7 postales de un mundo inundado

Rescuers evacuate people from a flooded area to a safer place in Aluva in the southern state of Kerala, India, August 18, 2018.
Severe flood events are becoming increasingly common as global temperatures rise.Image: REUTERS/Sivaram V
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Hasta ahora, los científicos han enmarcado a menudo el cambio climático en términos de futuro.

Pero un informe histórico publicado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU el 8 de octubre de este año afirma que, sin "cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad", nuestro mundo superará los 1,5 °C mucho antes de lo que creemos, en apenas una docena de años, lo que aumentará la probabilidad de inundaciones, olas de calor y sequías (investigación y reportaje originales de la organización periodística global Orb Media).

A medida que las temperaturas más altas provocan la subida del nivel del mar y lluvias más extremas, cada vez más personas en todo el planeta sufren inundaciones catastróficas.

“Uno de los mensajes clave que se desprende con mucha fuerza de este informe es que ya estamos viendo las consecuencias de 1 °C de calentamiento global a través de fenómenos meteorológicos más extremos, la subida del nivel del mar y la reducción del hielo marino del Ártico”, dijo Panmao Zhai, copresidente del Grupo de Trabajo I del IPCC sobre la base física del cambio climático.

Ya sea una marejada en São Paulo, una inundación repentina en Toronto o un aeropuerto anegado en la India, estas inundaciones tienen una cosa en común: cuestan mucho. Además de las vidas perdidas y los daños inmediatos, cada inundación provoca una serie de efectos en cadena sobre otros costes, como los precios de los alimentos, las interrupciones en los negocios locales y los daños a largo plazo en los medios de vida de las personas. A menudo, la pérdida más irreemplazable es también la menos tangible: el tiempo. Las empresas pierden una temporada turística; los agricultores, una temporada de siembra; los estudiantes, semanas de clases.

Los costes humanos y financieros de las inundaciones relacionadas con el clima ya son mucho más elevados, duraderos y de mayor alcance de lo que pensábamos. Un estudio concluyó que un solo huracán puede hacer que la renta nacional de un país (incluido el PIB) disminuya durante las dos décadas siguientes. Otro concluyó que, sin adaptaciones a gran escala, las inundaciones fluviales podrían provocar un aumento del 17 % en las pérdidas económicas mundiales en los próximos 20 años.

Estas son siete ubicaciones de todo el mundo que ya han sufrido las intensas inundaciones, una consecuencia cada vez más evidente del calentamiento global.

Kerala, India

En agosto de 2018, las intensas lluvias monzónicas inundaron la mayor parte de Kerala, India, con más de 400 muertos y más de un millón de ciudadanos desplazados. El Aeropuerto Internacional de Cochín - el primer aeropuerto del mundo que funciona íntegramente con energía solar - quedó completamente inundado y tuvo que cerrar durante dos semanas, lo que supuso una pérdida de ingresos de 27 millones de dólares estadounidenses. Además de la destrucción física, se perdió la temporada turística de la fiesta anual de la cosecha de Onam, lo que provocó efectos en cadena sobre las empresas y la población local.

Arun Thankappan y su madre, Ambika, trabajan en el aeropuerto. Además de 18 días de salario, lo perdieron casi todo por lo que habían luchado toda su vida cuando las aguas de la inundación destruyeron su hogar. Arun pudo recoger a toda prisa dos vestidos para su madre, así como la maleta con los diplomas que esperan que les abran las puertas a buenos empleos y a un futuro mejor.

“Es nuestra vida”, dijo, sosteniendo su certificado de Licenciatura en Tecnología. “Sin este certificado, no somos nada”.

Immokalee, Florida, EE. UU.

En septiembre de 2017, el huracán Irma descargó lluvias torrenciales sobre Immokalee, Florida, donde se cultiva la mayor parte de los tomates de invierno de Estados Unidos. Los recolectores de tomate se quedaron sin hogar, los campos permanecieron inundados durante días y, en consecuencia, se retrasó la cosecha de invierno. Dos meses después, la escasez de tomates provocó que los precios minoristas subieran hasta el doble en todo el país.

Wilson Perez es uno de los trabajadores que recogen la cosecha de tomate de Estados Unidos destinada al mercado en fresco. Ese septiembre, él y su hijo de cuatro años, José, pasaron una semana refugiados en un instituto local junto a cientos de personas más, hasta que bajaron las aguas. Además de los días de ingresos perdidos por el huracán - una pérdida significativa para los recolectores de tomate, que cobran el salario mínimo y pagan alquileres elevados -, José faltó a su primera semana de clases y tuvo que recuperarla más tarde. Tanto Perez como su hijo enfermaron por el agua sucia. “Ha pasado casi un año y esperamos que no vuelva a ocurrir”, declaró Perez a finales de agosto.

Makoko, zona portuaria de Lagos, Nigeria

Además del agua, el cambio climático está inundando cada vez más Lagos con otra cosa: basura. Las inundaciones y los restos flotantes que arrastran dificultan a los pescadores la navegación por las vías fluviales que conducen a sus tradicionales caladeros. Más del 80 % de las familias pesqueras declararon una pérdida de ingresos como consecuencia de las inundaciones; los ingresos medios locales cayeron hasta un 50 %.

De niña, Dupe Oki, pescadora de unos cuarenta años, acompañaba a su padre en sus expediciones de pesca en su canoa. Cuando se casó, utilizó la canoa de su padre para ganarse la vida pescando. Pero hoy permanece inactiva la mayor parte del tiempo, porque la basura obstruye ahora las estrechas vías fluviales de su barrio y le impide llegar a la laguna de Lagos. “Las inundaciones alteran nuestra forma de vida”, dijo. “No nos permiten salir a pescar porque ahora hay demasiados restos en las vías fluviales”.

De Río de Janeiro a São Paulo, Brasil

El tramo de la costa brasileña que discurre entre las dos mayores ciudades del país, Río de Janeiro y São Paulo, sufre cada vez más lluvias torrenciales y la subida del nivel del mar. Además de los hogares y playas perdidos, muchos de los pequeños negocios del paseo marítimo tienen que reconstruirse cada vez que una marejada los arrasa. La ciudad de São Paulo perdió unos 193 millones de dólares tras las recientes inundaciones; los efectos en cadena provocaron que todo el país perdiera hasta 1.400 millones de dólares.

Ana Beatriz De Fernandes es propietaria del restaurante junto a la playa Mae Terra, en Leblon, Río de Janeiro. Perdió unos seis meses de ingresos tras la última marejada, un fenómeno cada vez más frecuente a medida que sube el nivel del mar a lo largo de la costa. “Cada vez que vemos nubes en el horizonte pensamos ‘ojalá no sea otra grande’”, dijo. “No queremos perder nuestro medio de vida”.

Beirut, Líbano
Alrededor de medio millón de personas abandonan Bangladés cada año para trabajar en el extranjero, sobre todo en países del Golfo como Arabia Saudí y Catar. Muchas se ven obligadas a emigrar como consecuencia de las inundaciones en su tierra natal. Logran mantener a sus familias y, a su vez, a la economía de Bangladés, que depende en gran medida de las remesas - pero su trabajo es difícil y a menudo mortal. El coste medio de migrar internacionalmente es actualmente de entre 2.600 y 3.900 dólares, lo que equivale a tres años de ingresos del bangladesí medio.

Nila creció a orillas del río Jayanthi, en el sur de Bangladés. Hace nueve años, los torrenciales aguaceros que acompañaron al ciclón Alia destruyeron el hogar de Nila y mataron a su padre. Emigró a Líbano para mantener a su familia, que aún lucha por sobrevivir a inundaciones crónicas. Ahora trabaja como empleada doméstica en Beirut.

“No habría llegado tan lejos, a un país totalmente desconocido, si no nos hubieran sobrevenido estas desgracias”, dijo. “Habría terminado mis estudios y estaría con mis familiares”.

Toronto, Canadá

Hace cinco años, una fuerte tormenta descargó 126 milímetros de agua sobre la ciudad de Toronto en solo tres horas. El 7 de agosto de 2018 volvió a suceder, con 72 mm (2,8 pulgadas) cayendo sobre el centro de Toronto en solo dos horas. Las personas cuyas casas se inundaron en 2014 perdieron de media siete días de trabajo, lo que les costó al menos 1.500 dólares estadounidenses o hasta el 3 % de sus ingresos anuales previstos.

Katherine Fera y su marido tuvieron que mudarse de su casa durante 12 días después de que unas inundaciones repentinas anegaran su sótano el pasado agosto. Las investigaciones muestran que el estrés psicológico de las inundaciones puede prolongarse mucho después del suceso: tres años después de que sus casas se inundaran, casi la mitad de las personas de este estudio seguían sintiendo ansiedad cada vez que llovía. “Es algo en lo que pienso cada vez que llueve”, dijo Fera. “El trauma de la lluvia es real”.

Hamburgo, Alemania

En 1962, el río Elba desbordó sus orillas y mató a más de 300 personas en Hamburgo, la ciudad portuaria y centro naviero del norte de Alemania. Desde entonces, Hamburgo ha invertido en un sistema de diques amplio y mejorado alrededor de la ciudad. En 2012, el gobierno municipal de Hamburgo empezó a elevar la altura del paseo marítimo de 7,2 metros a entre 8,6 y 8,9 metros, para protegerse de las tormentas del futuro. Con un coste de US$ 86 millones, el proyecto será caro, pero más barato que la destrucción causada por las inundaciones continuas. La inversión pública en el refuerzo de las barreras contra inundaciones de Hamburgo ascendió a US$ 766 millones entre 1998 y 2015.

Jan Hübener lleva los últimos 12 años trabajando en las defensas contra inundaciones de Hamburgo, primero en la Zaha Hadid Architects, firma que lidera el proyecto, y ahora como socio de studioH2K Architekten. “Creo que para una ciudad como Hamburgo, especialmente el centro de Hamburgo, un área tan densamente poblada, con toda su infraestructura, con metro y muchos espacios de oficinas, no es una opción aceptar inundaciones aquí”, dijo.

El informe completo de Orb Media puede consultarse en www.orbmedia.org

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