Por qué necesitamos una calificación por estrellas de salud planetaria para las aplicaciones

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  • Se prevé que más de 7.500 millones de personas se conecten a servicios en línea para 2030, por lo que es probable que la contribución de la tecnología digital a las emisiones mundiales de GEI aumente en la próxima década.

  • Reducir la huella de carbono digital no debería ser responsabilidad exclusiva de los consumidores.

  • Las empresas tecnológicas deben ser más proactivas al hacer visible el impacto ambiental de los servicios en línea.

El progreso tecnológico, impulsado por la Cuarta Revolución Industrial y acelerado por la pandemia de COVID-19, ha cambiado de forma notable la manera en que vivimos y trabajamos. La tecnología digital, utilizada de la manera adecuada, promete reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, desde la creación de transporte más eficiente hasta la posibilidad de asistir a reuniones en línea.

Pero existe un costo oculto del uso de la tecnología digital. Cada interacción digital, ya sea el procesamiento de algoritmos o la transmisión de contenido de vídeo, funciona gracias a una infraestructura física. Y esa infraestructura física requiere energía para funcionar.

La creciente presión de la ciudadanía y los esfuerzos mundiales como la COP26 están teniendo un efecto positivo en las agendas de sostenibilidad de las empresas de tecnología digital. Muchas de las mayores empresas tecnológicas del mundo, como Amazon, Apple y Microsoft, se han comprometido a cumplir los objetivos climáticos.

Pero hay que abordar dos problemas antes de que se nos acabe el tiempo: la escala asociada al rápido crecimiento del uso de internet y la falta de transparencia sobre el impacto de los servicios en línea de cara al consumidor.

El problema de la escala

La pandemia de COVID-19 impulsó el uso de internet y provocó un aumento en la transmisión de vídeo en streaming. Incluso cuando terminen los confinamientos, es probable que el trabajo remoto llegue para quedarse, y cada vez más personas usarán cada vez más servicios en línea.

A medida que aumenta el tiempo que pasamos en línea, también crecerá la infraestructura física en la que funcionan los servicios en línea. El impacto ambiental de una sola búsqueda en Google o de enviar un correo electrónico puede ser pequeño, pero con un estimado de 4.700 millones de usuarios de internet, la suma resulta considerable.

La contribución de la tecnología digital a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero se estima en un rango de entre 1,4 % y 5,9 %. En comparación, toda la aviación comercial en conjunto representa alrededor del 2,4 %. Y estas cifras corresponden a la época anterior a la pandemia. Es probable que las emisiones aumenten con el número de usuarios de internet que se proyecta que alcance más de 7.500 millones para 2030, así como con el auge de más industrias y empresas que recurren a la inteligencia artificial, la cadena de bloques y otras tecnologías intensivas en datos.

Crecimiento mundial de usuarios de internet, con una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) del 6 %.Image: CISCO

Un informe exhaustivamente investigado sobre el impacto ambiental de la transmisión de vídeo en streaming concluyó que, aunque el impacto es menor que el informado originalmente, cada vez es más probable que el crecimiento de la demanda de datos supere las mejoras de eficiencia.

Proyecciones de las emisiones de los sistemas digitales y de la trayectoria de 1,5 °C acordada por los sectores tecnológico y de telecomunicaciones.Image: The Royal Society

Los centros de datos, uno de los principales contribuyentes a las emisiones de carbono digital, se han beneficiado de los avances en la tecnología informática y de estrategias para reducir su consumo energético. Pero debido al crecimiento de las demandas de datos, su consumo eléctrico se prevé que aumente significativamente para 2030.

Tendencias del consumo eléctrico (en TWh) de los centros de datos entre 2020 y 2030.Image: Engineering and Applied Science Letters

Falta de transparencia en lo que respecta al consumo digital

Existen muchas sugerencias sobre lo que los consumidores pueden hacer para reducir su huella de carbono digital. Es cierto que, como consumidores, podemos y debemos hacer nuestra parte, por ejemplo, conservando nuestros dispositivos durante más tiempo y escuchando música en plataformas solo de audio, como Spotify, en lugar de YouTube. Pero estas sugerencias trasladan por completo la responsabilidad a los consumidores. Es un recordatorio de cómo BP popularizó el término «huella de carbono» hace unos 20 años, insinuando que el cambio climático era obra de las personas y no de las empresas.

Debemos evitar que esta historia se repita en el sector de la tecnología digital. La industria tecnológica debe estar a la altura de su responsabilidad. Las empresas pueden estar persiguiendo objetivos climáticos, pero el impacto ambiental de los servicios que miles de millones de consumidores utilizan a diario para transmitir contenido, conectarse con otras personas, almacenar datos en la nube o jugar a videojuegos en línea sigue siendo invisible.

Otros sectores pueden ofrecer orientación sobre cómo abordar la cuestión de la transparencia en el sector de la tecnología digital. En la industria de la moda, servicios de cara al consumidor como Good On You califican a las marcas según sus prácticas y su compromiso con la sostenibilidad. En cuanto a los electrodomésticos, muchos países fomentan o exigen la exhibición de una calificación energética. La UE cuenta con una directiva sobre etiquetas de consumo energético que va de la A a la G. En Australia y Nueva Zelanda esto adopta la forma de una etiqueta de 6 estrellas. Australia y Nueva Zelanda también tienen un sistema de calificación por estrellas de salud para los alimentos, que representa una serie de factores subyacentes como una calificación sencilla de 5 estrellas.

Estos sistemas de calificación ayudan a los consumidores a tomar decisiones de compra. Es importante destacar que trasladan a las empresas la responsabilidad de calcular y hacer visible el impacto de los productos que venden.

Revelar el impacto de la tecnología digital

¿Qué pasaría si cada servicio en línea, desde Netflix y YouTube hasta Zoom y TikTok, llevara una calificación que hiciera visible a los usuarios el impacto ambiental subyacente? La calificación podría basarse en datos de iniciativas como DIMPACT (a la que Netflix se unió recientemente) que desarrollan herramientas para calcular las emisiones de carbono del consumo digital.

El problema es que no existe un incentivo económico para los proveedores de servicios en línea. Pero las empresas tecnológicas como Apple, que controlan plataformas y ecosistemas de aplicaciones, tienen una oportunidad única de impulsar un cambio positivo, más allá de sus propias prácticas, mediante la implementación de un sistema de calificación para toda la plataforma. Al igual que la calificación por estrellas de salud de Australia y Nueva Zelanda para los alimentos, cada aplicación de la App Store podría optar por mostrar su calificación. Siguiendo el ejemplo de Good On You, la calificación podría incluir múltiples dimensiones. Por ejemplo, podría mostrar el consumo energético necesario para prestar el servicio, la calificación ambiental de los centros de datos que utiliza el servicio e incluso factores como las prácticas laborales implicadas en la fabricación y el mantenimiento de la aplicación (combatiendo la esclavitud moderna en el sector tecnológico).

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para ayudar a las empresas a reducir las emisiones de carbono?

Seamos honestos: no muchas personas dejarán de ver Netflix aunque el impacto ambiental del servicio se haga transparente. Pero un sistema de calificación trasladaría la responsabilidad del consumidor a la empresa. Para mejorar su calificación, la empresa tendrá que invertir activamente en prácticas ambientales. Esto podría incluir la transición a centros de datos más respetuosos con el medio ambiente y ofrecer a los usuarios la posibilidad de tomar decisiones ambientales, como ver películas en definición estándar, lo que, según estimaciones, reduce las emisiones hasta en un 86 % en comparación con la alta definición.

Muchas de las prácticas de consumo digital que contribuyen a las emisiones mundiales se deben al diseño. Es hora de que la industria tecnológica considere el impacto de esas decisiones de diseño en el medio ambiente.

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