Las zonas naturales que solían sustentar la biodiversidad y que se han transformado para la agricultura son la razón principal del descenso poblacional de miles de especies en todo el mundo.
El estudio de WWF ha constatado que el tamaño medio de las poblaciones ha descendido un 68 % en todo el mundo desde 1970.
Estos descensos son una advertencia clara de que la actividad humana se está volviendo insostenible en la Tierra.
El tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre se ha desplomado en dos tercios en todo el mundo desde 1970, a medida que se talaban bosques para cultivar alimentos, afirmó el jueves la organización ecologista WWF, que advirtió de que dañar los ecosistemas aumenta el riesgo de que los humanos contraigan enfermedades infecciosas como la COVID-19.
La conversión de terrenos para la agricultura y el comercio de fauna silvestre fueron razones clave de la caída media del 68 % registrada en miles de poblaciones de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016, según el Informe Planeta Vivo 2020.
«La deforestación y, en un sentido más amplio, la pérdida de hábitat, que se debe a la forma en que producimos y consumimos alimentos, es la causa principal de este dramático descenso», afirmó Fran Price, responsable de la práctica forestal global de WWF Internacional.
Price señaló a la agricultura comercial a gran escala, principalmente en los trópicos y subtrópicos, incluida la producción de aceite de palma, soja y carne de vacuno.
En 2019, los bosques tropicales lluviosos, cuya conservación se considera crucial para frenar el cambio climático, desaparecieron a un ritmo de un campo de fútbol cada seis segundos, según datos del servicio de monitoreo Global Forest Watch.
Los ambientalistas afirman que conservar los bosques existentes y restaurar los dañados reduce el riesgo de inundaciones, ayuda a limitar el calentamiento global al almacenar más carbono y protege la biodiversidad.
El informe de WWF, con aportaciones de unos 125 expertos, siguió casi 21 000 poblaciones de cerca de 4400 especies de vertebrados, ofreciendo una visión general del estado del mundo natural.
Según señaló, las de especies que viven en agua dulce sufrieron un descenso del 84 %. Entre otros de los casos más graves figuran los gorilas de las tierras bajas orientales en la República Democrática del Congo y el loro gris africano en Ghana, afirmó Price.
«Estos graves descensos en las poblaciones de especies silvestres son un indicador de que la naturaleza se está desmoronando y de que nuestro planeta muestra señales de alarma roja de fallo de los sistemas», afirmó en un comunicado Marco Lambertini, director general de WWF.
Zonas forestales de amortiguación
Los científicos afirman que el rápido ritmo de la deforestación es también un factor importante en la propagación de enfermedades zoonóticas —que se transmiten de los animales a los humanos— como el nuevo coronavirus.
«Con la deforestación y el aumento de las interacciones entre la fauna silvestre, el ganado y los humanos, existe una mayor probabilidad de que se produzcan desbordamientos de enfermedades zoonóticas como el ébola o la COVID-19», declaró Price a la Fundación Thomson Reuters.
«Los bosques actúan realmente como zonas de amortiguación que mantienen esas enfermedades alejadas de los humanos, y cuanto más los destruimos, más posibilidades hay de que desencadenemos algo que puede tener efectos devastadores para la humanidad».
Si el mundo continúa con la actividad habitual durante la próxima década, las pérdidas de fauna silvestre tardarían décadas en revertirse y es menos probable que las poblaciones se recuperen, afirmó Price.
Instó a los gobiernos y a las empresas a asumir compromisos y esfuerzos más ambiciosos para que las cadenas de suministro mundiales sean más sostenibles.
Los consumidores también deben comprender los efectos de sus hábitos de compra sobre la naturaleza y comprar de forma más responsable, añadió.
Por otra parte, investigadores de la Universidad de Oxford afirmaron el jueves que las soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de bosques y manglares, son clave para reducir los efectos del cambio climático.
En lo que, según dijeron, es la primera revisión sistemática de las pruebas sobre soluciones basadas en la naturaleza en todo el mundo, constataron que casi el 60 % de ellas mitigaban presiones relacionadas con el clima, como las inundaciones, la erosión del suelo y la pérdida de producción de alimentos.
«No se trata solo de plantar árboles y de eliminar gases de efecto invernadero», afirmó Alexandre Chausson, autor del estudio.
«En muchos casos, las intervenciones basadas en la naturaleza pueden ayudar a las comunidades a adaptarse a la ola de efectos del cambio climático que hemos visto en los últimos meses, desde olas de calor récord hasta incendios forestales y huracanes», declaró en un comunicado.
El informe de WWF incluyó 20 ensayos de expertos de China a México, desde jóvenes activistas, autores y académicos hasta líderes empresariales, periodistas y líderes indígenas, que escriben sobre cómo perciben un planeta sano para las personas y la naturaleza.
Entre ellos, el respetado naturalista británico David Attenborough instó a las personas a «trabajar con la naturaleza en lugar de contra ella».
El momento de centrarse exclusivamente en los intereses nacionales había pasado, y el internacionalismo era ahora el enfoque necesario para lograr un mejor equilibrio para el planeta, escribió el veterano presentador.
«Las naciones más ricas han tomado mucho y ha llegado el momento de dar», añadió.





