Con elecciones celebrándose en todo el mundo, 2024 es un momento decisivo para la democracia.
Estas votaciones darán forma a las decisiones de políticas climáticas y medioambientales durante muchos años.
Ahora es el momento de situar el aire limpio más arriba en la agenda política, para generar beneficios económicos, sanitarios y climáticos.
En 2024, más personas que nunca en la historia han acudido a las urnas para elegir a su próximo gobierno, configurando su futuro durante muchos años. Estos nuevos líderes, aún por elegir en algunos casos, en 64 países, especialmente en los territorios que más carbono emiten, como Estados Unidos, Sudáfrica y la UE, gobernarán los cimientos mismos de nuestras vidas: el aire que respiramos.
De los numerosos desafíos a los que se enfrentan los nuevos gobiernos, la contaminación atmosférica es una de las más urgentes: el aire contaminado es el mayor riesgo individual para la salud ambiental del mundo, y más del 99 % de la población mundial respira aire inseguro y no saludable.
Ya se enfrenten a votaciones en 2024 o en los próximos años, los gobiernos deben actuar frente a la contaminación atmosférica. En 2022, 161 países adoptaron una resolución que reconoce el derecho a un medio ambiente limpio y saludable. Ahora debemos exigir a todos nuestros líderes que cumplan esta promesa y garantizar que los países de ingresos bajos y medianos, en particular, dispongan de los recursos necesarios para hacer frente a la contaminación atmosférica y aplicar los cambios de política tan urgentemente necesarios.
La contaminación atmosférica es una crisis de salud pública
Como ciudadanos, no hay argumento más sólido para votar con nuestros pulmones. Más de 8 millones de personas mueren prematuramente cada año a causa de la contaminación atmosférica, más del doble que las muertes combinadas por malaria, tuberculosis y VIH/sida. Los niños, cuyos pulmones en desarrollo son más susceptibles a los efectos del aire contaminado, son los más vulnerables: la contaminación atmosférica mata a 2000 niños menores de cinco años cada día, es decir, más de un niño por minuto.
Más allá de la mortalidad inmediata, la contaminación atmosférica es una crisis de salud pública, ya que aumenta el riesgo de padecimientos como la diabetes tipo 2, la obesidad, la inflamación sistémica, el alzhéimer y la demencia. De hecho, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica la contaminación atmosférica como una causa principal de cáncer.
El coste para nuestras economías es igualmente alarmante. Se estima que se pierden 1200 millones de días laborables al año debido a los efectos del aire contaminado, cifra que podría dispararse hasta 3800 millones en 2060, y el Banco Mundial estima que el coste anual de las enfermedades relacionadas con la contaminación atmosférica y de las muertes prematuras asciende a billones de dólares en todo el mundo.
Limpiar nuestro aire es también una de las formas más inmediatas de proteger nuestro planeta. Dado que las causas del cambio climático y de la contaminación atmosférica suelen ser las mismas, limpiar nuestro aire también nos ayudará a cumplir nuestros compromisos para hacer frente a la crisis climática. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha determinado que la acción en materia de calidad del aire es clave para “hacer frente a la triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación y los residuos”. Pese a este evidente beneficio mutuo, solo 17 países incluyeron en sus planes nacionales de acción climática en 2021 objetivos para reducir la contaminación atmosférica.
Los gobiernos deben dar prioridad al aire limpio
Aunque cada nuevo gobierno elegido tiene una extensa lista de tareas pendientes, desde la sanidad hasta la economía y la crisis del coste de la vida, combatir la contaminación atmosférica aportará beneficios que atenderán muchas de estas urgentes cuestiones. En el Reino Unido, por ejemplo, la contaminación atmosférica cuesta al NHS la asombrosa cifra de 20 000 millones de libras al año. Al defender una Ley de Aire Limpio, el recién elegido gobierno laborista puede salvar alrededor de 40 000 vidas al año, reducir la factura del NHS y las desigualdades, y apoyar el crecimiento económico.
En Sudáfrica, los resultados electorales de mayo, de gran repercusión, dieron lugar a la formación de un gobierno de unidad sin precedentes. La contaminación atmosférica ha cobrado protagonismo en la conciencia pública en los últimos años. En 2022, un juez, en el caso “Deadly Air” dictaminó que la mala calidad del aire en torno a varias centrales eléctricas de carbón de la Zona Prioritaria de Highveld (véase la foto principal) había vulnerado los derechos medioambientales de los residentes. Hoy, la administración recién elegida se enfrenta a la presión de abordar de forma activa los efectos del sector del carbón sobre la salud y el clima, avanzando al mismo tiempo en la mejora de la calidad del aire.
Mostrando un liderazgo firme frente a la contaminación atmosférica, junto con políticas e inversiones ambiciosas y audaces, los gobiernos obtendrán beneficios que van mucho más allá de un aire más limpio. Intensificar la acción por el aire limpio es fundamental para mejorar la salud, reducir las emisiones, posibilitar un desarrollo económico sostenible y reducir la pobreza y la desigualdad, todo ello en un año decisivo para la democracia que debería figurar en todos los programas electorales.
La cuestión de la contaminación atmosférica y su impacto en nuestra salud debe situarse en lo más alto de las agendas gubernamentales. Las políticas que pongan en marcha ahora nuestros líderes recién elegidos serán decisivas no solo para nuestra salud y el clima, sino también para nuestro futuro colectivo.




