Una estrella de mar que antes era «tan común como un petirrojo» frente a la costa pacífica de EE. UU. ahora se considera una especie en peligro de extinción en la parte sur de su área de distribución, y nuevas investigaciones sugieren que el cambio climático podría ser en parte responsable.
Desde 2013, una enfermedad de desgaste de las estrellas de mar ha devastado unas 20 especies de estrellas de mar entre México y Alaska. Aunque algunas especies han empezado a recuperarse, la estrella girasol depredadora, de vital importancia, no lo ha hecho, según un artículo publicado el miércoles en Science Advances. De hecho, su población ha disminuido entre un 80 y un 100 % en un área de 3.0000 kilómetros (aproximadamente 1.864 millas) entre California y Canadá.
El equipo de investigación, dirigido por la Universidad Cornell y la Universidad de California (UC) en Davis, confirmó el declive con datos de más de 10.000 inmersiones realizadas por investigadores y científicos ciudadanos, así como de miles de arrastres en aguas profundas efectuados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). También descubrieron que las muertes de estrellas girasol estaban muy correlacionadas con los aumentos bruscos de la temperatura del océano.
«La ola de calor en los océanos —producto del aumento de las temperaturas atmosféricas— está agravando la enfermedad de desgaste de las estrellas de mar», afirmó Drew Harvell, investigador asociado del Centro Atkinson para un Futuro Sostenible de Cornell, según el comunicado de prensa de UC Davis. «Es una enfermedad mortal y, al añadirle una temperatura más alta, mata más rápido y causa un impacto mayor».
El calor como desencadenante
La mortandad de estrellas de mar comenzó el mismo año que una enorme ola de calor marina, pero, como las temperaturas del océano no son uniformes, los científicos no pudieron determinar si el agua más cálida afectaba directamente a las estrellas de mar y las hacía más susceptibles a la enfermedad de desgaste, explicó The New York Times.
Al mostrar que las estrellas girasol empezaron a morir poco después de que las temperaturas se dispararan, la nueva investigación respalda la hipótesis de que el calor contribuyó a desencadenar el brote.
«Lo realmente emocionante de este artículo es la correspondencia tan marcada entre esta anomalía de temperatura, que se produjo durante el año en que las estrellas de mar empezaron a morir», declaró a The New York Times Rebecca Vega Thurber, profesora asociada de microbiología ambiental de la Universidad Estatal de Oregón, que no participó en la investigación.
Según The New York Times y The Atlantic, las temperaturas más cálidas también se han vinculado al desencadenamiento de enfermedades de los corales, a un hongo que ataca a las poblaciones de ranas y sapos y a la bacteria que acabó con dos tercios de los antílopes saiga.
Depredadora clave
La estrella girasol proliferaba antes a lo largo de la costa del Pacífico y era de vital importancia para la salud de su entorno.
«Esta especie era tan común como un petirrojo», contó Harvell a The Atlantic. «Uno iba a bucear y siempre veía estrellas girasol».
De hecho, este depredador de un metro de diámetro, que puede desarrollar hasta 26 brazos y cazar erizos de mar, almejas y caracoles a una velocidad de 15 centímetros por segundo, se conoce como depredador «clave» por el enorme impacto que su presencia tiene en el ecosistema que habita. Desde que su población disminuyó, las poblaciones de erizos de mar, que ya no son controladas, han empezado a causar estragos en los bosques de algas.
«Los bosques de algas de la costa oeste han sufrido un fuerte impacto y probablemente seguirán reduciéndose a medida que estas estrellas girasol depredadoras se vuelvan extremadamente raras», declaró a The Atlantic Carol Blanchette, de la Universidad de California en Santa Bárbara.
Una financiación inesperada
Aunque los resultados del estudio son desalentadores, la historia de cómo obtuvo financiación inspira algo más de esperanza. Cuando hace cinco años los alumnos de sexto grado de la escuela Carl Stuart Middle School, en Conway, Arkansas, se enteraron de la mortandad de estrellas de mar, se sintieron motivados a hacer algo al respecto. Recaudaron unos 400 dólares fabricando estrellas de mar de papel, cada una con una personalidad inventada, y pidieron a la gente que las adoptara por un dólar.
«No tenemos ningún océano cerca», contó a The Guardian su profesora Vickie Bailey, ahora jubilada. «Los alumnos sabían que nunca irían a la costa y que probablemente nunca llegarían a ver este tipo de estrella de mar, pero les apasionaba mucho lo que estaba ocurriendo».
Después, los alumnos enviaron lo recaudado a Harvell, en Cornell.
«Casi me eché a llorar; me conmovió muchísimo», contó Harvell a The Guardian. «Así que aporté otros 400 dólares de mi bolsillo y luego uno de nuestros donantes de aquí contribuyó con una cantidad mayor. Básicamente, esa financiación nos permitió realizar el estudio inicial».





