Debido a factores sociales desiguales, las mujeres están infrarrepresentadas en todos los niveles de la toma de decisiones ambientales.
Sin embargo, las mujeres y las niñas son fundamentales para lograr resultados climáticos más eficaces y equitativos.
Un estudio de 2019 reveló que los parlamentos nacionales con más mujeres aprueban políticas climáticas más estrictas.
El acceso a una educación de calidad, las medidas políticas que tienen en cuenta la perspectiva de género y las leyes contra la discriminación de género sentarán las bases para lograr la paridad de género en el liderazgo climático.
En la COP26 sobre el clima, los líderes de Estonia, Tanzania y Bangladés fueron los primeros en firmar la Declaración de Glasgow sobre el Liderazgo de las Mujeres, en la que pidieron a los países que apoyen el liderazgo de las mujeres y las niñas en la acción climática en todos los niveles de la sociedad y la política. Sin embargo, estas tres mujeres representaban casi un tercio de todas las líderes femeninas de la conferencia, de un total de 140 jefes de delegación.
En el Día de la Igualdad de Género de la COP, países como el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos se comprometieron a seguir integrar la perspectiva de género en sus acuerdos de financiación climática. Si bien los compromisos reflejan una creciente conciencia sobre la financiación «con perspectiva de género», que promueve la igualdad de género, la cuantía de dinero movilizada hasta ahora se queda muy por debajo de lo que se necesita en todo el mundo. La atención a la perspectiva de género en las negociaciones sobre financiación climática sigue siendo insignificante. Hacer realidad la Declaración de Glasgow sobre el Liderazgo de las Mujeres exigirá una financiación ampliada para el desarrollo de capacidades de las mujeres y para la acción climática a nivel comunitario.
Los efectos negativos del cambio climático afectan de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas, especialmente en el Sur global. Esto no se debe a una vulnerabilidad inherente, sino al resultado de las desigualdades de género en los ámbitos político, social y económico, que se entrecruzan con otros ejes de desventaja social, como la raza, la sexualidad, la identidad de género y la discapacidad. Por ejemplo, durante y después de los eventos relacionados con el clima, las mujeres y las niñas están más expuestas a la violencia de género, y las niñas tienen menos probabilidades que los niños de continuar su educación. El Fondo Malala estima que en 2021 los eventos relacionados con el clima impedirán que al menos cuatro millones de niñas en países en desarrollo terminen su educación. En cuanto al empleo, las mujeres de los países en desarrollo tienen más probabilidades de trabajar en el sector informal, lo que hace que sus medios de vida sean más vulnerables a las crisis económicas y ambientales.
Pese a estos desafíos, las mujeres y las niñas desempeñan un papel crucial para alcanzar los objetivos climáticos fijados en la COP26. Como miembros valiosos de la sociedad, merecen participar en pie de igualdad en la vida pública. Aun así, cabe destacar que su participación genera resultados más eficaces y equitativos en materia climática, desde la gestión sostenible de la tierra hasta el despliegue de paneles solares en el último tramo. Las investigaciones demuestran que, debido a los roles de género socialmente asignados, las mujeres perciben los riesgos de forma distinta a los hombres y suelen priorizar el bienestar de sus familias y comunidades en las decisiones sobre gestión de recursos. Estas diferencias en la toma de decisiones se extienden a la política nacional: un estudio de 2019 reveló que los parlamentos nacionales con más mujeres aprueban políticas climáticas más estrictas. Las medidas que mejoran el acceso de las mujeres a la atención sanitaria, la educación y la representación política fortalecen su capacidad de adaptación, lo que permite a sus sociedades adaptarse con mayor rapidez y facilidad a los efectos del cambio climático.
Lamentablemente, las mujeres siguen enfrentando obstáculos para participar en igualdad de condiciones en la toma de decisiones ambientales, y las organizaciones comunitarias dirigidas por mujeres suelen tener dificultades para acceder a la financiación climática. El apoyo a las iniciativas de las mujeres y el acceso a los recursos pueden impulsar una acción climática eficaz que responda a las necesidades de las comunidades.
Participación de las mujeres en la toma de decisiones ambientales
Si bien las mujeres, especialmente las mujeres indígenas y las mujeres del Sur global, lideran la acción climática y el activismo en primera línea, están infrarrepresentadas en la toma de decisiones ambientales en todos los niveles. Las tareas diferenciadas por género, incluida la responsabilidad de las mujeres por la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado, y las relaciones de poder desiguales dentro de las familias y las comunidades pueden limitar las oportunidades de las mujeres para participar en la gobernanza ambiental local. El requisito común de la tenencia de la tierra para la toma de decisiones sobre los recursos naturales comunitarios también limita la participación de las mujeres. ONU Mujeres estima que el 64 % de las mujeres en todo el mundo no tiene, en la práctica, los mismos derechos sobre la tierra que los hombres.
A nivel nacional e internacional, las mujeres siguen enfrentando techos de cristal que les impiden acceder a puestos de liderazgo ambiental. La paridad de género en la toma de decisiones ambientales a nivel nacional es poco común, y las personas empleadas en los ministerios de medio ambiente son en promedio, una tercera parte mujeres. Aunque el equilibrio de género en las delegaciones gubernamentales en las negociaciones climáticas ha mejorado, una investigación de la CMNUCC reveló que los hombres hablaron el 74 % del tiempo en las sesiones plenarias entre mayo y junio del año pasado.
Las medidas políticas con perspectiva de género pueden ayudar a superar estos obstáculos sistémicos. La reforma de la tenencia de la tierra puede respaldar los derechos de las mujeres sobre la propiedad, la herencia y el uso de la tierra, por ejemplo, exigiendo que el registro de tierras de las parejas incluya ambos nombres. Las políticas como las cuotas de género pueden apoyar el desarrollo profesional de las mujeres en las instituciones ambientales. La inversión en servicios sociales, especialmente en cuidado infantil, puede aliviar la carga del trabajo doméstico no remunerado que recae sobre las mujeres, al igual que las políticas de trabajo flexible y la licencia parental remunerada. La creación y aplicación de leyes y políticas contra la discriminación por sexo y género, incluida la violencia de género, puede garantizar que los espacios de cambio climático sean inclusivos y seguros para todas. Todas estas medidas contribuyen a abordar la compleja cuestión del cambio cultural.
Garantizar el acceso a una educación de calidad para las niñas es también una vía clave para lograr la paridad de género en el liderazgo climático. La educación de las niñas puede ser una fuerza para la igualdad de género en las familias y las comunidades, y está estrechamente asociada con la representación política femenina de un país. La educación climática para las niñas, incluida la formación técnica en medio ambiente, puede aumentar su resiliencia y fortalecer su capacidad para interactuar de forma crítica con la información climática y liderar soluciones climáticas. Tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, la participación de las niñas en la educación en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en igualdad de condiciones con los niños puede permitirles acceder a empleos «verdes» tradicionalmente dominados por hombres y contribuir a una transición justa y equitativa.
Por supuesto, las mujeres y las niñas ya lideran sus propias soluciones a los desafíos interrelacionados del cambio climático y la desigualdad de género. Para ampliarlas, necesitan acceso a la financiación climática.
Acceso de las mujeres a la financiación climática
La integración de las consideraciones de género en la financiación climática es limitada. Debido a la insuficiencia de los procesos de seguimiento, presentación de informes y verificación de la perspectiva de género en la financiación climática, los datos sobre el tema son fragmentarios, pero una investigación de Oxfam muestra que solo el 1,5 % de la asistencia internacional para el desarrollo relacionada con el clima identificó la igualdad de género como objetivo principal, y dos tercios de los proyectos y programas no tienen en cuenta la igualdad de género en su diseño, presupuestación o ejecución. De esta ayuda, solo el 0,2 % llega a organizaciones dirigidas por mujeres y a organizaciones de mujeres. Liane Schalatek, directora asociada de la Fundación Heinrich Böll en Washington, DC, y coautora de un informe reciente sobre el tema, califica esto de «acusación escandalosa», lo que refleja el desinterés de los fondos climáticos y de las agencias ejecutoras, que «las organizaciones dirigidas por mujeres, de mujeres y feministas no solo son muy conscientes de las necesidades y los impactos climáticos… en sus comunidades, sino que también han desarrollado soluciones contextualizadas y localizadas dirigidas por mujeres».
Si bien el personal de las instituciones de financiación climática expresa su apoyo a la financiación de organizaciones de igualdad de género, existen barreras institucionales, especialmente para el Sur global. La pequeña escala de muchas organizaciones comunitarias de mujeres puede dificultar su acreditación ante los grandes financiadores y el acceso directo a ellos. Debido a las preocupaciones sobre los plazos presupuestarios y los costos de transacción, los financiadores institucionales suelen ofrecer solo grandes paquetes de financiación con plazos estrictos.
La paridad de género y la experiencia en las instituciones financieras son importantes para el diseño de soluciones de financiación climática con perspectiva de género, al igual que una consulta significativa con las mujeres y las niñas de las comunidades beneficiarias. Los objetivos de integración de género presentes en instituciones de financiación climática como el Fondo Verde para el Clima pueden llevarse más allá haciendo obligatorias las consideraciones de género para la financiación. Mejorar la recopilación de datos y la transparencia sobre la integración de género en los proyectos de financiación climática, incluido el modo en que los proyectos benefician a personas de distinto género, puede fomentar la colaboración y el intercambio de conocimientos entre financiadores y beneficiarios.
Las pequeñas innovaciones en los mecanismos de financiación climática pueden transformar el acceso a la financiación de las organizaciones de mujeres. Los canales de acceso directo eliminan al gobierno como intermediario y reducen los trámites institucionales engorrosos para las organizaciones comunitarias. Ofrecer fondos más pequeños, plazos más flexibles y apoyo institucional y de desarrollo de capacidades para las organizaciones dirigidas por mujeres y de mujeres que solicitan financiación climática también puede apoyar un acceso equitativo. Por lo general, hay más préstamos que subvenciones disponibles, y la financiación con perspectiva de género se orienta más hacia programas de adaptación que de mitigación. Mejorar el equilibrio en estos ámbitos puede respaldar el desarrollo de capacidades a largo plazo para el liderazgo climático de las mujeres.
En la COP26, las organizaciones de la sociedad civil celebraron el liderazgo climático de las mujeres en los Premios a Soluciones Climáticas con Justicia de Género, desde la iniciativa Imece, que forma a mujeres en Turquía para construir baterías solares para personas refugiadas, hasta Todos Juntos, que apoya a mujeres indígenas en Guatemala para establecer granjas de gusanos de la harina. Estas iniciativas demuestran que existen soluciones combinadas para el cambio climático y la desigualdad de género; las líderes mujeres, nuevas y emergentes, solo necesitan más apoyo.







