Los científicos han descubierto que la cuenca amazónica es ahora una emisora neta de gases de efecto invernadero; pero la actividad humana es la principal causa del cambio climático.
Los incendios y la desecación de los bosques que se inundan estacionalmente liberan grandes cantidades de metano y óxido nitroso, más perjudiciales para el medio ambiente que el CO2.
Aunque desempeñan un papel importante, los bosques por sí solos no bastarán para frenar el cambio climático, porque están perdiendo su capacidad de absorber CO2.
Además de proteger nuestros bosques, es necesario tomar otras medidas; sobre todo, reducir la quema de combustibles fósiles.
Algo va mal en los pulmones del mundo. Décadas de incendios, tala, minería y desarrollo han inclinado la balanza, y ahora la cuenca amazónica podría estar emitiendo más gases de efecto invernadero de los que absorbe.
La mayor parte del debate sobre el cambio climático gira en torno al dióxido de carbono. Aunque el CO2 desempeña un papel fundamental en la compleja ecuación del clima, también intervienen otros factores, como el metano, el óxido nitroso, los aerosoles y el carbono negro.
En un esfuerzo sin precedentes, un grupo de 31 científicos calculó el balance de todos los gases de efecto invernadero, naturales y causados por los seres humanos, que entran y salen de la vasta cuenca amazónica. El equipo concluyó que el calentamiento de la atmósfera provocado por agentes distintos del CO2 probablemente supera los beneficios climáticos que aporta la Amazonía al absorber CO2. O, dicho de forma más sencilla: debido a la actividad humana, la cuenca amazónica es ahora una emisora neta de gases de efecto invernadero (GEI).
«Quisiera destacar que las emisiones naturales de gases de efecto invernadero de los ecosistemas no están causando el cambio climático», dijo a Mongabay el autor principal del estudio, Kristofer Covey, profesor adjunto de Skidmore College. «Son las numerosas perturbaciones humanas que están ocurriendo en la cuenca las que contribuyen al cambio climático».
La Tierra recibe energía constante del sol. Los factores que fuerzan el clima en la atmósfera, como los gases de efecto invernadero, actúan como una manta y atrapan ese calor en la Tierra. Cuando llega más energía del sol de la que se refleja de vuelta al espacio, el planeta se calienta y el clima pierde el equilibrio.
Un ecosistema forestal sano absorbe CO2 y mantiene relativamente equilibrados otros factores que fuerzan el clima. Pero en la Amazonía, donde los bosques han sufrido un aumento de la tala, la minería, la construcción de presas y la tala para la agricultura (que suele recurrir al fuego), el sistema se está secando y degradando. Un estudio constató que la cantidad de tejido vegetal sobre el suelo en la Amazonía se redujo aproximadamente en un tercio durante la última década.
En resumen, la capacidad de la Amazonía para absorber CO2 está disminuyendo.
Al mismo tiempo, otros factores que fuerzan el clima van en aumento. Cuando los árboles arden, por ejemplo, no solo liberan el CO2 almacenado, sino también metano: un GEI con un poder de calentamiento más de 80 veces mayor que el del carbono, que permanece mucho más tiempo en la atmósfera y amplifica el calentamiento.
El calentamiento, especialmente de los suelos y sedimentos de los bosques amazónicos que se inundan estacionalmente, contribuye al aumento de las emisiones de metano y óxido nitroso, un GEI con un potencial de calentamiento 300 veces mayor que el del CO2. «Entre los impactos que podrían aumentar la intensidad de las fuentes de emisiones de la cuenca, el calentamiento de los humedales y la construcción de embalses [presas] podrían ser los más significativos», señala el artículo.
El carbono negro, pequeñas partículas procedentes de incendios y de la combustión incompleta de combustibles fósiles, se deposita y oscurece la superficie terrestre, haciendo que absorba más calor. Se ha encontrado hollín de los incendios amazónicos en los glaciares andinos, lo que reduce el albedo, o la capacidad de la nieve para reflejar la luz, y aumenta así el deshielo y altera la hidrología.
«Desentrañar las complejas interacciones entre la Amazonía, sus efectos en el clima y la influencia humana es un poco como intentar predecir la bolsa», dijo Fiona Soper, coautora del estudio y ecóloga de la Universidad McGill, en Canadá. «[E]stá compuesto por elementos cambiantes: múltiples factores que fuerzan el clima, no solo el carbono, sino también el metano, el óxido nitroso, las partículas y los efectos biofísicos; todos ellos afectados por presiones humanas que van desde la construcción de presas y la caza hasta el cambio climático… Sintetizar estos cambios supone un enorme desafío».
«Flujos a escala local (A) antes de las perturbaciones y (B) después de ellas, agentes de forzamiento biofísico y su impacto asociado en el forzamiento radiativo a corto plazo (positivo, rojo; negativo, azul; las flechas rayadas indican una reducción —en lugar de un cambio de dirección— del flujo tras la perturbación) en bosques de tierras altas no perturbados, bosques y humedales inundados estacionalmente, y ecosistemas de agua dulce de la cuenca amazónica. Cabe señalar que, dado que la magnitud de muchos de estos efectos no está bien definida, la longitud de las flechas no es proporcional a la intensidad de la fuente o el sumidero».
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para combatir el cambio climático?
El estudio tiene en cuenta la evapotranspiración, el intercambio natural de gases y agua de las plantas con la atmósfera; los aerosoles, pequeñas partículas producidas tanto de forma natural como por la combustión; el ozono, un gas traza que suele producirse por las emisiones urbanas y los incendios; y los compuestos orgánicos volátiles biogénicos, gases traza producidos por las plantas.
Sin embargo, pese a sus mejores estimaciones, los investigadores señalan que persiste cierta incertidumbre sobre la magnitud de las emisiones de la cuenca amazónica, así como desacuerdos sobre la mejor manera de comparar el forzamiento climático de los factores distintos del CO2 con el del CO2, y sobre las funciones exactas de estos factores que fuerzan el clima.
«Creo que este artículo presta un gran servicio al destacar cuánto queda por aprender sobre la biogeoquímica de la cuenca amazónica, especialmente acerca de los gases de efecto invernadero distintos del CO2 y otros factores que fuerzan el clima», dijo a Mongabay Ruth DeFries, profesora de desarrollo sostenible de la Universidad de Columbia, quien no participó en el estudio.
«Es posible que los bosques no puedan secuestrar suficiente carbono para ofrecer un beneficio neto a la mitigación del cambio climático, lo que sugiere que los esfuerzos por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero dependen de alternativas a la quema de combustibles fósiles, la mayor fuente de gases de efecto invernadero antropogénicos y la que mejor se ha cuantificado».
Muchos expertos en clima coinciden en que reducir las emisiones es una prioridad esencial para abordar el cambio climático. Pero eso no significa que los servicios de la cuenca amazónica sean irrelevantes. Los bosques que quedan siguen desempeñando una enorme labor de estabilización del clima, además de sustentar una rica biodiversidad, culturas y medios de vida.
«La principal conclusión de este trabajo», dijo Soper, «debería ser un llamamiento a la acción para evitar que el sistema amazónico siga degradándose».







