Se calcula que 400 millones de hectáreas de bosques tropicales se destinan actualmente a la producción de madera.
Sin embargo, las prácticas actuales de tala no permiten la recuperación a largo plazo de la madera extraída de estos ecosistemas.
Los bosques tropicales naturales ya no pueden considerarse una simple fuente de madera: también deben tenerse en cuenta los servicios ambientales que prestan.
Las selvas tropicales cubren actualmente 1070 millones de hectáreas de la superficie mundial. Más del 90 % de ellas se encuentran en tres regiones: África Central, en la cuenca del Congo; Sudamérica, principalmente en la Amazonía; y el sudeste asiático, en Indonesia, Malasia y Papúa Nueva Guinea.
Se calcula que 400 millones de hectáreas de estos bosques se destinan actualmente a la producción de madera. Pero nuestras investigaciones realizadas durante muchas décadas demuestran que las normas que rigen la extracción de madera en los bosques tropicales – basada actualmente en la intensidad de la tala y el ciclo de corta – no permite la recuperación a largo plazo del volumen de madera extraído de estos ecosistemas.
Estas observaciones cuestionan los propios cimientos de la llamada «gestión sostenible» de estos bosques e indican que seguiremos viendo la degradación de los últimos bosques tropicales productores de madera del planeta. Por ello, es urgente buscar nuevas fuentes de madera. Los bosques naturales por sí solos no podrán satisfacer la demanda actual y futura.
Los principios de la silvicultura tropical –la gestión de los bosques para atender las necesidades de diversos grupos e industrias– también deben revisarse por completo.
Sin tiempo para recuperarse
La extracción de madera en los bosques tropicales afecta solo a un número muy reducido de árboles de interés comercial: de uno a tres árboles por hectárea en África, de cinco a siete en la Amazonía y ocho en el sudeste asiático. Solo unas pocas especies, como el ipé, el cumaru, el okoumé y el sapelli, se explotan en todo el mundo.
De estos, solo se talan y extraen los árboles más grandes, de más de 50 a 80 cm de diámetro. Después, el bosque se deja en reposo, generalmente entre 25 y 35 años, según la legislación de cada país. Estos periodos de reposo, conocidos como «rotaciones», deberían permitir teóricamente que el bosque recupere las reservas de madera extraída.
Pero nuestros datos muestran que, en realidad, estos periodos de reposo están muy subestimados.
Desde comienzos de la década de 1980, el CIRAD y sus socios han establecido parcelas experimentales para seguir la dinámica de los bosques tropicales con el fin de evaluar los efectos de la tala selectiva en la reconstitución de las reservas de madera. Esta información nos permite ahora simular la trayectoria de las selvas tropicales explotadas en función de la intensidad de la extracción, pero también de otras variables, entre ellas las precipitaciones y el tipo de suelo.
Utilizando esta información, calculamos la reconstitución de la biomasa de un bosque, el volumen comercial de madera y la evolución de la biodiversidad en la cuenca amazónica para destacar diferencias significativas dentro de la misma región.
Hemos comprobado que, en general, los turnos de rotación de 25-35 años vigentes en la mayoría de los países tropicales son insuficientes para reconstituir por completo el volumen de madera extraído. Por otro lado, la biodiversidad y la biomasa parecen recuperarse con bastante rapidez en un plazo de 20-25 años, tras lo cual más del 80 % de la biodiversidad se mantiene en el nivel previo a la tala.
Producción insostenible
En la Amazonía brasileña, la legislación vigente de protección forestal se basa en un ciclo de 35 años, con una intensidad de extracción de 15-20 m3 por hectárea y una proporción inicial de especies comerciales del 20 %. A este ritmo, y considerando una superficie de extracción de 35 millones de hectáreas, el nivel de producción no puede mantenerse más allá de un ciclo de extracción de 35 años, y disminuirá cada año hasta que se agoten los recursos.
Solo reduciendo a la mitad la intensidad de la extracción y con un ciclo de corta de 65 años se garantizaría una producción de madera sostenible y constante; sin embargo, en esta situación, solo el 31 % de la demanda actual podría satisfacerse.
En el sudeste asiático, el periodo del ciclo de corta es de 20 a 30 años, y las intensidades de extracción en bosque primario, de media 80 m3 por hectárea, pueden superar los 100 m3 por hectárea. Pero los datos del seguimiento de la dinámica forestal indican que solo una intensidad de 60 m³ por hectárea cada 40 años garantizaría una producción sostenible y constante a lo largo del tiempo.
Por último, en África Central, la recuperación de las reservas de madera extraídas 25 años después de la tala es solo del 40 %, lo que sugiere una recuperación de apenas el 50 % durante una rotación de 30 años.
Un nuevo sistema para la extracción de madera
La idea que subyace a la silvicultura tropical, concebida hace más de medio siglo, es que los bosques tropicales naturales son capaces de producir madera de forma sostenida. A la luz de nuestros resultados, esta postura debe revisarse por completo.
El seguimiento de la dinámica de los bosques tropicales tras la tala muestra que, en la mayoría de los países tropicales, no podrán satisfacer la creciente demanda de madera del mercado en un plazo de 30 años, conforme a las normas establecidas por la legislación forestal.
En la gran mayoría de los casos, la verdadera sostenibilidad exigiría una reducción considerable de la intensidad de extracción y un aumento significativo de la duración de los ciclos de tala, lo que compromete la sostenibilidad económica de la tala selectiva con el sistema legislativo actual.
Los bosques tropicales naturales ya no pueden considerarse una simple fuente de madera: también deben tenerse en cuenta los servicios ambientales que prestan. Por ejemplo, podríamos considerar que la madera de los bosques naturales tenga un precio superior al de las plantaciones, con usos previstos vinculados a la mayor calidad de su madera. Este precio más alto aumentaría la rentabilidad económica de la extracción de madera en los bosques naturales, mientras que la madera de las plantaciones podría destinarse a usos menos nobles.
Es urgente promover ya una silvicultura tropical diversificada, que combine la producción de madera procedente de bosques naturales, plantaciones mixtas, sistemas agroforestales (sistemas forestales creados por el ser humano con una estructura vegetal multinivel similar a la de los bosques naturales) y bosques secundarios (los regenerados en zonas deforestadas que se han abandonado).
El creciente interés internacional por la restauración de los bosques tropicales en el marco del Desafío de Bonn –un plan para restaurar 350 millones de hectáreas de tierras deforestadas para 2030– o la reciente proclamación del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), son ambas oportunidades para aplicar este nuevo enfoque en los trópicos.
Pero ningún nuevo sistema orientado a la producción sostenible de madera tendrá éxito si no se aplican también políticas eficaces para combatir la tala ilegal y la deforestación, que siguen abasteciendo el mercado de madera a costes más bajos y compiten con cualquier sistema de tala orientado a la sostenibilidad a largo plazo.







