Para hacer frente al cambio climático, el Acuerdo de París de 2015 aspira a limitar el aumento de la temperatura mundial a menos de 2 grados Celsius. Un estudio reciente, sin embargo, concluyó que es muy posible que nuestro planeta supere ese umbral antes de que termine el siglo. Otros indicios muestran que, incluso si no hubiera más emisiones de combustibles fósiles, probablemente el planeta aún se calentaría más de 1 grado Celsius. Son pronósticos alarmantes, pero la lucha por nuestro futuro no ha terminado. Debemos actuar ahora para mitigar el cambio climático, que amenaza la salud pública, la economía mundial, el rendimiento agrícola, la igualdad social y muchos otros aspectos de la vida en la Tierra.
Hacer frente a esta crisis exigirá esfuerzos amplios y conocimientos especializados de gran alcance: los líderes de los gobiernos, las empresas, las organizaciones sin ánimo de lucro y el mundo académico deben colaborar para «crear un futuro común en un mundo fracturado», el tema de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial.
Las universidades pueden ser valiosas aliadas en estos esfuerzos. Como centros de investigación pionera, programas educativos dinámicos y foros que reúnen a expertos diversos, las universidades están en una posición privilegiada para ayudarnos a comprender y mitigar el cambio climático y construir un futuro más sostenible.
Impulsar nuevos descubrimientos y orientar las políticas
Los nuevos conocimientos son esenciales para comprender y contrarrestar los efectos del cambio climático, incluido el desarrollo de energías más limpias, una agricultura más ecológica y métodos para capturar dióxido de carbono. Como es natural, los científicos lideran los esfuerzos para analizar el alcance del calentamiento global y cómo contribuyen a él los seres humanos. Intelectuales de otros campos trabajan intensamente para esclarecer la magnitud del problema y descubrir soluciones, como dar forma a las políticas públicas; estudiar las creencias y los comportamientos y transformar las estructuras sociales y económicas; y encontrar las mejores formas de comunicar e instruir a las comunidades.
Una estrategia eficaz para combatir el calentamiento global y otras consecuencias del cambio climático requerirá conocimientos y experiencia de distintas disciplinas. El Índice de Desempeño Ambiental (EPI), dirigido por Yale, por ejemplo, reúne a científicos ambientales y de datos, economistas, responsables de formular políticas y especialistas en derecho, en colaboración con otras universidades, fundaciones y el Foro Económico Mundial. El EPI ofrece una perspectiva mundial del desempeño ambiental y clasifica a los países según la protección de la salud humana y los ecosistemas. Los datos del EPI pueden aportar observaciones valiosas, como el impacto climático de algunos de los principales países emisores de carbono.

Apoyar a las comunidades mediante la investigación interdisciplinaria
Las universidades llevan la investigación interdisciplinaria más allá del campus para colaborar con las comunidades en cuestiones relacionadas con el cambio climático. Por ejemplo, el Instituto de Cornell para Soluciones Climáticamente Inteligentes ayuda a los agricultores a afrontar los posibles efectos negativos del cambio climático mediante herramientas de toma de decisiones en línea y otros recursos. El Programa de Yale sobre Comunicación del Cambio Climáticoestudia las actitudes del público ante la información sobre el cambio climático. Sus hallazgos ayudan a legisladores, responsables de formular políticas, educadores y medios de comunicación a elaborar mensajes más eficaces sobre este tema fundamental.

A través del proyecto de Educación sobre el Cambio Climático de la Universidad de Stanford, científicos y educadores elaboraron un plan de estudios para enseñar sobre el cambio climático a niños de escuelas medias y secundarias del área de San Francisco. La Universidad Tsinghua de Pekín y el Instituto Tecnológico de Massachusetts colaboran en el Proyecto de Energía y Clima de Chinapara estudiar las políticas en China y mejorar la gestión del cambio climático.
En campus de todo el mundo, nuevas investigaciones prometedoras están aportando conocimientos sobre numerosos temas relacionados con el clima: consumo de energía, seguridad alimentaria, fenómenos meteorológicos extremos, adaptación de los ecosistemas, salud humana y más. En este momento crucial, es fundamental que los gobiernos aumenten la financiación de la investigación y el desarrollo en las universidades. Durante buena parte del siglo XX, las universidades fueron grandes motores del descubrimiento, y ahora no podemos permitirnos quedarnos atrás.
Preparar a los futuros líderes
Todos nuestros estudiantes se enfrentarán a un mundo transformado por el cambio climático. Los educadores tienen la obligación de prepararlos para superar este inmenso desafío.
Las universidades son entornos ideales para incubar ideas capaces de cambiar el mundo. Un ejemplo de ello es el premio Wendy Schmidt Oil Cleanup X Challenge de 2011, dotado con 1 millón de dólares, que se otorgó a una empresa que desarrolló equipos para recuperar petróleo derramado basados en un diseño creado por un estudiante de posgrado de la Universidad de California en Santa Bárbara.
Independientemente de que un proyecto estudiantil se convierta o no en una tecnología que se utilice sobre el terreno, la formación práctica —en alianzas que trascienden los campus— es esencial para involucrar a los estudiantes y darles a conocer el importante trabajo que podrían realizar después de graduarse. Es fundamental enseñarles a comunicar ideas, obtener el apoyo de sus compañeros y de los inversores y, lo que es más importante, aprender el valor de resolver desafíos sociales, tecnológicos y científicos, como el cambio climático, mediante el pensamiento innovador y la colaboración interdisciplinaria.
Los estudiantes son nuestra mejor esperanza para crear un futuro más sostenible. Ofrecerles oportunidades para pensar de forma crítica y adquirir conocimientos especializados sobre el clima es una inversión importante en la formación de la próxima generación de responsables de formular políticas y líderes de nuestro planeta.
Laboratorios vivos
Al cumplir sus misiones de investigación y educación, los campus también sirven como «laboratorios vivos» para nuevas ideas y muestran a otros cómo crear un futuro más sostenible.
En 2015, la Universidad de Yale puso a prueba un programa de gravamen al carbono. Asignar un precio al carbono podría ser un poderoso incentivo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Ya aplicado en todo el campus, el gravamen al carbono de Yale —uno de los primeros de este tipo en la educación superior— funciona cobrando a cada unidad administrativa de la universidad por las emisiones de carbono asociadas a sus edificios. El programa abarca 250 edificios en el campus, que ocupa 345 acres. Otras instituciones, como la Universidad de Princeton y el Swarthmore College, han aplicado distintas formas de fijación interna del precio del carbono.
Yale también fue la primera universidad en sumarse a la Coalición de Liderazgo en la Fijación del Precio del Carbono, un consorcio mundial de organizaciones gubernamentales, del sector privado, académicas y sin ánimo de lucro, dedicado a utilizar la fijación del precio del carbono para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Como pionera en la fijación del precio del carbono, la universidad espera que su investigación ayude a otras instituciones interesadas en fijar internamente el precio del carbono y reducir las emisiones. Yale ya está empezando a compartir las lecciones aprendidas en el estudio piloto.
Las universidades tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de hacer de la sostenibilidad un eje central de la investigación y la educación en sus campus.
Reunir a pensadores y líderes
Las universidades dependen del intercambio libre y abierto de ideas. El compromiso con la libertad de expresión es uno de los rasgos distintivos y las fortalezas de la educación superior estadounidense. Como foros neutrales donde se escuchan y debaten ideas diversas, los campus pueden iniciar conversaciones importantes sobre el cambio climático.
En abril de 2017, la Universidad de Pekín recibió a Erna Solberg, primera ministra de Noruega, para debatir sobre sostenibilidad y cómo gestionar la globalización protegiendo al mismo tiempo el medioambiente. Por su parte, el exsecretario de Estado estadounidense John Kerry organizó en septiembre de 2017 una conferencia apartidista en la Universidad de Yale para establecer una agendade acción frente al cambio climático.

Miles de estudiantes, docentes, empleados y exalumnos de Yale escucharon al exsecretario de Estado estadounidense James Baker, al gobernador de California Jerry Brown, al presidente del Grupo Banco Mundial Jim Yong Kim y al actor y defensor del medioambiente Leonardo DiCaprio, junto con directores ejecutivos y altos responsables de formular políticas.
Universidades: aliadas para el cambio
Según una encuesta recienterealizada por la Universidad de Yale y la Universidad George Mason, siete de cada diez estadounidenses creen que el calentamiento global está ocurriendo. Además, más de la mitad (el 58 %) considera que el cambio climático se debe principalmente a la actividad humana, el nivel de apoyo más alto a esta teoría desde que comenzó la encuesta en 2008.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer para educar al público y concentrar nuestros recursos intelectuales en desarrollar soluciones que hagan frente al cambio climático.
Las universidades pueden desempeñar un papel importante en estos esfuerzos. Como comunidades intelectuales diversas, pueden tender puentes entre disciplinas al fomentar la colaboración entre expertos de distintos campos. Pueden inspirar y empoderar a los jóvenes, preparándolos para un futuro transformado por el cambio climático. Pueden experimentar con nuevas ideas y servir de foros para el diálogo y el debate, promoviendo conversaciones sustantivas sobre estos asuntos.
En un mundo cada vez más marcado por la polarización y el desacuerdo, las universidades pueden ayudar a forjar consensos y promover la colaboración en torno a objetivos comunes. Podemos combinar nuestras fortalezas académicas con la participación local y mundial en cuestiones relacionadas con el cambio climático y ayudar a crear el mundo compartido que todos deseamos ver.




