Los países naturalmente vulnerables a los desastres naturales deben adaptarse para mantenerse a salvo y ser más resilientes frente a los tsunamis, afirma un experto en ingeniería costera.
La educación, los sistemas de alerta temprana, unas sólidas defensas costeras y el intercambio regional de datos son cuatro ejemplos de cómo los países pueden prepararse para el próximo desastre.
La ayuda extranjera se necesita antes de que azoten los tsunamis, no después; este enfoque proactivo salvará vidas.
La erupción de un volcán submarino y el posterior tsunami que azotaron Tonga el 16 de enero fueron uno de los desastres naturales más violentos de las últimas décadas. Aunque este suceso tuvo consecuencias catastróficas, este tipo de incidentes es relativamente frecuente, ya que los volcanes son inestables por naturaleza, impredecibles y se encuentran en todo el mundo.
He dedicado la mayor parte de mi carrera a realizar investigaciones de campo tras desastres, mejorar las defensas costeras y ayudar a las personas a ser más resilientes frente a los tsunamis y a sentir menos ansiedad ante el riesgo. El desafío para los países de estas zonas del mundo naturalmente vulnerables consiste en adaptarse y educar a sus ciudadanos para que tomen medidas para protegerse.
A continuación, expongo cuatro medidas que los países vulnerables deben tomar urgentemente para mitigar las consecuencias de los tsunamis:
1. Educar a la población para que sea más resiliente
La educación es una de las defensas más eficaces. Independientemente del tamaño de la ola o de la resistencia de los muros de contención, las personas tienen muchas más probabilidades de sobrevivir a un tsunami si saben exactamente cómo reaccionar cuando se activa una alerta. Por tanto, los países vulnerables deben crear urgentemente una comunidad informada y unida, consciente de que está expuesta al riesgo y que lo acepta como parte de su vida y su cultura.
Realicé reuniones de grupos focales con personas, empresas y comunidades de Indonesia tras el tsunami de Anak Krakatoa de 2018. En estos grupos, establecimos zonas designadas en terrenos elevados y señalización clara para dirigir a las personas a esos lugares seguros. Los ejercicios de evacuación, como los simulacros de tsunami, deben practicarse con regularidad para que las personas conozcan las zonas seguras y sepan adónde ir si se produce un tsunami real.
En Tonga, en particular, donde un tercio de la población tiene menos de 15 años, la seguridad ante los tsunamis debe enseñarse tanto en la escuela primaria como en la secundaria. Familiarizar a la población joven con los tsunamis, así como con otros peligros naturales como los ciclones y los terremotos, permitirá formar una población adulta más resiliente y menos ansiosa.
2. Crear sistemas eficaces de alerta temprana
Un descenso del nivel de la superficie del océano es una señal clara de que se aproxima un tsunami. Los países vulnerables deben crear sistemas de alerta temprana que utilicen satélites, drones y mareógrafos para medir la subida o bajada vertical del agua e identificar tsunamis antes de que ocurran.
A raíz del tsunami de Tonga, también sería útil instalar equipos como instrumentos de conductividad-temperatura-profundidad (CTD) cerca de los volcanes submarinos, junto con sismómetros y cámaras térmicas, y observar las aguas desde arriba con satélites. También se pueden desplegar en el mar boyas que midan la altura y la dirección de las olas.
Cuando se activan las alertas por cambios en el nivel del agua, se envían mensajes de alerta de tsunami que dan a las personas tiempo suficiente para salir de las zonas de impacto. Lo viví en primera persona mientras hacía trabajo de campo en una pequeña localidad de la costa sur de Japón en 2018. Durante mi estancia hubo un terremoto y, antes incluso de que dejara de temblar el suelo, mi colega recibió un mensaje de texto con instrucciones del gobierno regional. Tomé mi pasaporte y me preparé para dirigirme a una colina cercana si él recibía un mensaje de seguimiento de «alerta roja». Por suerte, ese terremoto en particular no provocó un tsunami y pudimos quedarnos donde estábamos.
3. Establecer un sólido sistema de defensa costera
Los países vulnerables a los tsunamis deben crear urgentemente sólidos sistemas de defensa costera, con rompeolas mar adentro, muros contra tsunamis y diques de contención contra inundaciones. Las olas de los tsunamis golpean con fuerza, por lo que, idealmente, estas estructuras deben construirse de hormigón armado para evitar la erosión. Las protecciones naturales, como los arrecifes de coral, podrían reforzarse con soluciones basadas en la naturaleza, como escolleras de roca o sacos de arena pesados, lo que reduciría los costos para los países en desarrollo.
Siempre que sea posible, las infraestructuras críticas, como las centrales eléctricas, las comunidades densamente pobladas y los destinos turísticos más concurridos, deben construirse en terrenos más elevados. Un buen ejemplo de ello se encuentra en las prefecturas de Miyagi e Iwate, Japón, gravemente afectadas por el tsunami de Tohoku de 2011 (el que causó un desastre nuclear en la vecina Fukushima). Algunas localidades fueron reconstruidas en terrenos elevados que se habían rellenado con tierra compactada.
Si hay espacio, se podrían plantar bosques costeros con árboles altos entre las comunidades y la playa para servir de zona de amortiguación, limitar el impacto de las olas y reducir las inundaciones, además de mejorar el ecosistema local.
Estas defensas pueden perjudicar la estética turística de las playas de arena blanca, pero podrían salvar vidas.
4. Adoptar un enfoque regional frente a los tsunamis
Los efectos de la erupción del volcán submarino y del tsunami en Tonga se sintieron en todo el Pacífico, en Australia, Nueva Zelanda, Japón y América. Estos países vulnerables deben adoptar un enfoque regional para defenderse de los tsunamis y responder ante ellos.
La ayuda debe proporcionarse antes de que azoten los tsunamis, no solo después. Esto puede hacerse compartiendo datos, conocimientos especializados, instalaciones de investigación y equipos. Es de vital importancia que esta información se proporcione específicamente a los países en desarrollo para ayudarles a reforzar sus propias defensas.
El volcán submarino cerca de Tonga está activo. Aunque la reciente erupción fuera un suceso que ocurre una vez cada 1.000 años, sigue existiendo una gran probabilidad de que vuelva a entrar en erupción, ya que los depósitos geológicos muestran que las erupciones importantes como esta suelen incluir una serie de numerosos episodios explosivos individuales.
Los países amenazados por tsunamis no pueden evitar que ocurran estos desastres naturales, pero sí pueden adaptarse para estar mejor preparados cuando sucedan. La ayuda extranjera será vital para que Tonga se recupere de este terrible incidente. Sin embargo, la educación y la colaboración serán sus defensas más importantes a largo plazo.








