En septiembre, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibió al primer ministro de India, Narendra Modi, en una reunión muy esperada, en la que, según un comunicado de la Casa Blanca, hablaron de formas de «acelerar el crecimiento económico, reforzar la cooperación en materia de seguridad y colaborar en actividades que reporten beneficios a largo plazo para ambos países y el mundo». Los dos líderes afirmaron además que trabajarían en «la cooperación en todos los sectores en beneficio de la estabilidad mundial y los medios de vida de las personas durante los próximos 10 años». Modi señaló: «Ahora tenemos que recuperar el impulso y asegurarnos de aprovecharlo al máximo para nuestro pueblo y el mundo».
El momento es propicio. Últimamente, los inversores mundiales tienen a India muy presente. Optimistas por la trayectoria de Modi favorable a las empresas y su histórico mandato político para impulsar reformas, los inversores han hecho subir más de un 34% este año el Sensex, el índice Sensitive de la Bolsa de Bombay, convirtiéndolo en uno de los mercados bursátiles con mejor desempeño del mundo, una importante señal de confianza en el empeño de Modi por crear empleo e impulsar la economía.
Por importantes que sean la mejora de la confianza empresarial y el alza de los precios de las acciones, no bastan. Solo mediante un crecimiento económico rápido y sostenido reducirá India de forma apreciable los niveles de pobreza y aprovechará plenamente su dividendo demográfico.
La historia demuestra que no es fácil lograrlo. Desde 1950, solo 13 países en desarrollo han alcanzado tasas de crecimiento del 7% o más durante 25 años o más. El PIB de India no ha superado el 7% desde 2010, y algunos prevén que no volverá a hacerlo hasta 2019.
Aunque no existe una fórmula precisa para lograr un crecimiento a largo plazo, sí sabemos que una educación de alta calidad es un factor fundamental de impulso Twitter.
El capital humano es la clave
En un influyente informe del Banco Mundial sobre los mejores enfoques para lograr un crecimiento económico sólido y reducir la pobreza, un distinguido panel de las principales mentes económicas del mundo concluyó que «todos los países que mantuvieron un crecimiento elevado durante largos periodos realizaron esfuerzos sustanciales para educar a sus ciudadanos y profundizar su capital humano».
Las cifras no podrían ser más claras:
Cada año adicional de educación aumenta los salarios un promedio del 10%.
Un año adicional de escolarización eleva, en promedio, el PIB de un país un 0,5% anual.
Una población educada impulsa el crecimiento económico por múltiples vías. Por ejemplo, India solo podrá construir su infraestructura con éxito si cuenta con una masa crítica de ingenieros, fontaneros y electricistas debidamente capacitados. Una ciudadanía más educada también se traduce en una mejor gobernanza y mejores resultados en materia de salud.
El expediente educativo de India muestra un amplio margen de mejora. El Índice de Capital Humano del Foro Económico Mundial, que tiene en cuenta la calidad de la educación además del acceso, situó a India en el puesto 78 de 122 países. El último Informe sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas situó en poco más de cuatro los años medios de escolarización de India y en apenas el 63% su tasa de alfabetización entre las personas de 15 años o más. En otras palabras, India alberga la mayor población de adultos analfabetos del planeta. El informe anual de 2013 sobre el estado de la educación (ASER), elaborado por la ONG india Pratham a partir de una muestra de 569.664 niños, muestra que apenas el 47% de los alumnos indios de quinto grado puede leer al nivel de segundo grado.
«Aunque no existe una fórmula precisa para lograr un crecimiento a largo plazo, sí sabemos que una educación de alta calidad es un factor fundamental de impulso».
La magnitud del problema es abrumadora, pero puede superarse. El primer paso es centrarse seriamente en la educación. El primer ministro Modi ya ha demostrado su compromiso con esta cuestión: el BJP publicó un manifiesto educativo y prometió aumentar el gasto público en educación del 4% del PIB al 6%, así como revisar «las estructuras salariales del personal docente».
Educación para todos
El gobierno del BJP también pidió universalizar la educación secundaria y evaluar su programa insignia Sarva Shiksha Abhiyan (Educación para todos), diseñado para hacer que la educación primaria esté fácilmente disponible y sea obligatoria. El gobierno anunció además un plan para abrir nuevas escuelas y reforzar la infraestructura existente, proporcionando aulas adicionales, baños y agua potable, y ampliando el alcance de las instalaciones educativas.
Sin embargo, el segundo paso, de importancia fundamental, consiste en ir más allá del acceso e incorporar un énfasis en la calidad. Las aspiraciones del primer ministro Modi de ampliar el acceso a la educación son encomiables. Pero, como afirma el estudio ASER, la presencia de la educación debe ir acompañada de resultados de aprendizaje satisfactorios.
Las cifras de matriculación de India son relativamente altas: más del 96% de los niños de entre 6 y 14 años están escolarizados. Sin embargo, queda mucho por hacer respecto de las competencias básicas de estos niños. El estudio ASER halló que la proporción de alumnos de tercer grado capaces de leer, al menos, al nivel equivalente al primer grado aumentó ligeramente, del 38,8% en 2012 al 40,2% en 2013. Además, el informe ASER constató que los niños seguían teniendo dificultades con la aritmética básica: por ejemplo, solo el 26,1% de los alumnos de tercer grado podía hacer restas sencillas.
El problema solo se agravará en los años posteriores: ¿cómo puede aprender un estudiante a un nivel superior si no domina los fundamentos de la lectura y la aritmética?
«India solo podrá construir su infraestructura con éxito si cuenta con una masa crítica de ingenieros, fontaneros y electricistas debidamente capacitados».
Es imperativo que las soluciones cuenten con aportaciones de todas las partes interesadas pertinentes, incluidos no solo el gobierno indio, sino también los ciudadanos de India, la sociedad civil, los emprendedores y las empresas.
Sé que los esfuerzos colaborativos entre los sectores público y privado pueden funcionar. Por ejemplo, en una pequeña aldea de Bihar, las tasas de alfabetización pasaron del 30% al 60% al reorganizar las aulas según la capacidad lectora en lugar de la edad: una intervención de bajo costo y muy eficaz que finalmente se implantó en 70.000 escuelas gracias a un esfuerzo coordinado de Pratham, voluntarios ciudadanos y el gobierno local.
La lección es que, en gran medida, ya se conocen las soluciones; el desafío pendiente es ampliarlas. Alentamos al gobierno del BJP a aprovechar estas lecciones y colaborar con organizaciones privadas para alcanzar sus objetivos. Los ciudadanos y las organizaciones como Pratham pueden diseñar y ejecutar soluciones reales para mejorar la calidad de la educación. La magnitud y la urgencia del desafío educativo de India son tales que la colaboración entre los sectores público y privado es el único camino a seguir.
El regreso del optimismo empresarial es positivo, e India sigue estando en una posición única para convertirse en la principal historia de crecimiento impulsado por la inversión del mundo durante las próximas dos décadas. Sin embargo, durante demasiado tiempo India ha sido, sobre todo, una historia de potencial. Convertir las posibilidades en realidad exigirá prestar mayor atención a la educación de calidad.
Podría decirse que es la única inversión que realmente importa.
Este artículo se publica en colaboración con Knowledge @ Wharton. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Mitul Desai es vicepresidente de Alianzas y Analítica de Investigación Global en MasterCard.
Imagen: Niños rezan durante una asamblea matutina en una escuela de la aldea de Ralegan Siddhi, situada en el distrito de Ahmednagar, a unos 250 km (155 millas) al sudeste de Mumbai, el 17 de junio de 2011. REUTERS/Danish Siddiqui.

