Así conseguimos que las empresas se pongan de acuerdo sobre el cambio climático

Residents do morning exercises at a park on a hazy day in Shenzhen, Guangdong province February 12, 2015. Nearly 90 percent of China's big cities failed to meet air quality standards in 2014, but that was still an improvement on 2013 as the country's "war on pollution" began to take effect, the environment ministry said on February 2. REUTERS/Stringer (CHINA - Tags: ENVIRONMENT SOCIETY) CHINA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN CHINA - GM1EB2C0YD101
In a world riven by political polarization and dysfunctional governments, companies need to step up.Image: REUTERS/Stringer
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La canción más popular de la banda británica de rock de los años setenta Ten Years After dice: «Me encantaría cambiar el mundo… pero no sé qué hacer». Después de un gran riff de guitarra, el cantante principal añade: «… así que te lo dejo a ti».

En un mundo dividido por la polarización política y gobiernos disfuncionales, solo las empresas pueden cambiar el mundo. Las corporaciones son dinámicas e innovadoras, y solo los equipos directivos altamente eficaces pueden conservar sus puestos en el mundo actual, en el que los accionistas activistas tienen cada vez más peso.

Los accionistas, en especial los grandes gestores de fondos, los fondos de pensiones y los fondos soberanos de inversión (SWF), que se estima que poseen el 43 % de los 79,2 billones de dólares en acciones del mundo, entienden que destruir el planeta bombeando CO2 a la atmósfera no responde a sus intereses a largo plazo ni a los de sus inversores. Al igual que Ten Years After, les encantaría que la situación cambiara, pero no saben qué hacer. La respuesta está aquí.

Un grito de auxilio: la urgente necesidad de los inversores de divulgación significativa

Aunque en los últimos años hemos visto un aumento sustancial de los informes sobre cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), en su mayoría son puro relleno. El Governance & Accountability Institute de Estados Unidos descubrió que el 82 % de las empresas del S&P 500 publicaron informes de sostenibilidad en 2016, pero las empresas no revelan lo importante: el 76 % de los informes no incluía métricas, y el 53 % se limitaba a usar un lenguaje insulso y estereotipado que no ofrecía información útil. Si no se mide la sostenibilidad, no se puede gestionar.

Escuchamos con claridad la voz de los inversores: quieren poder comparar empresas y recompensar a los equipos directivos por divulgar información adecuada y presentar informes coherentes, así como apoyar actividades con un impacto ambiental positivo. Acelerar las medidas de sostenibilidad empieza por divulgar información comparable, y para ello las empresas deben informar sobre métricas comparables y presentar los datos de forma comparable. Los inversores piden más transparencia y herramientas para evaluar los datos sobre cuestiones ambientales, y sostenemos que esas herramientas ya existen.

Greentech observa un gran interés por parte de los gestores de activos y los inversores que tienen en cuenta los criterios ESG en sus procesos de inversión. Una encuesta realizada por Morgan Stanley a principios de este año, en la que participaron 118 fondos de pensiones, fondos de dotación y fondos soberanos de inversión, indicó que el 84 % de los inversores ya está «considerando activamente» integrar los criterios ESG en su proceso de inversión. Sin embargo, la calidad de los datos sigue siendo el mayor obstáculo para que los inversores evalúen adecuadamente a las empresas. En la encuesta, el 68 % de los inversores señaló la disponibilidad de «datos ESG de calidad» como el mayor desafío del proceso de inversión.

El problema no es que no dispongamos de métricas y normas; todo lo contrario. Ya se han escrito muchas letras. Si examinamos más de cerca el panorama de los proveedores de métricas especializados, quienes asumen compromisos y las iniciativas, la mayoría, si no todos, persigue el objetivo principal de lograr una «divulgación significativa». Entre los proveedores de métricas, como la Iniciativa de Reporte Global (GRI), el Consejo de Normas de Contabilidad de Sostenibilidad (SASB), y CDP (antes, Carbon Disclosure Project), cada vez hay más colaboración para hallar puntos en común sobre el impacto ambiental y la inversión sostenible. Es inevitable que se produzca una consolidación en este ámbito, y nos complace ver avances sustanciales hacia la armonización de métricas y normas.

Por ejemplo, GRI, SASB y CDP, junto con otros cinco proveedores de métricas y normas contables, se han unido en el marco del Diálogo sobre Informes Corporativos, un proyecto que identifica métricas y principios que se consideran ampliamente compatibles con «todas las formas de desarrollo de normas e informes empresariales dirigidos a las partes interesadas», con el fin de lograr una mayor alineación. El Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera relacionada con el Clima (TCFD), impulsado por Mark Carney, presidente del FSB y gobernador del Banco de Inglaterra, y presidido por Michael Bloomberg, también ha logrado avances notables. Está atrayendo la atención de los directores ejecutivos y financieros, de quienes debe provenir la información para que tenga un impacto real en el futuro de las empresas y el medio ambiente, y para que los mercados financieros reflejen mejor el riesgo climático.

En Europa, el Grupo de Expertos Técnicos en Finanzas Sostenibles (TEG) de la Comisión Europeaavanza en la armonización de las normas. La iniciativa incluye desarrollar una taxonomía de clasificación de la UE que ayude a determinar si una actividad económica es ambientalmente sostenible, así como parámetros de referencia y directrices para mejorar la divulgación empresarial de información relacionada con el clima.

En cambio, en Estados Unidos, la Comisión de Bolsa y Valores no tomará medidas, al menos mientras la administración actual siga apoyando la dependencia de los combustibles fósiles. De cara a la Cumbre Mundial de Acción Climática en San Francisco, a la que seguirá poco después la Semana del Clima de la ONU en Nueva York, es más importante que nunca que los inversores expresen una postura clara y exijan a las empresas que actúen y rindan cuentas por sus acciones. No debemos restar importancia al papel de organizaciones mundiales como el Foro Económico Mundial (el Foro) a la hora de facilitar una voz común y generar consenso. Como se hablará próximamente en la Cumbre sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible del Foro en Nueva York, la organización trabaja actualmente en un proyecto interesante que busca aprovechar su capacidad de convocatoria y reunir a numerosas partes interesadas en ESG para construir un ecosistema ESG mundial más eficaz. Está claro que no podemos esperar a que actúen los reguladores. Corresponde a los inversores exigir mediciones reales e impulsar normas armonizadas. Solo entonces las empresas informarán voluntariamente sobre factores ESG.

Un nuevo amanecer: crear el círculo virtuoso

En conjunto, los inversores tienen el poder de cambiar el comportamiento empresarial. A falta de un conjunto mundial de normas y regulaciones, debemos proporcionarles las herramientas que necesitan para informar sobre las empresas y evaluar su impacto ambiental. Los inversores deben indicarnos qué información necesitan, y los proveedores de métricas y quienes establecen las normas deben trabajar para acordar normas comunes, centrándose en lo que es material y en lo que se consideraría una divulgación significativa. La aplicación coherente de métricas que respondan al llamamiento de los inversores para obtener información relevante impulsará el activismo climático de los inversores y permitirá una mayor transparencia.

No hay ningún «tú» a quien dejarle la responsabilidad de un capitalismo climático responsable. Los directores ejecutivos y de inversiones de los gestores de fondos, los fondos de pensiones y los fondos soberanos de inversión tienen que entenderlo: son el «hombre del espejo» (o la mujer, para parafrasear un éxito de Michael Jackson). Las normas están por llegar. El momento es ahora: de cara a los informes financieros del año natural 2018, los grandes propietarios de acciones corporativas deben exigir que se divulguen métricas concretas.

Solo cuando las decisiones sobre el impacto ambiental se tomen desde los niveles más altos podremos acercarnos a la presentación integrada de informes, a la transparencia total y a una mejora significativa del impacto ambiental en nuestra sociedad. Y solo entonces podremos cerrar el círculo virtuoso y acelerar la inversión de capital en tecnologías sostenibles y sistemas de infraestructura.

Dado que la permanencia media de los directores ejecutivos de empresas cotizadas es de solo cuatro años, la mayoría querrá seguir evadiendo el tema y demorando las cosas. Por eso los propietarios de acciones deben exigir el cambio. Las empresas introducirán cambios significativos que pueden reducir las emisiones de CO2 en 10 mil millones de toneladas —la mitad de lo que la COP21 exige en el escenario de 2 grados— cuando los equipos directivos alineen sus operaciones y cadenas de suministro para reducir las emisiones de carbono y ser más sostenibles.

Esto será posible cuando comprendamos que todas las empresas deben cantar la misma letra para evitar una devastación económica colectiva. Y la letra, en forma de normas comunes y medibles, ya está escrita.

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