de preguntas, se escaneó el cerebro de los estudiantes mediante fMRI, una técnica de neuroimagen que detecta cambios asociados al flujo sanguíneo, para medir la actividad cerebral. Los resultados demostraron que los dos enfoques de entrevista activaban regiones cerebrales diferentes y claramente diferenciadas.

El enfoque del Atractor Emocional Negativo, que daba prioridad a los problemas frente a la visión, activó el sistema nervioso simpático de «lucha o huida» y regiones cerebrales asociadas a culparnos y experimentar estados de ánimo negativos. Cuando experimentamos el NEA, nuestro sistema nervioso simpático adquiere mayor predominio. Fisiológicamente, aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y también es más probable que tomemos decisiones basadas en atajos de pensamiento rápidos e instintivos, aunque a veces erróneos. Tenemos más tendencia a ser inflexibles que flexibles.

Un posible mecanismo del PEA

La diferencia en el flujo sanguíneo cerebral entre ambas condiciones apunta a un mecanismo subyacente que podría ayudar a explicar por qué el enfoque del Atractor Emocional Positivo es más eficaz. En el estudio, al parecer, el coaching y la mentoría orientados al PEA activaron regiones cerebrales asociadas a elaborar un plan o una visión de futuro.

Cuando centramos la atención en temas positivos, se activan los circuitos de recompensa y las áreas cerebrales asociadas a experimentar estados de ánimo positivos. Además, nuestro sistema nervioso parasimpático (de «descanso y digestión») adquiere mayor predominio.

Cuando reducimos nuestra percepción de la amenaza, nuestra mente puede considerar que es seguro dedicar más tiempo a tomar decisiones y reflexionar más a fondo. Nos volvemos más flexibles desde el punto de vista cognitivo: podemos imaginar múltiples futuros posibles y considerar ideas nuevas, además de tener en cuenta cómo piensan y sienten los demás.

Estos patrones de actividad son fundamentales para la motivación, para mantener los sentimientos positivos y para perseverar cuando afrontamos dificultades; características cruciales si intentamos cambiar nuestro comportamiento y avanzar hacia una meta.

Un enfoque positivo para prosperar

El psicólogo y periodista Dan Goleman cita al Dr. Boyatzis: «Necesitas un enfoque negativo para sobrevivir, pero uno positivo para prosperar».

Se ha demostrado que el coaching y la mentoría que nos animan a imaginar una visión positiva del futuro y centrar la atención en las posibilidades y los sueños favorecen el cambio de comportamiento y aumentan la probabilidad de que logremos lo que esperamos.

Eso no significa que debamos ignorar por completo los problemas. Más bien, cuando empieces a pensar en un nuevo reto u oportunidad, plantéate cuál será tu punto de partida. ¿Empezarás enumerando los problemas y las amenazas, o darás un paso atrás, cuestionarás conscientemente tu sesgo hacia la negatividad y partirás de una visión de un futuro más positivo, marcado por el crecimiento, el aprendizaje, el desarrollo y las posibilidades? Las pruebas indican que este podría ser el enfoque más eficaz; salvo, claro está, que tengas un león delante.

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