A medida que ha disminuido la diversidad de los alimentos producidos, también se ha reducido la resiliencia del sistema alimentario frente a amenazas como las plagas, las enfermedades y los fenómenos meteorológicos extremos agravados por el cambio climático.
En lugar de someter a la naturaleza para producir alimentos, debemos diseñar nuestros alimentos para que estén diseñados para que la naturaleza prospere.
Las empresas tienen una enorme oportunidad de diseñar alimentos que generen resultados positivos para la naturaleza y generalizarlos.
Con las COP sobre el clima y la biodiversidad en curso, una parte de la economía ocupa cada vez más el centro de atención: la alimentación. El sistema alimentario actual es el principal impulsor de la pérdida de biodiversidad y representa un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, lo que impulsa tanto a las empresas como a los responsables de formular políticas a fijar objetivos y tomar medidas para introducir cambios en el sector.
Sin embargo, las mejoras graduales del sistema actual no bastarán para abordar estos problemas a la escala y con la rapidez necesarias. Hace falta una transformación fundamental de la industria alimentaria; en lugar de someter a la naturaleza para producir alimentos, debemos diseñar nuestros alimentos diseñados para que la naturaleza prospere.
Alimentos diseñados para generar resultados positivos para la naturaleza
Como ocurre con la mayoría de las cosas que nos rodean —nuestra ropa, nuestros teléfonos y los edificios—, gran parte de los alimentos que consumimos ha sido diseñada, desde los cereales para el desayuno hasta la pasta. Las marcas de alimentos y los supermercados crean estos productos a partir de un puñado de ingredientes y deciden su sabor, aspecto y valor nutricional. Estas decisiones afectan no solo a los consumidores, los agricultores y los proveedores, sino también al medio ambiente.
Hoy, solo cuatro cultivos —el trigo, el arroz, el maíz y las patatas— aportan casi el 60% de las calorías que se consumen en todo el mundo. De cada uno de estos cultivos básicos se cultivan a gran escala apenas unas pocas variedades y, en general, cada vez se pierden más variedades y razas de plantas y animales domesticados a medida que el sistema alimentario se vuelve más homogéneo. A medida que ha disminuido la diversidad de los alimentos producidos, también se ha reducido la resiliencia del sistema alimentario frente a amenazas como las plagas, las enfermedades y los fenómenos meteorológicos extremos agravados por el cambio climático. Los productores recurren a fertilizantes y pesticidas sintéticos para superar estos desafíos, pero esa dependencia contribuye al impacto del sistema alimentario sobre el clima y la biodiversidad.
Aunque las decisiones que se toman en la etapa de diseño de los alimentos pueden tener efectos negativos, las empresas tienen una enorme oportunidad de diseñar alimentos que generen resultados positivos para la naturaleza y generalizarlos. Las 10 principales marcas de alimentos y cadenas de supermercados pueden transformar el 40% de las tierras agrícolas del Reino Unido y la UE mediante el diseño de alimentos positivos para la naturaleza. Aunque muchos de estos actores forman parte actualmente del problema, su tamaño e influencia les permiten —y les exigen— ser parte de la solución y ofrecer los productos que buscan los consumidores.
Para lograrlo, las empresas pueden establecer estrategias para sus carteras de productos basadas en la idea de diseñar para la naturaleza y seleccionar ingredientes que sean diversos, tengan un menor impacto, sean revalorizados y se produzcan de forma regenerativa. Esta es la base de un diseño circular de alimentos.

Cómo rediseñar el desayuno mediante el diseño circular de alimentos
Pensemos en un alimento habitual del desayuno, como un tazón de cereales, que suele elaborarse con trigo, maíz o avena. Con solo variar los ingredientes y usar variedades perennes de estos cultivos en lugar de las tradicionales, anuales, se podrían obtener grandes beneficios. Por ejemplo, en Estados Unidos, el cultivo de trigo común exige arar y volver a sembrar cada año después de cada cosecha, lo que degrada la estructura del suelo. Sustituirlo por Kernza, una nueva variedad perenne cuyas raíces profundas imitan las de las hierbas nativas de las praderas, permitiría reducir el uso de maquinaria, mejorar la salud del suelo y capturar alrededor de 10 veces más CO2 que las variedades convencionales de trigo. Las raíces más profundas también permiten a las plantas absorber más nutrientes del suelo y producir un grano más saludable.
Añadir leche de origen vegetal es otra alternativa de menor impacto. Actualmente, más de cien empresas producen alternativas a la leche a partir de más de 30 ingredientes vegetales diferentes, que, según se ha demostrado, reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso de la tierra y el impacto sobre la biodiversidad en comparación con la leche de vaca producida de forma convencional. Variedades de nombre inusual y exótico, como el amaranto, la chufa y la lenteja de agua, contribuyen de hecho a ampliar la diversidad genética de la agricultura, mientras que la revalorización puede maximizar el valor de los cultivos existentes. Por ejemplo, la marca TakeTwo elabora leche de cebada mediante la revalorización del bagazo, un subproducto de la elaboración de cerveza que suele desecharse o destinarse a la alimentación animal.
La leche de vaca sigue teniendo un lugar en un sistema alimentario saludable, ya que las alternativas de origen vegetal —que no siempre tienen una densidad nutricional tan alta como los lácteos, sobre todo si no están enriquecidas— pueden no ser adecuadas para los niños pequeños y las personas mayores, ni para los consumidores de países en desarrollo, donde la dieta puede ser limitada. También es posible producirla de una manera que genere resultados regenerativos para la naturaleza mediante el pastoreo intensivo gestionado (MIG, por sus siglas en inglés) del ganado. Aunque esto puede significar que se críen menos vacas lecheras que con los métodos convencionales, la producción regenerativa puede ser económicamente viable para los agricultores mediante métodos como la silvopastura, que integra árboles y cultivos con animales de pastoreo para proporcionarles refugio y forraje, además de cultivos comerciales complementarios. En los pastizales se pueden plantar diversas hierbas y cultivos para optimizar el forraje y, a imitación de los rebaños migratorios, se puede agrupar al ganado en zonas de pastoreo y trasladarlo con frecuencia. El ganado se beneficia de una dieta variada y, al desplazarse, pisa e incorpora materia orgánica y nutrientes al suelo. La producción regenerativa de lácteos de esta manera puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% y la pérdida de biodiversidad en un 20%, sin afectar al rendimiento lechero, y aumentar la rentabilidad de los agricultores en 240 dólares por hectárea al año.

5 acciones para generalizar los alimentos positivos para la naturaleza
Sin embargo, el abastecimiento de ingredientes es solo una parte del panorama. Para obtener los mayores beneficios económicos y ambientales, es necesario aplicar de forma integral el diseño circular de alimentos. A modo de ejemplo, imaginemos una nueva marca de cereales, Climate Crunch. Esta marca conceptual, propia de un futuro positivo para la naturaleza, elabora cereales y barritas de cereales con trigo y guisantes cultivados juntos, con labranza mínima y un menor uso de insumos sintéticos. Alejarse de la agricultura homogénea mediante el cultivo intercalado de trigo con leguminosas, como los guisantes, puede reducir la necesidad de insumos sintéticos al fijar nitrógeno en el suelo, mejorar su salud y fomentar una mayor biodiversidad. Cultivar dos especies diversifica y aumenta los ingresos de los agricultores y distribuye su exposición al riesgo.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para ayudar a garantizar la seguridad alimentaria mundial?
Las principales marcas de alimentos y los minoristas tienen el poder de impulsar cambios significativos en nuestro sistema alimentario si aprovechan la oportunidad que ofrece una economía circular de los alimentos y convierten los alimentos positivos para la naturaleza en la norma. Mediante un diseño y un abastecimiento cuidadosos, las empresas pueden ofrecer opciones más beneficiosas para los consumidores, los agricultores y el medio ambiente.
Para hacer realidad estos beneficios, las empresas pueden tomar cinco medidas para generalizar los alimentos positivos para la naturaleza:
1. Crear planes de acción ambiciosos y dotados de recursos suficientes para hacer realidad carteras de productos positivos para la naturaleza.
2. Crear una nueva dinámica de colaboración con los agricultores.
3. Desarrollar productos emblemáticos que muestren el potencial del diseño circular de alimentos.
4. Contribuir a establecer y utilizar métricas y definiciones comunes para las explotaciones agrícolas.
5. Promover políticas que respalden un sistema alimentario positivo para la naturaleza.




