¿Cómo podemos defendernos de los ciberdelincuentes?

¿Cómo podemos defendernos de los ciberdelincuentes?
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Este artículo se publica en colaboración con Techonomy.

Internet es la nueva frontera del delito, y además una frontera cada vez más rentable.

Según el estudio Cost of Cyber Crime de 2015 del Ponemon Institute, entre las empresas encuestadas, el coste medio que la piratería informática supone para una organización estadounidense asciende a la asombrosa cifra de 15,4 millones de dólares al año. Los expertos del sector creen que muchos incidentes de seguridad no se denuncian y que la cifra real podría ser considerablemente mayor. En un mundo en el que los ordenadores se utilizan prácticamente en todas partes y una dirección web es la lengua franca del comercio mundial, la misión de proteger nuestro ámbito digital nunca ha sido tan importante.

A medida que pensamos en la seguridad de la información en las dimensiones personal, organizativa y nacional, es importante que comprendamos quiénes son los atacantes y cómo operan con tanto éxito, a fin de crear soluciones que les hagan frente.

El ecosistema de la piratería informática es asombroso por su amplitud y sofisticación. Ya no se limita a actores desaprensivos y a jóvenes descontentos. La delincuencia organizada reparó en las oportunidades del ciberdelito hace más de 20 años y ha construido una economía compleja y especializada. Algunos grupos desarrollan las herramientas de piratería y las venden con un beneficio exorbitante. Otros compran dichas herramientas y las utilizan para atacar organizaciones con el fin de robar activos valiosos o extorsionar al objetivo para que deje de atacar o devuelva bienes. Y otros se dedican a blanquear activos robados a través de una infinidad de monedas digitales. Es una economía que funciona muy bien para los malos.

Por desgracia, la situación empeora. No se trata solo de organizaciones criminales. Los Estados nación acumulan ciberarmas capaces de interrumpir redes eléctricas y sistemas bancarios, entre otros objetivos. Los activistas políticos y los terroristas también son actores importantes en los esfuerzos por destruir a sus enemigos por medios digitales.

La economía del ciberdelito es sólida. Una empresa pagó recientemente 1 millón de dólares por una única vulnerabilidad explotable a distancia en la última versión de iOS. Estas vulnerabilidades se convierten en malware muy avanzado que puede operar sigilosamente durante meses e incluso años, replicándose en silencio, agotando los recursos de su host o esperando el momento perfecto para lanzar un ataque masivo.

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Si consideramos los esfuerzos de los buenos para mitigar los riesgos de estas amenazas avanzadas, la tarea no es desesperada, pero sí exige que los profesionales de la seguridad de la información replanteen por completo sus estrategias. Cuando los virus informáticos aparecían al ritmo de unos pocos al año y el valor de los datos era relativamente modesto, solíamos pensar en centrarnos en soluciones preventivas.

En un mundo en el que incluso los automóviles son atacados por piratas informáticos, el sinfín de amenazas desborda este enfoque. Lo más inteligente es apostar por que nuestras organizaciones sean más ágiles e inteligentes a la hora de responder a los ataques. Detectar los ataques con más rapidez, contener el alcance del daño y lograr una recuperación rápida tienen un gran potencial para mejorar nuestra postura en ciberseguridad. Las organizaciones más avanzadas se están volviendo más proactivas y están «cazando» indicadores de compromiso o exposiciones concretas, y actúan sobre ellos antes de que tengan oportunidad de manifestarse.

Hay varios ámbitos en evolución que interesan a los profesionales de la seguridad de la información. Detectar los incidentes con más rapidez, comprender los objetivos finales de los ataques y encontrar soluciones creativas para la capacidad de supervivencia están ganando atención. Muchas empresas invierten en inteligencia de amenazas, que no solo aporta una visión más amplia de los grupos de piratas activos, sino que incluso puede predecir qué empresas son sus objetivos. También constatamos un aumento del uso de Big Data para realizar análisis de seguridad en prácticamente todos los equipos informáticos de una organización, con el fin de identificar actividades correlacionadas que puedan indicar un compromiso.

Una de las vías más prometedoras para mejorar la seguridad proactiva, y que merece un uso mucho mayor, es el intercambio de información sobre incidentes de seguridad.

Hoy en día es bastante habitual que una organización que ha sufrido un ataque guarde silencio al respecto, salvo que tenga una obligación específica de notificación. La analogía de los equipos de seguridad de la información como cuerpos de bomberos privados, que apagan sus propios incendios mientras ven arder la casa del vecino, es acertada. Compartir incidentes puede no resultar de gran utilidad para la primera empresa atacada por una instancia concreta de malware avanzado. Sin embargo, cada organización posterior que reciba la información sobre el incidente obtendrá un beneficio enorme, ya que podrá priorizar y responder a problemas graves. Quienes compran un fallo de iPhone por 1 millón de dólares cuentan con que la vulnerabilidad tenga una vida útil considerable y con la posibilidad de rentabilizarla a lo largo de miles de ataques. El intercambio de incidentes altera la economía de los malos, al tiempo que proporciona a los buenos inteligencia práctica para detectar un ataque en curso mucho antes en su ciclo de vida.

Consideramos que el intercambio de incidentes es un concepto poderoso, pero debe aplicarse de forma estructurada. Las comunidades que comparten información deben verificar a sus participantes y proteger sus identidades. Rackspace, donde yo trabajo, se compromete a afrontar los retos del intercambio de incidentes y recientemente aceptó presidir una iniciativa para crear un Centro de Intercambio de Incidentes Cibernéticos para proveedores de nube, junto con la Cloud Security Alliance.

Esperamos liderar iniciativas para trabajar con nuestros competidores y hacer del intercambio de información sobre incidentes de seguridad una práctica habitual en la próxima generación de estrategias de seguridad de la información, y una disrupción importante para el inframundo criminal de Internet. En la actualidad, este se beneficia de nuestra incapacidad para colaborar.

La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Brian Kelly es director de seguridad de Rackspace.

Imagen: Una mano se recorta en silueta frente a la pantalla de un ordenador en esta ilustración fotográfica. REUTERS/Pawel Kopczynski.

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