La UE ha propuesto un gravamen sobre los productos importados intensivos en carbono, que marcará el papel del comercio en la lucha contra el cambio climático.
Estas medidas son polémicas entre los socios comerciales de la UE, algunos de los cuales las consideran «proteccionismo verde».
En el mejor de los casos, el impuesto en frontera sobre el carbono propuesto debería fomentar una comprensión compartida de las políticas comerciales basadas en el carbono, maximizando los beneficios tanto ambientales como económicos.
2021 ya ha dejado su huella en los debates mundiales sobre el comercio y el cambio climático. En julio, la UE propuso un gravamen sobre los productos importados intensivos en carbono. Para bien o para mal, lo que venga después marcará el papel del comercio en la lucha contra el cambio climático.
1. ¿Qué es un impuesto de ajuste en frontera por carbono? ¿Qué impulsa a la UE en esa dirección?
Un impuesto de ajuste en frontera por carbono es un arancel sobre las importaciones basado en la cantidad de emisiones de carbono derivadas de la producción del producto en cuestión. Como precio del carbono, desincentiva las emisiones. Como medida relacionada con el comercio, afecta a la producción y a las exportaciones.
La idea de un impuesto en frontera sobre el carbono lleva años siendo debatida por expertos. Si se diseña de forma unilateral, tiende a ser considerada injusta por los socios comerciales. Existe el riesgo de que se convierta en un instrumento proteccionista que proteja indebidamente a las industrias locales de la competencia extranjera, en lo que se denomina «proteccionismo verde».
Para la UE, sin embargo, el riesgo de «fuga de carbono» exigía actuar, aunque fuera de forma unilateral. Al proponer el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), la UE afirma estar preocupada por la reubicación de la producción hacia países con políticas climáticas menos ambiciosas, lo que socava los objetivos climáticos de la UE y los mundiales. Para la UE, el CBAM no sería ni un impuesto ni un arancel, sino una medida de política. Otros lo ven de otra manera.
El CBAM también tiene un impulso económico. Al «igualar» el precio del carbono entre los productos nacionales y las importaciones, la UE afirma promover una competencia justa, nivelando el terreno de juego entre las empresas de la UE y las de fuera de la Unión.
2. ¿Cómo funcionaría el régimen de la UE?
Si se implementa según lo previsto, los importadores de la UE tendrán que comprar certificados de carbono equivalentes al precio del carbono que se habría pagado en la UE si los bienes se hubieran producido localmente.
El precio de los certificados se calcularía según los precios de subasta en el mercado de créditos de carbono de la UE. La cantidad de certificados necesarios se definiría anualmente en función de la cantidad de bienes y de las emisiones incorporadas en dichos bienes importados en la UE.
El CBAM se aplicaría inicialmente a las importaciones de cemento, hierro y acero, aluminio, fertilizantes y electricidad.
3. ¿Cómo responden otros países?
La propuesta de CBAM de la UE contiene diversos aspectos polémicos. Por ejemplo: ¿cómo contabilizar de manera justa las emisiones relacionadas con la producción de los bienes importados? ¿Cómo tener debidamente en cuenta los costes que las empresas ya afrontan para cumplir con la normativa climática en los países exportadores?
Estados Unidos, China, India, Brasil, Sudáfrica y otros varios países, incluidos los países menos adelantados, han expresado su preocupación por el CBAM de la UE.
Suponiendo que el bloque avance con el régimen propuesto, ¿cuáles son las opciones de los socios comerciales de la UE? Es muy probable que se adapten a la nueva realidad, pero existen otros escenarios:
Los socios podrían:
• optar por tomar represalias contra las importaciones procedentes de la UE. Los países podrían decidir imponer barreras a las importaciones de la UE como respuesta.
• adoptar sus propios CBAM. Por razones climáticas, de intereses económicos o como respuesta a la UE, los países podrían empezar a adoptar sus propios impuestos en frontera sobre el carbono. Tras el anuncio de la UE, EE. UU. está considerando ahora esta opción. Un régimen similar se está gestando en Canadá.
• cuestionar el CBAM de la UE. Los especialistas en comercio han estado debatiendo la coherencia del mecanismo propuesto por la UE con las normas multilaterales. Es posible una disputa en la OMC contra la UE.
• optar por negociar exenciones con la UE. Sin embargo, muchos parecen reacios. Algunos socios sienten que se les obliga a negociar con Bruselas, ya que el régimen de CBAM propuesto permite a la UE reconocer los costes de las políticas climáticas en la producción en el extranjero. Pero negociar exenciones con la UE significa, en última instancia, plegarse a un régimen que a menudo se percibe como una imposición de Bruselas a los demás.
4. ¿Cómo pueden todas las partes aprovechar al máximo la iniciativa de la UE?
Ninguna de las vías anteriores logra garantizar los objetivos climáticos o comerciales óptimos. Una guerra comercial desencadenada por el CBAM de la UE no contribuiría a ninguna de estas causas. Una proliferación de distintas medidas en frontera sobre el carbono generaría costes innecesarios para el comercio, además de más margen para la discriminación y el proteccionismo. Es importante señalar que, en ausencia de coordinación, solo surgirían resultados climáticos subóptimos.
Es posible un camino más constructivo. El régimen propuesto por la UE debería servir para desencadenar un debate mundial serio sobre el papel del comercio en la lucha contra el cambio climático. Durante demasiado tiempo, los regímenes de comercio y de medio ambiente han evolucionado en paralelo, y la colaboración entre ambas comunidades ha resultado insatisfactoria.
Con el CBAM propuesto, existe un nuevo sentido de urgencia por alcanzar una comprensión compartida de las políticas comerciales basadas en el carbono. Si los países consideran que un impuesto en frontera sobre el carbono es el camino a seguir, una visión mundial sobre este tema debería incluir una armonización de los parámetros clave aplicables a ellos, así como normas acordadas para medir el carbono emitido en la producción de bienes. La transparencia y la no discriminación deberían seguir siendo principios clave de cualquier entendimiento mundial, lo que también debería garantizar que las medidas relacionadas con el carbono no restrinjan el comercio innecesariamente. Una visión compartida también debería reconocer, en línea con el Acuerdo de París, que los países siguen distintos enfoques y ritmos en sus esfuerzos de descarbonización.
Si Bruselas se sintió frustrada por la inacción y decidió avanzar de forma unilateral, ahora tiene la oportunidad de fomentar un compromiso mundial en torno al aprovechamiento de la política comercial para acelerar la acción climática. En otra ocasión, la UE quiso introducir un impuesto digital, y otros socios se mostraron seriamente preocupados. Pero eso ayudó a generar impulso para un compromiso mundial real con el fin de redefinir la tributación de las empresas multinacionales, algo que antes parecía extremadamente improbable. Quizás el CBAM de la UE pueda desempeñar un papel similar en los debates sobre comercio y clima.
La propuesta de la UE une de forma decisiva el comercio y el clima. Junto con la sociedad civil y las empresas, los líderes deben aprovechar esta oportunidad para promover la coherencia entre los regímenes climático y comercial, maximizando los beneficios tanto ambientales como económicos.




