Los ríos se están secando en distintas partes del mundo a medida que el cambio climático acentúa las diferencias en la distribución del agua.
El comportamiento de los ríos se está volviendo más «extremo» —término que los científicos usan para indicar que se vuelve más variable—, como demuestra el hecho de que baten récords de manera constante, tanto de niveles máximos como mínimos.
Los cambios provocados por la actividad humana, como las presas y los desagües, también pueden hacer que el caudal de los ríos sea más variable al redirigir los flujos de agua.
Debemos encontrar formas de priorizar las estrategias naturales de los ríos para hacer frente a las dificultades. Esto podría implicar garantizar que las zonas urbanas cuenten con abundantes árboles, estanques y parques que absorban el agua y mitiguen las sequías y las inundaciones.
Últimamente, los ríos de todo el mundo se están secando. El Loira en Francia batió récords de niveles mínimos a mediados de agosto, mientras que las fotos que circulan en internet muestran que los caudalosos ríos Danubio, Rin, Yangtsé y Colorado han quedado reducidos casi a simples arroyuelos.
No solo están bajando los niveles de los ríos, sino también los de los embalses que estos abastecen, lo que provoca escasez de agua en muchas partes del mundo, incluido el Reino Unido. Sin embargo, en la última década, las inundaciones han causado estragos en muchos de estos ríos; en algunos casos, apenas unos meses antes de la reciente sequía. Entonces, ¿qué está ocurriendo?
El cambio climático adopta muchas formas. El sistema terrestre es interdependiente, de modo que cuando algo cambia, el efecto se propaga y afecta a muchas otras cosas. Cuando suben las temperaturas atmosféricas, los patrones meteorológicos determinan dónde, cuándo y cuánta lluvia caerá. Por tanto, la distribución del agua cambia entre regiones y los ríos se adaptan en consecuencia, lo que afecta a la cantidad de agua dulce disponible para el consumo humano.
El agua dulce representa una pequeña fracción de toda el agua del planeta, y gran parte está atrapada en el hielo. Aunque esto ha sido así durante todo el tiempo que han existido los seres humanos, el cambio climático está alterando dónde se encuentra el agua dulce: en general, los lugares que tienen mucha reciben más, mientras que los que tienen poca reciben menos.
Las diferencias en la distribución del agua son cada vez más marcadas, no solo entre regiones, sino también a lo largo del tiempo. Cuando el comportamiento de un río se vuelve más extremo y bate récords de manera constante, tanto de niveles máximos como mínimos, los científicos especializados en ríos dicen que su caudal se está volviendo más variable. Algunos ríos del desierto son muy variables y solo fluyen en ciertas épocas del año.
La variabilidad de un río refleja cuánta agua hay disponible, lo que depende del clima. Aunque un río pueda tener caudales más altos o más bajos durante períodos prolongados, aún puede transportar aproximadamente el mismo volumen de agua en el transcurso de un año.
Las estrategias de gestión suelen diseñarse en función del comportamiento pasado de un río. Pero debemos tener en cuenta todos los extremos que pueden alcanzar sus caudales, porque su aspecto actual no refleja cómo ha sido siempre ni cómo será en el futuro.
¿Un futuro de caudales extremos?
Los ríos son cursos de agua indómitos que han moldeado la tierra durante miles de millones de años, mucho más tiempo del que llevan existiendo los seres humanos. Los ríos cambian de forma natural a medida que cambia su entorno, incluidos el clima, las precipitaciones, la vegetación, el nivel del mar y muchos otros factores. Los geólogos pueden leer en las rocas y los paisajes las pistas de estos cambios.
Tendemos a adaptar los ríos a nosotros más de lo que nos adaptamos a ellos. Las medidas de ingeniería limitan su capacidad para experimentar cambios naturales, como desbordarse o abrir un nuevo cauce. Los ríos urbanos pueden estar encerrados en hormigón y sus cursos parcialmente rectificados, mientras que los desagües de las ciudades pavimentadas conducen rápidamente el agua hasta los ríos, sin que esta tenga que filtrarse lentamente por el suelo.
Estos cambios provocados por la actividad humana pueden hacer que los caudales de los ríos sean más variables. Si hay sequía, el agua abandona el terreno más rápido; si llueve mucho, se acumula con mayor rapidez en un solo lugar. A medida que los ríos responden al cambio global, debemos encontrar formas de priorizar sus estrategias naturales para hacer frente a las dificultades en la manera en que los gestionamos.
Esto podría incluir las llamadas estrategias de circulación lenta del agua, como las «ciudades esponja» de China: zonas urbanas con abundantes árboles, estanques y parques que absorben el agua y mitigan las sequías y las inundaciones.
Tenemos mucho trabajo por delante para valorar y gestionar un suministro estable y seguro de agua procedente de nuestros ríos, cada vez más impredecibles. Respetar la naturaleza y trabajar con ella puede garantizar agua limpia suficiente, no solo para los seres humanos, sino también para todos los seres vivos y el medioambiente.





