Este artículo forma parte de la plataforma de Geoestrategia del Foro Económico Mundial
Los efectos del cambio climático se consideran cada vez más riesgos para la seguridad mundial, con consecuencias de gran alcance tanto para los sistemas humanos como para los sistemas naturales renovables.
La mayor parte de las investigaciones sobre clima y conflicto se ha centrado en África Oriental y el África subsahariana. El informe SIPRI Insights, Cambio climático y conflicto violento: escasas pruebas en Asia Meridional y Sudeste Asiático, explora y resume los resultados de una revisión sistemática de la bibliografía sobre la investigación acerca del clima y los conflictos en Asia Meridional y Sudeste Asiático.
Aunque estas regiones se han visto muy afectadas tanto por el cambio climático como por los conflictos, solo se ha realizado un pequeño número de estudios académicos rigurosos centrados en la relación entre clima y conflicto.
Causas interrelacionadas
Aunque esto limita la posibilidad de extraer conclusiones generales, hay pruebas específicas del contexto de que el cambio climático puede influir en las causas y la dinámica de los conflictos violentos de la región cuando: (a) deteriora los medios de vida de las personas; (b) influye en las consideraciones tácticas de los grupos armados; (c) las élites lo utilizan para explotar las vulnerabilidades sociales y los recursos; y (d) desplaza a las personas y aumenta los niveles de migración.
Al reconocer que estos mecanismos suelen estar interrelacionados y ser más visibles en unos contextos climáticos, de conflicto y socioeconómicos que en otros, queda clara la necesidad de investigar más tanto en Asia Meridional como en Sudeste Asiático.

En resumen, y teniendo en cuenta las limitadas pruebas disponibles, ¿qué puede deducirse sobre los vínculos entre el cambio climático y los conflictos violentos en Asia Meridional y Sudeste Asiático?
La principal conclusión de la revisión sistemática de la bibliografía es que el conocimiento es preocupantemente limitado. De hecho, países como Pakistán, Myanmar y Afganistán, que están experimentando el cambio climático y albergan conflictos violentos notorios, están infrarrepresentados en la investigación académica.
Del mismo modo, el reducido número de estudios académicos rigurosos realizados hasta ahora en los países y regiones de Asia Meridional y Sudeste Asiático limita la posibilidad de extraer conclusiones más amplias sobre las regiones en su conjunto.
No obstante, los estudios examinados confirman análisis anteriores y muestran que, en determinadas circunstancias, el cambio climático aumenta el riesgo de conflicto.
Cuatro mecanismos
Además, este estudio demuestra que los cuatro mecanismos identificados en revisiones anteriores del vínculo entre clima y conflicto también operan en el contexto de Asia Meridional y Sudeste Asiático, aunque con diferencias notables.
Los cambios ambientales relacionados con el clima influyen en los conflictos violentos cuando: (a) afectan negativamente los medios de vida de las personas; (b) influyen en las consideraciones tácticas de los grupos armados en conflictos en curso; (c) las élites explotan las vulnerabilidades sociales y los recursos; y (d) desplazan a las personas y aumentan la migración en contextos vulnerables y muy vulnerables que dependen de los recursos naturales.
Es importante analizar y comparar las regiones que, pese a ser vulnerables y estar muy expuestas al cambio climático, pueden mitigar pacíficamente esas presiones
Dada la escasez de investigaciones empíricas rigurosas sobre el vínculo entre clima y conflicto en Asia Meridional y Sudeste Asiático, será indispensable investigar más para comprender mejor cómo podría el cambio climático aumentar el riesgo de violencia y en qué circunstancias es probable que lo haga.
Como los conflictos violentos tienen múltiples causas, dependen del contexto y evolucionan con el tiempo, es esencial seguir investigando no solo para subsanar las lagunas de conocimiento, sino también para comprender mejor la aplicabilidad y la idoneidad de los distintos mecanismos de respuesta en diversos contextos.
Para ello, es importante analizar y comparar las regiones que, pese a ser vulnerables y estar muy expuestas al cambio climático, pueden mitigar pacíficamente esas presiones. No obstante, las investigaciones disponibles ofrecen lecciones pertinentes.
El vínculo entre clima y conflicto se manifiesta principalmente en contextos ya vulnerables al cambio climático y donde los ingresos dependen en gran medida de la agricultura y la pesca. Por ello, es importante apoyar el desarrollo de fuentes alternativas de ingresos, aumentar la capacidad de las comunidades para gestionar pérdidas temporales de ingresos y reforzar su resiliencia con el fin de mitigar los riesgos de conflicto.
Diversos académicos han sugerido que esto podría incluir sistemas de seguros que estabilicen los ingresos anuales de las poblaciones vulnerables, una menor sensibilidad de los ingresos a las condiciones climáticas, reformas jurídicas y mejores derechos sobre la tierra, programas de preparación ante sequías y asistencia agrícola.
A programas anteriores, como los de asistencia alimentaria, les ha seguido una disminución o un aumento de la violencia en distintos momentos de su implementación, ya que probablemente alteran las relaciones de poder en una comunidad.
Gestión del riesgo de desastres
Al planificar las respuestas de política, es necesario tener en cuenta la dinámica de la violencia tras la ejecución de los proyectos. Por tanto, la investigación señala la necesidad de elaborar análisis que tengan en cuenta los conflictos al diseñar y poner en marcha programas de gestión del riesgo de desastres y de acción climática.
En conclusión, la revisión subyacente ilustra la interacción entre los distintos mecanismos que vinculan el cambio climático y los conflictos.
Para comprender mejor esta relación y orientar las políticas sobre cómo mitigar los riesgos de conflicto, las investigaciones futuras deberían abordar de manera integrada la gestión de los recursos, la prevención de conflictos y la reducción del riesgo de desastres.
Las investigaciones futuras deben contribuir en las tres áreas clave siguientes.
1) Abordar las diferencias espaciales y temporales.Se prevé que los efectos del cambio climático aumenten con el tiempo, pero muchos desastres relacionados con el clima son estacionales y afectan de distinta manera la dinámica de los conflictos a lo largo del año. Además, pocos estudios abordan los contextos urbanos, pese al aumento de la urbanización y a la vulnerabilidad de los centros urbanos de la región.
2) Aprovechar la comprensión del contexto.Los fenómenos relacionados con el cambio climático y los conflictos tienen efectos distintos en cada sociedad. Por eso, es crucial comprender estas diferencias específicas de cada contexto para poder ofrecer respuestas adaptadas. Estas deben incluir a las comunidades locales y marginadas. Para ofrecer respuestas adecuadas al contexto que empoderen a los grupos vulnerables, es importante evaluar las necesidades, vulnerabilidades y resiliencia de las comunidades afectadas.
3) Tener en cuenta la capacidad institucional y la gobernanza. El carácter transnacional del cambio climático plantea nuevos desafíos, pero también hace que las instituciones y organizaciones cobren mayor relevancia. Cuando la capacidad institucional es baja, aumenta el riesgo de que la ayuda se gestione mal y de que se produzcan conflictos tras un fenómeno climático. Por ello, es importante analizar cómo las instituciones locales, nacionales y regionales están desarrollando su capacidad para hacer frente a estos riesgos.
Cambio climático y conflicto violento: escasas pruebas en Asia Meridional y Sudeste Asiático, Pernilla Nordqvist y Florian Krampe, Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo




