La resiliencia es clave para la acción climática en un mundo convulso. He aquí por qué

Resilience offers a forward-looking approach to corporate climate action and energy transition strategy.
Resilience offers a forward-looking approach to corporate climate action and energy transition strategy.Image: Getty Images.
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  • El camino hacia las cero emisiones netas dista mucho de ser sencillo, mientras el mundo lidia con tensiones geopolíticas y prioridades cambiantes.

  • Ante estos desafíos, la resiliencia ofrece un marco para adaptarse a una amplia variedad de perturbaciones.

  • Los líderes empresariales pueden afrontar el cambio climático y, al mismo tiempo, atender las inquietudes de distintos grupos de interés.

Tras el Acuerdo de París, el entusiasmo empresarial por la acción climática se disparó, y los compromisos de cero emisiones netas y la transición energética ocuparon un lugar central en las agendas de gobiernos y empresas. Sin embargo, los cambios políticos y las dificultades de implementación han frenado ese impulso. Se han intensificado las dudas sobre la viabilidad de algunos objetivos de la transición energética, impulsadas en buena medida por la resistencia de las industrias de combustibles fósiles y el creciente escepticismo público en muchas regiones, donde los populistas han presentado las ambiciosas promesas medioambientales como poco realistas o alejadas de las preocupaciones de los votantes.

Cómo desenvolverse ante las realidades geopolíticas

El panorama geopolítico atraviesa cambios sísmicos que generan nuevas presiones económicas y estratégicas. Las rivalidades entre las principales potencias han alterado cadenas de suministro establecidas desde hace mucho tiempo y han introducido imprevisibilidad. Ahora las empresas se ven obligadas a adaptarse, a menudo con costes considerables. Las inversiones de larga data en las cadenas de suministro existentes pueden quedar obsoletas cuando cambian los vientos políticos. Esto obliga a las empresas a reevaluar cómo equilibrar la gestión de riesgos con una acción climática sostenida en una economía mundial cada vez más fragmentada. Para muchas, desenvolverse en medio de estas tensiones globales y cumplir al mismo tiempo las obligaciones medioambientales en múltiples jurisdicciones se ha vuelto excepcionalmente difícil.

Conciliar la acción climática y la seguridad de los recursos

En este panorama volátil, la resiliencia se perfila como una perspectiva útil para que empresas e instituciones naveguen la incertidumbre. No sustituye directamente a las estrategias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Más bien, ofrece un marco para anticipar y adaptarse a una amplia variedad de perturbaciones.

Este cambio no es abstracto. Los fenómenos meteorológicos, cada vez más graves —huracanes, olas de calor e inundaciones—, están causando perturbaciones generalizadas en las operaciones globales. Estos fenómenos exponen vulnerabilidades en las cadenas de suministro, agotan recursos y dañan la reputación empresarial. También están suscitando dudas sobre la viabilidad de las estrategias de mitigación de riesgos que dependen en exceso de modelos empresariales basados en seguros.

Al mismo tiempo, adoptar la resiliencia también implica volver a examinar dilemas persistentes y sin resolver en torno a las llamadas cuestiones de nexo: los desafíos interrelacionados de la acción climática y la seguridad de los recursos en materia de energía, agua, alimentos y minerales.

La resiliencia también ofrece un marco valioso para conectar el desafío climático con la agenda de la naturaleza y la biodiversidad. Promueve soluciones integradas, como la restauración de los ecosistemas, el uso sostenible de la tierra y la protección de los hábitats naturales para mitigar los impactos climáticos.

Impulsar la innovación en soluciones climáticas y de recursos

Centrarse en la resiliencia puede transformar de manera significativa la agenda de innovación empresarial. En lugar de limitarse a responder a riesgos inmediatos, la resiliencia lleva a las empresas a replantearse sus estrategias a largo plazo, especialmente en lo relativo al clima y los recursos. Así, la innovación pasa a consistir en algo más que mejorar productos o procesos: se trata de crear sistemas capaces de adaptarse a un futuro incierto. Este cambio podría impulsar avances en infraestructuras concebidas para la sostenibilidad a largo plazo, como las energías limpias, los modelos de economía circular y las tecnologías de captura de carbono, alineando la estabilidad operativa con los objetivos medioambientales.

La resiliencia como imperativo para los grupos de interés

Centrarse en la resiliencia podría permitir a los líderes empresariales ampliar su enfoque, pasando de atender exclusivamente el valor para los accionistas a considerar a un conjunto más amplio de grupos de interés. Al responder a las necesidades de empleados, consumidores y comunidades locales, así como de la sociedad civil en general, las empresas pueden generar confianza y legitimidad en un momento de mayor escrutinio. No se trata únicamente de una postura defensiva; también abre vías para crear valor e innovar a largo plazo.

Para las empresas agotadas por los debates polarizados en torno a ESG, la resiliencia podría servir como concepto unificador y anclado en la realidad. Desvía la atención de la controversia al tiempo que permite alcanzar objetivos ambientales y sociales necesarios para una gestión sostenible del capital. En esencia, permite a las empresas responder eficazmente a los desafíos inmediatos sin perder de vista el imperativo climático y medioambiental más amplio.

Muchas empresas ya avanzan en esta dirección. El renovado énfasis en la resiliencia se refleja en medidas concretas adoptadas por las empresas. Entre ellas figuran diversificar los proveedores, crear capacidad de producción local que aporte valor añadido y elevar el desempeño ambiental y social de sus bienes y servicios. También están reduciendo los residuos y las ineficiencias: estrategias que protegen las operaciones, así como a empleados, clientes y comunidades durante las crisis.

A medida que el mundo se vuelve cada vez más volátil, la resiliencia debe dejar de ser una palabra de moda. Debe convertirse en un enfoque verdaderamente pragmático y con visión de futuro para la estrategia empresarial en materia de clima y transición energética. Al integrar la resiliencia en sus operaciones, las empresas pueden hacer más que protegerse: pueden contribuir de manera significativa a los esfuerzos globales para combatir el cambio climático, proteger la naturaleza y promover un crecimiento sostenible y equitativo.

Resiliencia para un crecimiento sostenible

El panorama global es cada vez más multipolar y está marcado por la competencia económica y la fragmentación geopolítica. La idea de unas «condiciones equitativas» se desvanece. Las empresas deben centrarse en estrategias preparadas para el futuro y alineadas con los objetivos climáticos y de sostenibilidad. No pueden permitirse esperar señales claras de las políticas públicas. Deben seguir avanzando y alinear sus estrategias con las demandas sociales y los imperativos medioambientales.

El apoyo público a la defensa empresarial de la acción climática es sólido, como muestra una reciente investigación de GlobeScan (véase el gráfico anterior). Las empresas tienen tanto el mandato estratégico como la responsabilidad moral de actuar.

La resiliencia ya no es una palabra de moda: es esencial. A medida que aumentan las tensiones globales y los riesgos climáticos, las empresas deben adaptarse. Desarrollar resiliencia protege las operaciones y favorece un crecimiento sostenible e inclusivo.

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