Colapso climático, extinciones masivas, y desigualdad extrema amenazan el rico tapiz de vida de la Tierra y hacen que nuestro propio destino sea cada vez más incierto. En un momento de tanta agitación social, política y ecológica, es natural soñar con un mundo utópico en el que estos problemas ya no existan; de hecho, la gente lo viene haciendo desde hace siglos.
Estas visiones suelen descartarse como meras fantasías sin sentido, anhelos de sociedades imposiblemente perfectas. Pero estas suposiciones son en gran medida incorrectas. El utopismo es el motor del cambio social y ya ha inspirado a innumerables personas y movimientos a cambiar el mundo para mejor.
La utopía no es, como sugieren sus raíces etimológicas griegas, un “no-lugar”. El nombre puede derivar de la clásica obra de ficción de Thomas More del siglo XVI, Utopía, pero no se limita a la literatura que describe lejanos o fantásticos mundos ideales.
El utopismo es, de hecho, una filosofía que abarca diversas formas de pensar sobre una sociedad mejor o de intentar crearla. Parte de la declaración aparentemente sencilla pero poderosa de que el presente es insuficiente y de que las cosas pueden ser de otra manera. Presente en comunidades, movimientos sociales y discursos políticos, critica la sociedad y proyecta de forma creativa futuros libres de las ataduras de la época. En pocas palabras, encarna un impulso humano de larga data hacia la superación personal.
El utopismo se manifiesta en innumerables ejemplos históricos de quienes se han atrevido a desafiar el statu quo y afirmar que las cosas pueden —y, de hecho, deben— cambiar. Tomemos el sueño de Martin Luther-King de un mundo libre de segregación racial, o la lucha de las sufragistas por la igualdad de género.
Utopía ecológica
Ahora bien, nuestra relación con el mundo natural es el desafío definitorio de la humanidad, y las ideas utópicas han evolucionado para afrontarlo. Las aspiraciones “ecotópicas” ya son visibles en redes comunitarias que intentan crear formas de vida más conscientes como la Red de Transición, movimientos sociales como Extinction Rebellion, y propuestas políticas audaces como el de Estados Unidos, el Green New Deal. Además, muchas de las ideas que propusieron estos proyectos se imaginaron hace tiempo en destacadas obras literarias ecotópicas.
En los mundos ideales esbozados por Ernst Callenbach en Ecotopía y la obra de Kim Stanley Robinson Pacific Edge, por ejemplo, los recursos proceden de fuentes renovables y son de propiedad comunitaria. La atención sanitaria, la educación y el empleo significativo están disponibles para todos. Las enormes disparidades de riqueza se han erradicado mediante topes de ingresos y esquemas de ingresos mínimos. Estas ideas se reflejan en muchos aspectos del Green New Deal, que pretende orientar a Estados Unidos hacia la propiedad comunitaria de los sistemas energéticos y un sistema energético 100 % renovable para 2030, así como consagrar en la ley los derechos a una atención sanitaria de pagador único, a un empleo garantizado con salario digno, a una vivienda asequible y a la educación universitaria gratuita.
No está claro si Alexandro Ocasio-Cortez, la principal figura del gran paquete de políticas, se inspiró directamente en estas obras. Pero, a juzgar por la forma en que ha promovido el Green New Deal, sin duda ve el valor de pintar visiones de utopía. Por ejemplo, su vídeo viral, titulado “Un mensaje desde el futuro”, imagina de forma creativa una sociedad más resiliente social y ecológicamente dentro de apenas unas décadas y, lo que es crucial, nos ayuda a creer que es posible.
Como movimiento mundial descentralizado que concede autonomía a sus miembros y exige una política en la que la ciudadanía lidere, Extinction Rebellion también se hace eco de ideales de las novelas ecotópicas. En Ecotopía y en muchas otras obras similares, la mayoría de los aspectos de la vida están descentralizados, desde la agricultura a pequeña escala hasta la atención sanitaria de barrio. En Pacific Edge, la política directa que defiende Extinction Rebellion es central para el bienestar social y ecológico.
Extinction Rebellion insta a realizar esfuerzos de proporciones bélicas para descarbonizar en 2025, un objetivo utópico que en algunos ámbitos ha recibido escepticismo en algunos sectores. Pero, sea o no alcanzable, esta exigencia ha sido crucial para destacar que lo que hoy se considera políticamente posible no es suficiente para frenar el catastrófico colapso climático.
Sus visiones radicales han situado la crisis climática y ecológica en el centro de la agenda política. Y, lo que es crucial, han hecho que millones de personas se abran a la idea de que son posibles transformaciones fundamentales en la forma en que organizamos y damos energía a nuestras sociedades.
Para algunos, las serias propuestas políticas planteadas por Extinction Rebellion y en el Green New Deal podrían parecer poco realistas como las obras literarias que imaginan su realización. Pero ya se pueden encontrar ejemplos vivos de imaginación ecotópica en el mundo en el que vivimos.
Miles de comunidades intencionales en todo el planeta ya están creando espacios con la justicia social y ecológica como eje central. Muchas de estas ecocomunidades se han inspirado directamente en las comunidades imaginadas en novelas ecotópicas. Por ejemplo, cientos de ecoaldeas en la región báltica se crearon según el concepto expuesto en el libro de Vladimir Megre titulado The Ringing Cedars of Russia.
Algunos movimientos, como la Red de Transición —cuyo cofundador se describe a sí mismo como un “cosechador de visiones”— incluso trabajan para transformar asentamientos existentes en todo el mundo, con gran éxito. Como solo un ejemplo entre las iniciativas en casi 1.000 pueblos y ciudades, el proyecto de Transition Marlborough Bee Roadzz en el suroeste de Inglaterra ha reunido a residentes locales, empresas y organizaciones para conectar hábitats y combatir el rápido declive de las abejas y otros polinizadores.
Al hacer añicos la rigidez percibida del presente, el utopismo allana el camino para el cambio. Los mundos perfectos quizá no sean realizables ni siquiera deseables, pero eso no significa que debamos rehuir imaginar y luchar por un futuro mejor. Las sociedades sin desigualdad extrema ni degradación ambiental están, sin duda, dentro de los límites de lo posible. Ya sea en forma de novela creativa, movimiento social o propuesta política, soñar puede ayudarnos a llegar allí.






