Hoy en día, cada vez más juguetes están conectados a internet, desde muñecas inteligentes hasta coches teledirigidos y juegos educativos. Estos juguetes, juegos y aplicaciones llegan a manos de niños pequeños que se acostumbran rápidamente a jugar con sensores, cámaras y micrófonos. Se trata de una extensión natural de los juguetes electrónicos existentes desde hace mucho tiempo, y probablemente se explica mejor a través de la evolución de la famosa muñeca Barbie.
Lanzada por primera vez en Estados Unidos en marzo de 1959, Barbie experimentó numerosos cambios en su apariencia, su ropa y sus accesorios, hasta convertirse en un icono cultural (con sus controversias incluidas). Hoy en día, «Hello Barbie» es un juguete sofisticado capaz de mantener una conversación en directo mediante tecnología de reconocimiento de voz, conectarse a internet y almacenar sus datos en la nube. Pero cuando una muñeca puede realmente hablar a través de la imaginación de un niño o dar respuestas correctas gracias a un algoritmo, nos enfrentamos a un problema mucho mayor.
Las empresas de alta tecnología están invirtiendo fuertemente en juguetes conectados a la red: pueden elaborar perfiles del comportamiento de los niños y recopilar una gran variedad de datos sobre su uso, como estadísticas diarias, semanales o mensuales y las acciones preferidas. Si bien estos datos permiten a las empresas crear juguetes más acordes con las necesidades y el disfrute de los niños, también alimentan proyectos de I+D orientados a seguir mejorando los algoritmos y las funciones interactivas.
Los padres siguen divididos respecto a las consecuencias de estos avances, pero algunas empresas les prometen una mejor experiencia, especialmente en lo que se refiere a la educación de sus hijos. Además, algunos juguetes ya ofrecen opciones de control parental, como la supervisión de los juegos, el bloqueo de funciones y un sistema general de análisis.
Sin embargo, existen motivos para que tanto los padres como las empresas se preocupen. El fabricante de juguetes electrónicos VTech admitió una brecha de seguridad provocada por un «hacker ético» que afectó a 6,3 millones de niños, al robar sus nombres, direcciones particulares, fotografías y registros de chat. Hasta ahora no se ha divulgado públicamente ningún dato, pero el atacante advirtió al fabricante de juguetes de Hong Kong que corrigiera con rapidez sus fallos de seguridad.
Además, mientras los defensores de la privacidad ya advertían de que Hello Barbie podría entrañar riesgos (las grabaciones se envían por internet y se almacenan en la nube), los investigadores de seguridad han expuesto varios fallos que podrían haber permitido a los piratas informáticos espiar las conversaciones de los niños con la muñeca. Además, este nuevo informe llega tras hallazgos independientes similares, aunque distintos, sobre cómo los hackers podrían explotar Hello Barbie.
Estos avances no pueden ignorarse: para que las empresas de juguetes adopten con éxito el «internet de los juguetes», deben aplicar cualquier estándar de seguridad necesario, como evaluaciones de sistemas, pruebas de penetración, criptografía y políticas transparentes. Los padres también tienen un papel crucial que desempeñar: depende de ellos asegurarse de que estos juguetes protejan la privacidad y los datos personales de sus hijos, mucho más allá de las funciones básicas de seguridad «anticuadas».
Quizá sería útil que los fabricantes de juguetes y las autoridades se reunieran para compartir buenas prácticas y definir normas de privacidad y seguridad satisfactorias y éticas para todos. Casi con toda seguridad llevará algún tiempo resolver adecuadamente este nuevo desafío tecnológico, que para muchos podría implicar una reconsideración más amplia de los regalos navideños. ¿Deberíamos regalar a nuestros hijos una muñeca inteligente o un superhéroe conectado a internet, o sería mejor esperar a contar con ciberjuguetes más seguros?
Autor: Andrea Stroppa escribe sobre seguridad y tecnología para el Foro Económico Mundial.
Imagen: Una niña observa muñecas Barbie durante una exposición de Barbie en Zagreb el 15 de mayo de 2012. REUTERS/Antonio Bronic


