El Tercer Polo se está descongelando. Por qué Pakistán debe actuar ahora ante el deshielo de los glaciares

Farmers in Gilgit-Baltistan and Khyber Pakhtunkhwa regions of Pakistan are under threat from melting glaciers.
Glaciers melting are threatening livelihoods in regions of Pakistan.Image: Reuters/Akhtar Soomro
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  • Los glaciares del «Tercer Polo» de Pakistán abastecen a más de 220 millones de personas, riegan el 90 % de las tierras agrícolas y generan una parte importante de la energía hidroeléctrica.

  • Pero estos mismos glaciares, que han sustentado a generaciones de agricultores, ahora amenazan los medios de vida a ambos lados de las fronteras al comenzar a derretirse.

  • Al entrar en el segundo año del Decenio de Acción para las Ciencias Criosféricas, debemos actuar ya para preservar la mayor reserva de hielo del mundo fuera de las regiones polares.

Un glaciar que ha sustentado a generaciones de agricultores en el valle de Hunza, en Pakistán, ha comenzado a ponerlos en peligro: retrocede varios metros al año y ahora representa un riesgo de inundación, en vez de prometer agua para el riego.

Al entrar el Decenio de Acción para las Ciencias Criosféricas (2025-2034) en su segundo año, este valle cuenta la historia de una nación que alberga la mayor reserva de hielo del mundo fuera de las regiones polares, pero presencia su desaparición y aún espera una respuesta mundial.

La magnitud de lo que se está perdiendo exige contexto. Pakistán alberga los glaciares más numerosos del mundo fuera del Ártico y la Antártida, que se extienden por las cordilleras del Hindu Kush y el Himalaya y conforman lo que, por ello, se conoce como el «Tercer Polo».

No son meros rasgos geográficos: son las torres de agua de la civilización y la base ecológica de la supervivencia de toda una nación.

Los glaciares del «Tercer Polo» abastecen a más de 220 millones de personas

Alimentan más del 60 % del agua del país mediante el deshielo que alimenta el sistema del río Indo. Los glaciares del Tercer Polo abastecen a más de 220 millones de personas, riegan el 90 % de las tierras agrícolas y generan una parte considerable de la energía hidroeléctrica.

Su rápido retroceso supone una amenaza directa y acumulativa para la seguridad alimentaria, hídrica y energética, y ahora puede medirse en tiempo real. Casi 10.000 glaciares están retrocediendo y formando 3.044 lagos glaciares, de los cuales 33 ya se consideran muy inestables.

El 21 de marzo de 2025, la ONU celebró por primera vez el Día Mundial de los Glaciares y puso en marcha al mismo tiempo el Decenio de Acción para las Ciencias Criosféricas, un marco de 10 años para la cooperación científica internacional frente a la pérdida de glaciares.

En Pakistán, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) conmemoró la ocasión con un acto nacional de conservación, una rara muestra de relevancia institucional para una situación que apenas recibe atención mediática fuera de la temporada de inundaciones.

Pero la pregunta ya no es si el mundo está al tanto, sino si esa conciencia ha dado lugar a resultados medibles para comunidades que no pueden permitirse esperar.

Impacto del deshielo de los glaciares del Himalaya

Los glaciares del Himalaya se han derretido un 65 % más rápido desde 2010 que en la década anterior, con tasas de deshielo de hasta 10-30 metros al año, a un ritmo que supera la capacidad de la nieve para reponerlos.

La superficie glaciar de la región ya se ha reducido un 40 % desde la Pequeña Edad de Hielo de hace 400-700 años. Las proyecciones advierten que entre un tercio y dos tercios del volumen glaciar restante podrían desaparecer para 2100, según las trayectorias de calentamiento.

El aumento del agua de deshielo hasta la década de 2050 podría mantener temporalmente el caudal de los ríos, pero eleva el riesgo de deslizamientos de tierra y de desbordamientos repentinos de lagos glaciares, lo que pone en peligro la seguridad alimentaria e hídrica de más de mil millones de personas que dependen de los sistemas fluviales del Indo, el Ganges y el Brahmaputra.

El costo económico ya es visible: tan solo las inundaciones de Pakistán de 2022 borraron, según las estimaciones, el 9,8 % del producto interno bruto (PIB) del país, anulando años de crecimiento.

Estas consecuencias se traducen en tres vulnerabilidades interconectadas. Primero, la seguridad hídrica: el río Indo recibe el 50 % de su caudal anual del deshielo de glaciares y nieve, pero el suministro de agua per cápita de Pakistán ya se acerca al umbral de escasez de 1.000 metros cúbicos por persona.

Segundo, la seguridad alimentaria y energética: el sistema del Indo abastece a 319 millones de personas en Pakistán, India, Afganistán y China, mientras que la energía hidroeléctrica, que depende del caudal glaciar, suministra aproximadamente el 29 % de la electricidad de Pakistán.

Ambas están ahora en riesgo, a medida que los patrones de deshielo se vuelven erráticos. La desestabilización del sistema es una catástrofe regional, no solo nacional.

Tercero, el desplazamiento: las comunidades de Gilgit-Baltistán y Jaiber Pastunjuá se han reubicado dos veces en la última década debido al deshielo impredecible de la nieve, lo que ha llevado a los hombres de la zona a abandonar sus campos y migrar a las ciudades.

Ahora, la pregunta recae con más fuerza en Pakistán, que representa menos del 1 % de las emisiones mundiales, pero sufre más de lo que le correspondería por sus efectos.

Los esfuerzos de Pakistán para preservar sus reservas glaciares

Pese a estas presiones crecientes, Pakistán no ha sido un observador pasivo.

El proyecto de reducción del riesgo de desbordamientos repentinos de lagos glaciares (GLOF-II), dirigido por el Fondo Verde para el Clima y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha desplegado 218 sistemas de alerta temprana que transmiten datos en tiempo real, construido 411 muros de gaviones, rehabilitado 317 canales de riego y establecido 60 refugios seguros en 24 valles muy vulnerables de Gilgit-Baltistán y Jaiber Pastunjuá, en beneficio de más de 211.000 personas.

El programa Recharge Pakistan utiliza humedales e infraestructura verde para mitigar las inundaciones, y la Iniciativa Living Indus restaura 25 ecosistemas de la cuenca del Indo.

En 2025, Pakistán puso en marcha su Estrategia de Conservación de Glaciares para preservar las reservas glaciares y garantizar el suministro futuro de agua. Sin embargo, las deficiencias son tan importantes como los avances.

Los sistemas de alerta temprana aún no pueden predecir de manera fiable cuándo se producirán los desbordamientos de lagos glaciares, lo que deja a la población con miedo en vez de preparada. Los gobiernos provinciales de Gilgit-Baltistán y Jaiber Pastunjuá carecen de fondos, mano de obra cualificada y herramientas modernas para abordar adecuadamente la crisis.

Estos esfuerzos siguen siendo islas de resiliencia en un mar de riesgos desatendidos que no surgieron de forma aislada. Ahora hay que exigir responsabilidades a los países cuyas emisiones están derritiendo los glaciares, mediante compromisos financieros vinculantes, accesibles y acelerados, no mediante declaraciones.

Por qué la acción sobre los glaciares debe ser un mandato mundial

El reciente Día Mundial de los Glaciares nos animó a todos a actuar para preservar el papel vital de los glaciares en el sustento de la vida en la Tierra para las generaciones venideras, y explicó por qué la acción debería ser un mandato, no una conmemoración.

Por consiguiente, al entrar en el segundo año del Decenio de Acción para las Ciencias Criosféricas, la comunidad mundial debe pasar de las declaraciones a los resultados.

Deben cumplirse tres exigencias para determinar si ese decenio ofrece beneficios tangibles a las comunidades que viven bajo el hielo menguante de Pakistán.

Primero, la recopilación de datos sobre patrones meteorológicos, volumen glaciar y caudal de los ríos debe ser obligatoria en los compromisos climáticos de todos los países, porque las conclusiones que se extraen sin datos precisos de las montañas no son políticas públicas, sino conjeturas.

Segundo, el Fondo de Pérdidas y Daños de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) debe contar rápidamente con financiación plena y ser objeto de una reestructuración, ya que los fondos absorbidos por las capas administrativas nunca llegan a las familias desplazadas de Gilgit-Baltistán ni a los agricultores de Hunza que los necesitan.

Tercero, Pakistán debe liderar un programa de diplomacia glaciar en Asia Meridional que reúna a India, Nepal, Bután, China y Afganistán en una mesa común de gobernanza para el Hindu Kush y el Himalaya, porque los glaciares no reconocen fronteras, y la respuesta tampoco puede hacerlo.

Los glaciares sobre Hunza siguen retrocediendo. Que las comunidades que viven debajo tengan tiempo para adaptarse depende menos del hielo que de las decisiones tomadas en capitales y salas de conferencias muy lejos del fondo del valle.

Los glaciares del Tercer Polo seguirán derritiéndose, tanto si el mundo les presta atención como si no. Pero la rapidez con que desaparezcan y la preparación de la humanidad para afrontar las consecuencias de su pérdida siguen siendo decisiones políticas.

Esto es Pakistán en 2026. El silencio ya no es una opción cuando se trata de actuar frente al deshielo de los glaciares.

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