¿Qué podría ser más importante que preservar condiciones de vida habitables en la Tierra? El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y otros problemas ambientales exigen cambios de un orden de magnitud muy superior a la trayectoria habitual de los negocios. Y, sin embargo, a pesar de la innovación social y tecnológica acumulativa, los problemas ambientales se aceleran mucho más rápido que las soluciones sostenibles.
La industria del diseño es una de las muchas industrias que se movilizan para abordar los imperativos ambientales. Aunque los diseñadores orientados a la sostenibilidad trabajan por el cambio desde muchos ángulos, abordar el cambio climático y otros problemas ambientales a esta escala exige transformaciones mucho más profundas en las ideas, estructuras y sistemas económicos que permiten –o impiden– el diseño sostenible.
En pocas palabras, los diseñadores no pueden diseñar formas de vida futuras sostenibles a gran escala sin un cambio en las prioridades económicas. Los impactos humanos en los procesos planetarios del Antropoceno requieren nuevos tipos de diseño y economía con compromiso ecológico si han de producirse las necesarias transiciones tecnológicas, sociales y políticas.

El diseño es crucial en este debate porque es clave para la creación de formas de vida futuras. Los diseñadores hacen que las nuevas ideas, productos, servicios y espacios resulten deseables para los usuarios futuros. Con la forma de una tipografía, una marca, el estilo de un producto, la apariencia y sensación de un servicio, la textura de una prenda, la sensación de estar en un edificio concreto, los diseñadores sirven a los intereses de los clientes (generalmente, quienes disponen de renta). Lo hacen según la lógica y los modos de gobernanza generados por lo que las estructuras económicas valoran. El diseño es la práctica que hace que el capitalismo resulte tan atractivo.
Los diseñadores crean nuevos productos, servicios y espacios que dan forma a las formas de vida futuras, y pueden usar sus habilidades para crear opciones sostenibles. Pero existe un dilema. El mercado rara vez prioriza los intereses que no pagan las facturas ni aportan de otro modo capital a la mesa.
El diseño se sitúa en la intersección del valor económico y los valores sociales. El diseño transforma lo que los sistemas económicos valoran en nuevas formas de vida, que a su vez generan ciertos tipos de valores sociales. Este trabajo está generado por las prioridades de la industria del diseño, impulsadas por imperativos económicos.

Puntos ciegos de la economía convencional
La economía neoclásica tradicional se desarrolló en una época en la que todos los sistemas de conocimiento ignoraban esencialmente las preocupaciones ecológicas. En la economía convencional, el valor –que se crea generando beneficios y acumulando capital para propietarios e inversores– se extrae sistemáticamente de los sistemas en los que están insertos los sistemas económicos: los sistemas sociales y ecológicos.
Los sistemas económicos contemporáneos reproducen esta tradición al recompensar a personas y empresas por utilizar (y a menudo explotar) recursos para generar beneficios, independientemente de las consecuencias ecológicas o sociales. Las dinámicas extractivas y explotadoras de la economía capitalista generan economías atrapadas en un cambio climático acelerado, la extinción de especies y otros graves problemas ambientales y sociales. Este sistema económico sigue produciendo grados cada vez mayores de crisis a medida que se superan los límites planetarios de formas cada vez más extremas.

Pero existen alternativas económicas. La teoría económica heterodoxa (como la economía ecológica, feminista y marxista) desafía los supuestos de la economía dominante. Ha demostrado cómo las economías neoclásica y neoliberal producen economías insostenibles que devalúan sistemáticamente el mundo natural, el trabajo de las mujeres y el trabajo de otros grupos históricamente privados de un acceso igualitario al capital.
Por ejemplo, el Modelo del Iceberg representa un marco económico feminista en el que se hacen explícitas las actividades no comerciales, incluido el trabajo no remunerado que sostiene la economía capitalista.

Los desafíos del Antropoceno exigen que superemos los sesgos explotadores y antiecológicos de la economía neoclásica y neoliberal. Una alternativa popular es la Economía de la rosquilla. Esta alternativa daría prioridad tanto a la justicia social como a la sostenibilidad ambiental para crear un espacio operativo seguro para la humanidad. A diferencia de la economía convencional, la economía heterodoxa tiene en cuenta el contexto ecológico y los límites planetarios, al tiempo que aborda los intereses de las poblaciones históricamente desfavorecidas.
Economía ecológica y diseño
La industria del diseño, como la mayoría de las industrias, se rige por ideas, estructuras y sistemas económicos. Los sistemas económicos determinan las prioridades en los estudios de diseño y en la formación en diseño, incluido si los diseñadores pueden centrarse o no en soluciones sostenibles.
Así pues, los factores económicos determinan si los diseñadores pueden dirigir sus energías a hacer posibles formas de vida sostenibles o no. Pocos de nosotros estamos empleados para realizar tareas que permitan responder de forma responsable a las circunstancias ambientales, porque la economía política actual no está orientada a priorizar la preservación de la vida en este planeta.
Cuando las prioridades de un diseñador individual orientado a la sostenibilidad entran en conflicto con las de la industria del diseño, que a menudo se rige por un sistema económico orientado al beneficio, al diseñador le resulta difícil ganarse la vida. Si las soluciones sostenibles no generan beneficios, no tendrán éxito en este sistema económico (sin intervención gubernamental o apoyo caritativo). La industria del diseño no prioriza sistémicamente las necesidades del medio ambiente dentro de este sistema económico, porque la forma en que se genera el valor en la economía contemporánea depende del rechazo sistémico de las prioridades ecológicas.
Nuevas economías del diseño
Abordar este dilema es un reto importante. Ahora es evidente que el sistema económico debe diseñarse para reflejar las prioridades y los valores asociados a la preservación de condiciones habitables en el planeta. El cambio climático y otras graves amenazas ambientales exigen cambios profundos en las prioridades económicas. Los campos de la economía y el diseño deben reorientarse para que los servicios, estructuras y sistemas económicos respalden un diseño socialmente distributivo y ambientalmente regenerativo.
La humanidad ya posee el conocimiento necesario para hacer posibles formas de vida sostenibles y socialmente justas en este planeta. Lo que aún no tenemos es la capacidad de hacer posibles estas transiciones en el contexto político actual. Los nuevos tipos de diseño y economía podrían ser la base de transiciones sistémicas.
Clave para esta transición es una educación con alfabetización ecológica tanto en diseño como en economía. Ambos campos deben transformarse radicalmente para afrontar los desafíos del Antropoceno. Con una educación crítica y con compromiso ecológico en diseño y economía, las nuevas economías del diseño reorientadas podrían facilitar transiciones sostenibles y hacer que otro mundo no solo sea posible, sino deseable.




