Los disturbios civiles tras un desastre son poco frecuentes, pero la desinformación podría desencadenar un punto de inflexión y cambiar el statu quo.
La desinformación se propaga con facilidad tras un desastre y hacen falta campañas proactivas para disuadirla.
Los planes para combatir la desinformación deberían incluir inversiones antes de un incidente y un plan de resiliencia después.
Los disturbios civiles derivados de desastres naturales son un riesgo emergente que ya está cambiando rápidamente.
Es probable que el inicio del cambio climático provoque más casos de disturbios civiles después de desastres naturales, pero no es el único factor que podría hacer que estos desastres compuestos sean más frecuentes y graves.
La desinformación, que ya es un problema en el entorno posterior a los desastres, podría utilizarse para intensificar los agravios de las comunidades afectadas y provocar más disturbios civiles. Aún no se han producido a gran escala campañas de desinformación patrocinadas por Estados tras desastres naturales, pero el riesgo es evidente y ha llegado el momento de actuar.
Según mis investigaciones anteriores, los disturbios civiles provocados por desastres son históricamente poco frecuentes: se registraron en menos del 0,1 % de los eventos de desastre incluidos en EM-DAT desde 1970, es decir, en 22 casos. Sin embargo, dado que el cambio climático aumenta la frecuencia y la gravedad de los desastres naturales, parece probable que la tasa de disturbios civiles provocados por desastres aumente significativamente, sobre todo si se ve agravada por factores relacionados con el clima, como la inseguridad alimentaria e hídrica, la migración humana involuntaria y la mayor competencia por los recursos.
Esta dinámica, por sí sola, es preocupante. Y las campañas de desinformación patrocinadas por Estados podrían empeorarla. Podrían utilizarse campañas de desinformación dirigidas para manipular a sociedades vulnerables y empujarlas a los disturbios civiles, haciendo que los riesgos asociados parezcan más manejables.
Un momento propicio para la desinformación?
Los disturbios civiles provocados por desastres se explican mediante un concepto llamado «momento oportuno». En la diplomacia, el momento oportuno señala una ocasión para negociar el cese de las hostilidades. Que el uso convencional del término haya incluido cierto optimismo no significa que siempre deba ser así. También puede haber momentos oportunos para los disturbios civiles. Basta con ampliar la definición: de la disposición a negociar la paz a cualquier disposición (positiva o negativa) a cambiar el statu quo.
En última instancia, un momento oportuno para los disturbios civiles implica un cambio en el coste de oportunidad asociado a actuar. Los riesgos de la acción, incluido un resultado fallido y sus consecuencias negativas, deben parecer más favorables que el statu quo. Es un umbral difícil de alcanzar, pues exige sacrificar incluso la certeza cotidiana, aunque insatisfactoria, por una posibilidad de éxito potencialmente remota. La desinformación podría distorsionar la percepción de la población local sobre los costes de oportunidad asociados a actuar contra las instituciones existentes tras un desastre natural y hacer que esa acción parezca más atractiva de lo que es.
La desinformación circula con facilidad durante los desastres naturales. Tras los huracanes Florence, Irma y Ian aparecieron noticias sobre tiburones que nadaban por autopistas inundadas. Otros ejemplos incluyen el supuesto consejo de guardar los objetos de valor en el lavavajillas y disparar a un huracán. Son bulos conocidos que, por algún motivo, siguen apareciendo después de haber sido expuestos y desmentidos. Me pone nervioso mencionarlos, incluso en este contexto, por temor a darles nueva vida.
Cuando escasea la información útil, veraz y provechosa en momentos de mayor riesgo o necesidad, la desinformación siempre parece dispuesta a llenar el vacío.
La motivación para crear y amplificar desinformación tras un desastre puede ir desde intenciones maliciosas hasta un deseo mal encauzado de ayudar. La motivación no importa, salvo cuando se trata de campañas patrocinadas por Estados. Las vías que puede seguir la desinformación tras un desastre natural parecen estar tomando forma, sobre todo con la ayuda de las redes sociales. Pronto, los actores estatales podrían utilizar esas vías de información con fines ofensivos, manipulando las opiniones y los agravios de manera que cambie el coste de oportunidad aparente de los disturbios civiles, aunque los riesgos de actuar sean mucho más gravosos de lo que se da a entender.
El creciente riesgo de las campañas de desinformación patrocinadas por Estados está fuera de toda duda.
Tom Johansmeyer, director de PCS
Acción dirigida
En determinadas circunstancias, un Estado puede beneficiarse de operaciones informativas ofensivas contra un adversario o rival después de un desastre natural. Según la solidez de las instituciones locales y la resiliencia del Estado (en los ámbitos social, económico y político), una campaña de desinformación dirigida podría intentar desestabilizar las instituciones y organizaciones oficiales y proporcionar al Estado que la patrocina una ventaja, al menos temporal.
Además, en casos extremos, se podría aprovechar la influencia extranjera durante la vulnerabilidad posterior a un desastre para instigar disturbios civiles, como mínimo, exacerbando agravios locales preexistentes. Aún no se han materializado campañas de desinformación a gran escala relacionadas con desastres naturales, y los pocos casos anteriores identificados han sido aislados y de impacto limitado.
Que el riesgo aún no se haya materializado no significa que las sociedades afectadas por desastres estén a salvo. La acción temprana puede mitigar los riesgos de futuras campañas de desinformación posteriores a desastres, en un futuro en que podrían ser más probables. La confianza en las instituciones y en su fiabilidad sigue siendo la mejor protección frente a las campañas de desinformación patrocinadas por Estados, pero requiere tiempo, esfuerzo y recursos.
A corto plazo, un paso importante es establecer ahora canales y métodos de comunicación que puedan utilizarse tras un desastre, así como invertir en alfabetización digital. Por último, las acciones emprendidas después de un desastre pueden decir más que las palabras, las publicaciones y los tuits. Un plan de resiliencia sólido que aborde los riesgos posteriores al desastre y permita que una comunidad recupere cuanto antes un funcionamiento seguro (y luego la normalidad) deja pocas oportunidades para que la desinformación, intencionada o no, gane terreno.
Hubo 170 desastres naturales en 2021 (el último año incluido en la lista), frente a apenas 43 en 1970. La tendencia es clara. Al mismo tiempo, el creciente riesgo de las campañas de desinformación patrocinadas por Estados está fuera de toda duda. El próximo gran riesgo ya está aquí: disturbios civiles tras un desastre, avivados por la desinformación. Tenemos la oportunidad de gestionar ese riesgo desde el principio. Prepararse ante el riesgo de que campañas de desinformación dirigidas, vinculadas a desastres, fomenten disturbios civiles es mucho más fácil que responder a ellas.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor, se basan en investigaciones realizadas por este y no representan necesariamente las opiniones de otras personas, salvo que se indique lo contrario. Toda referencia a la industria en su conjunto se basa en esta investigación y en la opinión del autor sobre las tendencias del sector, y no representa necesariamente las opiniones de otras personas de la industria.

