Para 2024, los datos personales del 75 % de la población mundial estarán protegidos por normas modernas de privacidad.
Las empresas deben asegurarse de contar con prácticas específicas de privacidad.
Y con estrategias para comprender y gestionar los derechos de los consumidores sobre sus datos.
La normativa sobre datos existe, con razón, para proteger a los consumidores y garantizar que su información personal y sensible siga siendo privada. Sin embargo, en la práctica podría afectar a la colaboración entre empresas en iniciativas clave destinadas a mejorar el bienestar financiero, físico y general de millones de personas.
Una investigación de Gartner señala que, para 2024, los datos personales del 75 % de la población mundial estarán protegidos por normas modernas de privacidad, y que las empresas que no sepan desenvolverse en este entorno cada vez más complejo podrían pagar un precio elevado. Gartner prevé que, para 2025, las demandas y reclamaciones por vulneraciones de la privacidad relacionadas con el tratamiento de información biométrica y los sistemas ciberfísicos darán lugar a multas e indemnizaciones por más de 8.000 millones de dólares.
Muchas empresas necesitan compartir datos para apoyar y proteger al público, manteniendo su información confidencial. Un problema fundamental es la fragmentación de los datos en múltiples silos, tanto dentro de las organizaciones y a través de las fronteras como entre empresas, con preocupaciones normativas que afectan a ambos ámbitos. Esto supone un reto para las empresas, que a menudo carecen de garantías de privacidad y seguridad para compartir y acceder a la información de acuerdo con los requisitos normativos.
Mejorar la salud pública y salvar vidas
En el sector sanitario, proteger los datos de los pacientes es fundamental por su carácter sensible. Los datos genómicos y clínicos, los registros de enfermedades de los pacientes y los registros electrónicos de salud existen por separado y están distribuidos entre miles de hospitales y organizaciones de investigación. Sin embargo, imaginemos que los hospitales, las empresas farmacéuticas y las organizaciones de investigación pudieran compartir esos datos y colaborar con ellos. Esto podría tener un efecto considerable en la salud de la población, salvar vidas y mejorar la calidad de la atención.
La investigación sanitaria, por ejemplo, depende de compartir datos clínicos y genómicos para avanzar en los tratamientos. Esto permitiría a las empresas identificar y desarrollar tratamientos para personas con predisposiciones genómicas y podría ayudar a determinar la eficacia de las mediciones de los tratamientos en distintos sistemas hospitalarios. Por ejemplo, compartir datos podría ayudar a identificar enfermedades raras y crear planes de tratamiento individualizados para evitar que estas se desarrollen en los pacientes.
Las empresas farmacéuticas también podrían mejorar sus fórmulas farmacológicas, lo que podría mejorar notablemente los tratamientos.
Combatir los delitos financieros
Al igual que los datos de salud, los datos financieros son muy sensibles, pero también pueden ser un recurso para proteger a las personas de los delitos financieros. Los bancos y otras instituciones financieras deberían recurrir a la colaboración en el uso de datos para luchar contra el fraude y el blanqueo de capitales, pero la compartimentación y fragmentación de los datos también supone un problema en este ámbito.
Un cliente típico tendrá varias cuentas con distintos proveedores, además de relaciones con distintas divisiones de un mismo proveedor. Como resultado, el historial de datos financieros del usuario final está tan fragmentado que las instituciones no logran comprenderlo realmente como cliente. De hecho, puede que las instituciones solo vean entre el 15 % y el 25 % de la actividad financiera total de sus propios clientes. Si las instituciones financieras no conocen de verdad a sus clientes, les resultará difícil ofrecer productos oportunos y útiles. Les costará protegerse eficazmente a sí mismas y a sus clientes contra el fraude.
Cumplimiento de la normativa sobre datos
Las empresas de los sectores sanitario, financiero y de otras industrias solo pueden compartir datos si preservan la privacidad y la confidencialidad y, al mismo tiempo, cumplen la normativa en un entorno regulatorio cada vez más complejo.
El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la UE es un buen ejemplo. Las organizaciones se enfrentan al gran reto de determinar cómo se puede acceder a los datos y, más aún, cómo colaborar con ellos. Por suerte, las nuevas tecnologías permiten colaborar de manera compatible con la normativa y, al mismo tiempo, liberar todo el potencial de datos que antes eran inaccesibles.
En el sector sanitario, la Ley de Portabilidad y Responsabilidad de Seguros de Salud (HIPAA) impide que las empresas de EE. UU. divulguen datos de pacientes sin su consentimiento. Esto también exige eliminar campos de datos específicos, lo que les resta gran parte de su valor. La gestión del consentimiento en todo el mundo es cada vez más granular y temporal. En este contexto, las personas tienen un control creciente sobre dónde y cuándo se pueden usar sus datos. Gestionar este proceso a lo largo del ciclo de vida de los datos es cada vez más difícil.
Muchos enfoques actuales de colaboración en el uso de datos no pueden ofrecer las garantías de privacidad que exige la normativa. Puede que las empresas no se den cuenta de que no tienen que compartir los datos reales para obtener la misma información. ¿Y si hubiera una forma de colaborar entre jurisdicciones sin dejar de cumplir los requisitos normativos?
Un enfoque que prioriza la privacidad
Si las empresas contaran con garantías de privacidad y seguridad que protejan sus datos y a sus clientes, además de asegurar el cumplimiento de la normativa, estarían más dispuestas a compartir información. Dos factores clave lo están haciendo posible: la tecnología y la creación de equipos directivos basados en datos.
Cada vez más empresas y organismos reguladores reconocen que la tecnología puede preservar la privacidad tanto de los datos como del análisis que se realiza con ellos. Las tecnologías para mejorar la privacidad (PET) ofrecen herramientas para ello. Entre ellas se encuentra el cifrado homomórfico, que permite a las empresas realizar cálculos con datos cifrados sin descifrarlos en ningún momento y, por tanto, sin revelar información sensible. Así pueden compartir y analizar datos sensibles sin revelar la información subyacente. Y, lo que es fundamental, cumplen los requisitos normativos.
Contar con una práctica y una estrategia específicas de privacidad es esencial para las empresas. Este cambio está encabezado por una nueva generación de equipos directivos basados en datos, como los directores de privacidad, de cumplimiento normativo y de seguridad de la información. Estos equipos directivos son responsables de llevar a la práctica los requisitos de privacidad y aprovechar la tecnología. Están bien posicionados para adoptar las PET e implantar un nuevo enfoque de colaboración que priorice la privacidad.
Con la tecnología adecuada y la seguridad de que pueden colaborar dentro de los límites normativos, las empresas ya pueden aprovechar el verdadero potencial de los datos. Y, lo que es fundamental, pueden hacerlo mientras protegen a sus clientes y al público, e impulsan grandes avances en salud pública y seguridad financiera.

