Semana tras semana, los titulares sobre el último ciberataque dominan la agenda informativa. Los delincuentes siguen atacando a gran escala a organizaciones y personas de alto perfil y no dan señales de frenar. Desde el robo de datos personales hasta las filtraciones de información financiera y el material protegido por derechos de autor, estos ataques se repiten una y otra vez. El tiempo no juega a nuestro favor: los delincuentes necesitan apenas nueve minutos para utilizar datos publicados en la web oscura.
Independientemente de las medidas adoptadas para prevenir las brechas de seguridad, los delincuentes encuentran formas cada vez más innovadoras de eludirlas. Cuanto antes reconozcamos que esto no va a cambiar, mejor; así podremos centrarnos en lo que realmente podemos hacer: reducir el impacto de los ciberataques.
En un mundo donde los delincuentes son cada vez más astutos, ¿qué se puede hacer? La respuesta está en aplicar el potencial de la innovación tecnológica —por ejemplo, la biometría, el análisis predictivo y la inteligencia artificial— y anticiparse a lo que está por venir.
Dejemos que la IA tome la iniciativa
Oímos hablar de la computación cuántica como una tecnología inminente, pero aún falta mucho para que llegue. La inteligencia artificial ya está aquí. La tenemos integrada en nuestra red y vemos cómo aborda el desafío fundamental de los antiguos protocolos de seguridad de la banca: sencillamente, no pueden seguir el ritmo del cambio. La inteligencia artificial aporta agilidad y capacidad de adaptación. La tecnología es un facilitador, pero eso exige que empresas y particulares actúen: innoven y pongan en práctica soluciones que vayan más allá de los sistemas y protocolos tradicionales y permitan abrazar el futuro digital de forma segura.

Al fin y al cabo, los delincuentes no viven anclados en el pasado. Se adaptan y adoptan esas mismas tecnologías para explotar las debilidades de los sistemas existentes y crear nuevas amenazas. Vemos que los clientes más avanzados buscan soluciones más inteligentes. Entienden que las expectativas de los consumidores cambian rápidamente y que los delincuentes pueden perjudicar sus negocios. Reconocen que esto es una carrera y que, para competir, no basta con saber que existen soluciones: hay que activarlas. Están comprendiendo que la solución consiste en integrar la seguridad desde la fase de diseño.
No existe una solución mágica ni una única forma de detener a quienes pretenden robar identidades o dinero. En cambio, debemos afrontar este desafío con varias capas de herramientas interconectadas, como en una carrera de obstáculos. Estas capas dependen unas de otras y trabajan en conjunto para proteger los pagos, prevenir ataques y, cuando sea necesario, detectar y gestionar cualquier intrusión. No todos los dispositivos, terminales o puntos finales de un ecosistema conectado serán igual de seguros o estarán igual de actualizados. Por eso, debemos revisar nuestros protocolos y asegurarnos de que el eslabón más débil de la cadena no sea el punto de acceso más fácil, reforzando la seguridad en otros puntos. Solo innovando más rápido que los delincuentes podremos mantener la ventaja en esta carrera.
El factor de la comodidad
A medida que evoluciona la tecnología, es fundamental que estas capas sean flexibles y adaptables para poder actualizar continuamente las medidas de seguridad. La biometría es un ejemplo perfecto. Se ha incorporado sin dificultades como medida de autenticación y, a menudo, funciona junto con las contraseñas tradicionales para ofrecer mayores niveles de seguridad. Ha mejorado a medida que la tecnología ha facilitado el escaneo de huellas dactilares, iris y rostros. Con el tiempo, sustituirá a las contraseñas y ofrecerá no solo mayor comodidad, sino también más seguridad. La inteligencia artificial es el ejemplo más reciente de cómo integrar adaptabilidad y agilidad.
Pero nada de esto sirve si olvidamos encontrar el equilibrio adecuado entre la seguridad y la sencillez y comodidad que las personas exigen en el mundo digital actual. Necesitan tener la tranquilidad de que su información personal, su dinero y su identidad están protegidos en la era digital. Y a veces, la comodidad en la vida real pesa más que la cautela. Por eso, integrar soluciones de seguridad de nueva generación de forma sencilla e imperceptible es fundamental para impulsar la adopción de estas herramientas. Por ejemplo, las tecnologías de seguridad basadas en gestos que identifican comportamientos y no se pueden imitar ni reproducir fácilmente tienen un enorme potencial para proteger nuestro futuro digital.
Cuando se produce una brecha de seguridad, es muy fácil quedar atrapados en el fuego cruzado de las acusaciones. Solo unificando y consolidando los esfuerzos conjuntos en todos los ámbitos podremos abordar los riesgos a los que nos enfrentamos cada día. La evolución digital en curso no da señales de ralentizarse. Al contrario, requiere más inversión en tecnologías que mantengan seguros nuestros datos y el mundo digital. Estamos juntos en esta carrera y, con una mentalidad innovadora, podemos mantenernos por delante de nuestros adversarios.

