Cuando internet y la World Wide Web empezaron a existir a principios de la década de 1990, pocos predijeron que la tecnología transformaría industrias enteras, empresas, culturas y gobiernos. Hoy, con 5 onzas de asombrosa potencia de telefonía móvil en sus manos, más de 3.000 millones de personas en el planeta participan en esta revolución digital en curso.
En la última década, las tecnologías de nube, sociales y móviles, junto con un mayor acceso a la banda ancha inalámbrica en todo el mundo, han llevado la tecnología digital a la vida cotidiana. Todo el mundo y todo está cada vez más conectado.
Gestionar una empresa desde un teléfono inteligente
Cuando fundamos Salesforce hace 15 años, nunca imaginé que podría gestionar mi empresa desde mi teléfono inteligente. Pero hoy es una realidad. A menudo sobrestimamos lo que se puede lograr en un año y subestimamos lo que se puede lograr en una década o incluso en un siglo. A modo de comparación, la primera calculadora digital, presentada por primera vez en 1944, pesaba casi 5 toneladas, medía 51 pies de largo y 8 pies de alto, y constaba de 765.000 piezas y más de 500 millas de cable.
Un resultado del creciente poder y alcance de la tecnología digital es la creación de enormes cantidades de datos. De hecho, algunos investigadores estiman que el 90 % de los datos del mundo se ha creado tan solo en los últimos dos años.
Además de miles de millones de personas que comparten imágenes, vídeos, textos, «me gusta» y tuits, miles de millones de dispositivos con sensores integrados envían a diario billones de señales en tiempo real —como coordenadas GPS, datos medioambientales, secuencias de clics y monitorización de la salud— a la nube. Un avión moderno envía hasta medio terabyte de datos por vuelo desde sensores que supervisan los motores a reacción, los flaps, los controles de vuelo y otras partes.
Las oportunidades en la avalancha de datos
Esta avalancha de datos está creando una nueva oportunidad para aprovechar la información de maneras extraordinarias. Es el comienzo de una revolución de la ciencia de datos que va a cambiar el mundo de forma profunda. Enterrados en el torrente de datos hay conocimientos clave que pueden extraerse aplicando el aprendizaje automático y otras técnicas de ciencia de datos. Esta revolución consiste en ir más allá de la mera automatización de los procesos empresariales hacia la próxima generación de computación predictiva basada en datos.
Los sensores integrados en las carreteras pueden alertar a los conductores, o a los coches autónomos, sobre condiciones peligrosas en las rutas que han introducido en sus sistemas de navegación. Las pulseras de actividad y otros dispositivos ponibles que registran datos de salud pueden alertar a los usuarios y a sus proveedores de atención médica sobre posibles problemas, y los datos agregados de millones de usuarios anonimizados de esos dispositivos podrían utilizarse para descubrir conocimientos que, con el tiempo, podrían salvar vidas.
Los algoritmos de aprendizaje automático pueden analizar enormes cantidades de datos con poca o ninguna intervención humana y captar los conocimientos que pueden conducir a predicciones más precisas. Por ejemplo, un radiólogo no tiene la capacidad ni el tiempo para procesar e interpretar millones de imágenes médicas a fin de detectar patrones sutiles que permitan identificar rápidamente, de un vistazo, varios tipos de cáncer. Al utilizar la ciencia de datos para analizar millones de imágenes, todos los radiólogos podrían tener acceso a la ayuda diagnóstica más completa y precisa, desde cualquier lugar del mundo.
De combatir el ébola al fraude
La ciencia de datos también puede conducir a proyecciones más precisas de la propagación de enfermedades infecciosas, como el ébola, o predecir si deben bloquearse transacciones financieras porque probablemente sean fraudulentas. Con datos agregados de diversas fuentes, las empresas podrían predecir qué productos tienen más probabilidades de generar problemas de servicio inusuales, lo que les permitiría colaborar de forma proactiva con proveedores y clientes para mitigar los problemas.
El escenario está preparado para que la inteligencia generada por la ciencia de datos se convierta en parte del tejido de internet. Cada aplicación que recopile y proporcione datos ofrecerá algún tipo de inteligencia desde la nube. Además, con la reducción de los costes de almacenamiento de datos, el aumento de las velocidades de procesamiento y las mejoras en los algoritmos de aprendizaje automático, la ciencia de datos está a punto de dar grandes saltos adelante.
Pero por cada posible avance que aportan la ciencia de datos y el incesante flujo de datos, hay cuestiones de seguridad y privacidad que deben abordarse. En última instancia, esta revolución tecnológica digital global debe formar parte de una revolución de la confianza. La gente quiere transparencia, el derecho a saber cómo se utiliza su información y qué datos puede reservarse. Ante la creciente preocupación por las brechas de seguridad, como las intrusiones del año pasado en Home Depot, Target, J.P. Morgan y Sony, también debemos redoblar los esfuerzos para proteger la información de los usuarios. Si no podemos hacerlo, no puede haber confianza.
Todos tenemos la responsabilidad de aprovechar el poder de la tecnología de una manera que genere confianza. Sin ese compromiso, la promesa de la nube, las tecnologías sociales y móviles y la ciencia de datos para transformar nuestras vidas y empresas nunca se hará plenamente realidad.
Autor: Marc Benioff es presidente y director ejecutivo de Salesforce
Imagen: Un corredor observa las cotizaciones bursátiles mientras opera en una empresa de corretaje en Mumbai, el 22 de agosto de 2013. REUTERS/Danish Siddiqui


