Por qué la ciberresiliencia debe ser concreta, cooperativa y colectiva

A coder works at a computer in a dark room.
Today’s cyber domain is characterized by impacts cascading across networks, industries and borders.Image: Mika Baumeister/Unsplash
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  • La creciente interconexión global genera riesgos sistémicos que exigen pasar de la ciberseguridad individual a la resiliencia colectiva.

  • La fragmentación geopolítica y las lagunas regulatorias debilitan actualmente la cooperación necesaria para gestionar las sofisticadas amenazas cibernéticas internacionales.

  • La aplicación de medidas concretas, como las normas de la ONU y el fomento de capacidades, contribuirá a proteger la infraestructura digital vital.

Hoy en día, unos 5.500 millones de personas –casi el 70% de la población mundial– utilizan internet. Y ese uso es vital para sus vidas, ya que los sistemas de salud, los mercados financieros, los servicios públicos e incluso las elecciones dependen de una compleja red de infraestructura digital que hoy llega a todos los rincones de la Tierra.

Esta intensa interconexión global conlleva, sin duda, grandes beneficios, pero también trae consigo grandes riesgos.

Un ataque informático exitoso contra una pequeña empresa de software ucraniana podría no parecer un asunto relevante para el resto de nosotros, pero en el plazo de un año desde que se vulneraron los servidores de M.E.Doc en 2017, elincidente NotPetya había costado a empresas de todo el mundo más de 10.000 millones de dólares. El ataque WannaCry golpeó primero y con mayor dureza al Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, pero en cuestión de días se habíaextendido a más de 150 países. Y cuando el CICR fue blanco de un ataque en 2022, quedaron expuestos datos sensibles relacionados conmás de medio millón de personas en todo el mundo.

Aunque gran parte del daño es consecuencia de una epidemia mundial de ciberdelincuencia cuyos costosya ascienden a billones, la creciente frecuencia de los ciberataques vinculados a Estados contra infraestructuras civiles y humanitarias hace que el panorama no sea tan sencillo.

Por el contrario, el ámbito cibernético actual se caracteriza por impactos que se propagan en cascada a través de redes, industrias y fronteras, con una gama increíblemente diversa de actores afectados e implicados. La creciente escala y la sofisticación de estos desafíos significan que las soluciones técnicas y limitadas en materia de ciberseguridad ya no son suficientes.

La gravedad de estos impactos y la necesidad de una respuesta concertada y colectiva quedan patentes en el hecho de que, en los últimos años, el Consejo de Seguridad de la ONU ha sido informado en repetidas ocasiones sobre las amenazas cibernéticas para la paz y la seguridad internacionales.

El reconocimiento de la gravedad de la situación también ha impulsado un cambio conceptual hacia la idea deciberresiliencia en lugar de ciberseguridad. Hoy el enfoque va más allá de las redes individuales y se centra en la cuestión, más amplia y más acertada, de cómo los sistemas y las sociedades pueden reaccionar, adaptarse y recuperarse de manera colectiva cuando se producen ataques exitosos.

Cooperación en tiempos de fragmentación

Si bien las empresas y los gobiernos comprenden cada vez más la necesidad de un enfoque intersectorial y global, su labor se ve obstaculizada por la creciente fragmentación del propio ámbito digital.

Esto se debe a los rápidos avances tecnológicos y a las diferencias en posturas políticas, enfoques regulatorios y capacidades organizativas. En conjunto, estos factores crean líneas de falla que hacen más probable la infiltración cibernética, como se observa en los siguientes ámbitos:

Desde distintos ángulos, estas diversas presiones y carencias estructurales hacen que ninguna empresa, gobierno u organismo internacional tenga por sí solo la visibilidad, la autoridad o la capacidad necesarias para gestionar plenamente los riesgos cibernéticos internacionales. Sin embargo, la misma fragmentación que dificulta tanto la cooperación también hace que esta sea más urgente que nunca.

Cumplir la promesa de la ciberresiliencia

Por supuesto, ya se están llevando a cabo esfuerzos colectivos y cooperativos, y estos sientan una base sólida para la arquitectura de ciberresiliencia que necesitamos. Pero para marcar una diferencia real, debemos ir más allá de la negociación y avanzar hacia el trabajo concreto de implementación.

Tomemos, por ejemplo, las 11 normas voluntarias y no vinculantes sobre el comportamiento responsable de los Estados en el ciberespacio, respaldadas por la Asamblea General de la ONU en 2015 y reafirmadas en 2021. Para aprovechar el potencial de sus normas en materia de protección de infraestructuras críticas, los Estados deben, en primer lugar, identificar y designar qué se considera infraestructura crítica, asignar la responsabilidad sobre ella a una agencia competente, desarrollar una capacidad cibernética eficaz dentro de dichas agencias y crear normas sobre la notificación de incidentes y la cooperación, a fin de garantizar que los ataques y su propagación se rastreen y aborden debidamente.

Otra medida complementaria y concreta que pueden adoptar los gobiernos es reforzar su participación en medidas de fomento de la confianza, comoel directorio mundial de puntos de contacto. Esta iniciativa establece canales de comunicación directa y segura sobre incidentes cibernéticos, incluidos los que afectan a infraestructuras críticas, para reducir tensiones, aclarar malentendidos y promover respuestas colectivas más eficaces mediante el intercambio de información y capacidades.

Esta capacidad en sí misma es un requisito previo para un cumplimiento adecuado y una asistencia cooperativa, por lo que debe fortalecerse. Esto podría adoptar la forma de desarrollo de competencias para el personal técnico propio, la creación de equipos especializados de respuesta a incidentes cibernéticos, el apoyo de empresas y de instituciones públicas consolidadas a las pequeñas y medianas empresas en sus propios esfuerzos de fomento de capacidades, y la puesta en común de conocimientos y habilidades para respaldar a países y regiones con menos recursos de todo el mundo.

Una cooperación eficaz dependerá también de tratar a la industria, la sociedad civil y el mundo académico como socios operativos. Iniciativas como elAcuerdo Tecnológico de Ciberseguridad, elLlamado de París, elForo de Gobernanza de Internet y elCentro para la Ciberseguridad del Foro Económico Mundial ya marcan el camino a seguir, al igual que las plataformas inclusivas como laConferencia sobre Estabilidad Cibernética de UNIDIR y la más ampliaSemana Cibernética de Ginebra, ambas celebradas anualmente en mayo.

En los próximos meses también se pondrá en marcha el Mecanismo Mundial de la ONU sobre la Seguridad de las TIC, que proporcionará una vía permanente y única para que los gobiernos garanticen que los avances hacia un progreso más concreto se mantengan encaminados, para fortalecer aún más las medidas de fomento de la confianza y para redoblar los esfuerzos por mejorar el fomento de capacidades en todos los ámbitos.

Solo este tipo de esfuerzo concreto, cooperativo y colectivo puede construir verdaderamente la ciberresiliencia en cada eslabón de la cadena y proteger la infraestructura digital vital que hoy desempeña un papel tan clave en nuestra vida como individuos y en la vida de nuestra especie.

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