No desperdiciar, no necesitar: por qué debemos reciclar más residuos de los inodoros

Yellow signage directing to toilets.
Challenging western taboos around toilets and sewage waste can help to provide environmental solutions to tackle climate change.Image: UNSPLASH/ Paul Green
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  • En muchas partes del mundo, los inodoros y los residuos humanos siguen siendo un tabú.

  • Los inodoros que reciclan los residuos humanos podrían reducir la enorme cantidad de aguas residuales que se produce y convertir esos residuos en fertilizante orgánico y biogás.

  • Al influir en las normas sociales, los responsables de la formulación de políticas pueden cambiar nuestra percepción del reciclaje de residuos humanos para introducir tecnologías de inodoros más ecológicas.

Cuando se trata del humilde inodoro, la mayoría adoptamos un enfoque de tirar de la cadena y olvidarse que considera los excrementos humanos un producto de desecho. Pero, en un mundo que experimenta el cambio climático, esto ignora que los residuos orgánicos pueden y deben reciclarse y reincorporarse a los ecosistemas. A pesar de su eficiencia, los inodoros que reciclan los residuos humanos son poco comunes porque la mayoría de las culturas los consideran demasiado desagradables.

Está claro que los inodoros siguen siendo un tabú. Esto ha dejado a muchas personas sin inodoros que puedan contener y tratar los residuos de forma segura o que utilicen grandes cantidades de agua para arrastrar los residuos a redes de alcantarillado y plantas de tratamiento con un alto consumo energético y sobrecargadas.

Muchas de las soluciones a los desafíos medioambientales giran en torno a nuevas innovaciones y tecnologías. Pero ¿y si se trata de algo más? ¿Y si tiene más que ver con la cultura, el comportamiento, los tabúes aprendidos y los prejuicios?

En nuestra investigación quisimos examinar la idea de los tabúes en torno al tema y averiguar qué podría hacer cambiar de opinión a la gente sobre la tecnología que recicla los residuos humanos. A medida que las personas buscan formas de vida más ecológicas y reducen su impacto en el entorno natural, nuestra manera de pensar qué es un residuo y qué tiene valor debe cambiar.

Tecnologías de inodoros más ecológicas

Quienes tienen autoridad suelen hacer suposiciones sobre lo que la gente aceptará o no, sin explorar debidamente cómo podrían acogerse algunas tecnologías. Por ejemplo, siempre ha habido resistencia de las comunidades a los parques eólicos. Los promotores suelen desestimar esta resistencia, aunque la participación de estas comunidades puede conducir, de hecho, a la aceptación con el tiempo. La propiedad comunitaria, en la que la población local está implicada y se beneficia de los rendimientos financieros, también puede aumentar la aceptación.

Los inodoros que reciclan los residuos humanos podrían reducir significativamente la cantidad de aguas residuales que actualmente sobrecarga las plantas de tratamiento y convertir esos residuos en fertilizante orgánico y en un combustible limpio, el biogás. Esto puede sustituir o reducir el uso de combustibles tradicionales de madera, que causan contaminación del aire en interiores y enfermedades asociadas.

Tecnología doméstica de biogás permite conectar los inodoros a un digestor anaerobio: unidades sin aire en las que las bacterias descomponen los residuos orgánicos para producir biogás limpio y renovable. Esta tecnología es más común en países de ingresos bajos y medios, pero tiene potencial para usarse más ampliamente en todo el mundo.

Superar la resistencia

Los digestores anaerobios conectados a inodoros (TLAD, por sus siglas en inglés) han encontrado mucha resistencia pero, sorprendentemente, hay poca información sobre cómo disipar los temores y las reservas, o la repugnancia, ante esta tecnología.

En Nepal, pese a los tabúes culturales que se oponen al uso de productos derivados de residuos humanos, hay informes de un gran número de TLAD. Queríamos ver si podíamos aprender algo sobre cómo la gente llegó a aceptarlos. Realizamos entrevistas en profundidad a hogares rurales y les preguntamos por las objeciones culturales y religiosas relacionadas con la pureza y la contaminación, y cómo se renegociaron para permitir la adopción de TLAD.

Sobre todo, descubrimos que hacía falta tiempo para que cambiaran las normas sociales y se superaran los sentimientos iniciales de resistencia. En algunos casos, los hogares solo instalaron TLAD después de que fallecieran las generaciones mayores, que se oponían más a la tecnología.

Los líderes comunitarios —o, como los llamamos, «personas dispuestas a asumir riesgos»— desempeñaron un papel importante a la hora de catalizar la adopción de inodoros con digestores anaerobios. Eran personas que instalaron TLAD incluso cuando el resto de la comunidad no lo aprobaba. A algunos les preocupaba que los TLAD hicieran que su casa oliera mal o fueran antihigiénicos, pero, cuando pudieron ver uno en funcionamiento, se dieron cuenta de que no era así.

Otros beneficios, como disponer de combustible gratuito para cocinar y no tener que buscar leña, la ausencia de humo dentro de la vivienda, un mejor diseño de los inodoros y menos problemas para eliminar los residuos, convencieron a la gente de la utilidad de la tecnología. Las demostraciones de los vecinos y las oportunidades de aprender cómo funcionaban los TLAD animaron a otras personas a instalar uno en su propia casa.

Cómo se producen biogás y fertilizante en un hogar nepalí con un digestor anaerobio.Image: Natalie Boyd Williams/Universidad de Stirling

Abrazar el futuro

Nuestros hallazgos dejan claro que los responsables de la formulación de políticas no deberían basar sus decisiones en las percepciones iniciales de la población sobre los inodoros recicladores. Deben convencer a la gente mediante demostraciones de las tecnologías y explicaciones de sus beneficios para las personas y el medio ambiente. También deben dar tiempo a la gente para acostumbrarse a la idea y superar la incomodidad que le producen las prácticas que le resultan difíciles.

En la comunidad de Nepal que estudiamos, la mayoría adoptó los TLAD cuando hacerlo se volvió socialmente más aceptable. En Singapur, donde el agua potable procedente de aguas residuales recicladas está ampliamente aceptada, las autoridades promovieron campañas positivas en los medios que comunicaban los fundamentos científicos y el valor medioambiental y, lo que es más importante, hicieron que consumir agua reciclada fuera de lo más normal. Los responsables de la formulación de políticas deberían reconocer el poder de las normas sociales y el papel tanto positivo como negativo que pueden desempeñar los medios al comunicar información.

Este estudio también puede enseñarnos algo sobre nuestra propia resistencia al reciclaje. En el Reino Unido, las aguas residuales y los residuos alimentarios se convierten en biogás y fertilizante agrícola mediante digestión anaerobia a escala industrial, pero las unidades de biogás a menor escala siguen pareciendo futuristas. Debemos superar las reacciones iniciales de reticencia y repugnancia para entender cómo puede producirse el cambio cuando contamos con la información adecuada, podemos ver beneficios tangibles y podemos contribuir a mejorar el medio ambiente.

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