Esta semana tengo el honor de unirme a unos 20 de mis compañeros Young Global Leaders para emprender el Viaje de Aprendizaje a Groenlandia del Foro Económico Mundial. Me hace muchísima ilusión visitar por primera vez esta fascinante y hermosa isla, la más grande del mundo. Pero también soy muy consciente de que nuestra expedición nos acercará a las alarmantes realidades que se están desarrollando en el epicentro del cambio climático mundial.
Al prepararme para este viaje, he reflexionado sobre los vínculos entre Groenlandia, con sus 57.000 habitantes, y la ciudad de Nueva York, cuyos 8,6 millones de residentes atiendo en mi función de comisionada de Asuntos Internacionales. Ambos destinos despiertan la imaginación de los viajeros. Ahora, el desafío del cambio climático nos une, pues compartimos la responsabilidad de garantizar un planeta seguro y habitable para las generaciones futuras.
A medida que nuestro planeta se calienta y se acelera el deshielo de la inmensa capa de hielo de Groenlandia, sus efectos, como el aumento del nivel del mar y la alteración de los patrones meteorológicos, se sienten en las costas y comunidades situadas a miles de millas. Para muchos neoyorquinos, la devastación causada por la supertormenta Sandy en 2012 fue una llamada de atención. Marcó un punto de inflexión en nuestro reconocimiento de los graves peligros que plantea el cambio climático, especialmente para las ciudades que están en la primera línea de esta lucha.
Agradezco la oportunidad de hablar con mis compañeros Young Global Leaders del mundo empresarial, la tecnología, el ámbito académico y otros sectores sobre las medidas de gran impacto que los gobiernos municipales están en una posición única para adoptar frente al cambio climático. Dado que más de la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades —una proporción que, según las proyecciones, alcanzará los dos tercios para 2050—, esta conversación debe incluir la voz y la perspectiva de las ciudades.
Para hacer frente al cambio climático, necesitamos diplomacia entre ciudades. Esta implica que los gobiernos locales se relacionen activamente con la comunidad internacional, aprovechando las conexiones globales y los recursos singulares de las ciudades. Basada en los valores compartidos de inclusión, asociación y cooperación, la diplomacia entre ciudades consiste en intercambiar mejores prácticas con socios de todo el mundo y asumir el liderazgo ante los desafíos globales, sobre todo en un momento en que algunos gobiernos nacionales parecen estar dando marcha atrás.
La ciudad de Nueva York alberga la mayor comunidad diplomática del mundo: la sede permanente de las Naciones Unidas (ONU), 193 misiones permanentes ante la ONU, 115 consulados y más de 70 misiones comerciales. Nuestros residentes de los cinco distritos, más de la mitad de los cuales son inmigrantes o hijos de inmigrantes, hablan 800 idiomas. La participación global propia de la diplomacia entre ciudades es una expresión natural de nuestro servicio a la ciudadanía, incluido nuestro urgente trabajo sobre el cambio climático.
La importancia de la participación de las ciudades en la acción climática quedó patente en junio pasado, cuando el presidente Trump anunció que Estados Unidos se retiraría del histórico Acuerdo de París. El alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, y cientos de alcaldes más de nuestro país respondieron afirmando que sus ciudades seguirían formando parte del acuerdo mundial e intensificarían sus esfuerzos para combatir el cambio climático a nivel local. El alcalde de Blasio emitió una orden ejecutiva para cumplir los objetivos del Acuerdo de París, y el plan resultante de 1,5 °C es el primer plan de acción municipal de la historia que cumple con dicho acuerdo.
Nuestra estrategia de alineación con París contempla una comunicación reforzada para informar a los neoyorquinos sobre lo que pueden hacer por el clima como ciudadanos locales. Como parte de este esfuerzo, la Oficina del Alcalde para Asuntos Internacionales aprovecha de forma creativa nuestros recursos y nuestra posición para llegar a nuevos públicos e involucrarlos en la acción climática, incluidas las comunidades afectadas que, de otro modo, quizá no tendrían la oportunidad de participar en la conversación. Lo hacemos, en particular, a través de nuestros dos programas insignia: Global Vision | Urban Action y NYC Junior Ambassadors.
En abril de 2015, el alcalde de Blasio puso en marcha OneNYC, el innovador plan estratégico de nuestra administración para un crecimiento sostenible e inclusivo. OneNYC ofrece una hoja de ruta para alcanzar objetivos como sacar de la pobreza a 800.000 neoyorquinos, ampliar el acceso a alimentos nutritivos y asequibles, y garantizar la protección de quienes están amenazados por el cambio climático —a menudo los neoyorquinos más vulnerables—.
Cinco meses después, en septiembre de 2015, los líderes mundiales se comprometieron en la ONU con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para acabar con la pobreza extrema, combatir la desigualdad y la injusticia, y prevenir los efectos nocivos del cambio climático para 2030. Nuestro programa Global Vision | Urban Action muestra las sinergias entre el plan OneNYC y los ODS, así como la manera en que nuestros socios de las agencias de la ciudad de Nueva York están aplicando los ODS mediante su trabajo en materia de agua, saneamiento, salud mental, empleo decente y muchos otros ámbitos a nivel local.
En mayo dimos un importante paso adelante al anunciar que la ciudad de Nueva York será la primera del mundo en informar directamente a la ONU sobre nuestros avances locales hacia los ODS, con el lanzamiento de nuestro Examen Local Voluntario en el verano de 2018. Al promover los ODS entre nuestros electores locales y colegas, conectamos a la ciudad más poblada de Estados Unidos con el lenguaje compartido de esta conversación global. Esperamos inspirar a otras ciudades a implementar los ODS y hacer un seguimiento de sus compromisos.
La participación juvenil también ocupa un lugar central en nuestro trabajo sobre acción climática. Nuestro programa NYC Junior Ambassadors conecta a estudiantes de séptimo grado de los cinco distritos con la labor de la ONU. Utiliza el marco de los ODS para empoderar a los estudiantes a actuar frente a problemas globales, empezando por sus propios barrios. Desde 2015, el programa NYC Junior Ambassadors ha llegado a más de 1.000 estudiantes y educadores en más de 50 aulas; muchos de ellos han realizado proyectos sobre el clima y su relación con desafíos como la equidad de género y la crisis de refugiados.
Hoy, el mundo cuenta con la mayor población juvenil de la historia: 1.800 millones de personas. La tecnología hace que estén más conectadas que nunca. Son quienes más sufrirán los crecientes efectos del cambio climático y sienten una motivación especial para actuar ante él. El programa NYC Junior Ambassadors proporciona a los estudiantes herramientas para organizar sus propias iniciativas de defensa del clima y ejercer liderazgo global, incluida la oportunidad de hablar en la ONU sobre la necesidad de proteger nuestros océanos y reducir nuestra huella de carbono mediante un consumo sostenible.
Las ciudades tienen un enorme potencial para influir en la conversación y la agenda globales sobre el cambio climático. Me complace compartir algunas de las formas en que estamos abordando este desafío en la ciudad de Nueva York. Podemos hacer aún más, especialmente si abrazamos la diplomacia entre ciudades.




