El cambio climático está en un «punto de inflexión político»: Al Gore en el pódcast Radio Davos

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  • El exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore lleva décadas hablando sobre el cambio climático.

  • Tenemos las soluciones, afirma, pero el cambio climático avanza más rápido que las medidas que se están tomando.

  • Hace poco habló con Linda Lacina, presentadora de Meet the Leader. El episodio de esta semana de Radio Davos incluye un fragmento de esa conversación.

El exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore lleva décadas impulsando la acción climática y mantiene el optimismo, pese a que las emisiones de gases de efecto invernadero han seguido aumentando, mientras la ciencia indica que deben reducirse a cero para 2050.

En esta entrevista, emitida por primera vez en el pódcast del Foro Económico Mundial Meet the Leader , Gore critica la continuidad de las subvenciones a los combustibles fósiles, pero afirma que estamos en un «punto de inflexión político», tras el cual quienes contaminan dejarán de tener influencia.

Al Gore en Meet the Leader: transcripción

Linda Lacina: Ya llevamos dos años de la «Década de Acción». ¿Cómo vamos?

Al Gore:Es una pregunta con trampa. Permítame dar un paso atrás y empezar por explicar por qué tanta gente dice que esta década es tan crucial para la acción climática. En los últimos años hemos oído a muchos líderes de todo el mundo comprometerse a lograr cero emisiones netas de contaminación causante del calentamiento global para 2050. Ese plazo de 2050 se ajusta a los últimos datos científicos y al objetivo del histórico Acuerdo de París de 2015. Y si alcanzamos las cero emisiones netas para 2050, podremos limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5 grados Celsius, y la temperatura de la Tierra dejará de subir una vez que lleguemos a cero neto, con un desfase de tan solo tres a cinco años. Pero aquí está el problema: la ciencia es muy clara; solo podremos alcanzar ese objetivo si reducimos a la mitad nuestras emisiones actuales para 2030, durante los próximos ocho años. Eso significa que las medidas que tomen nuestros líderes ahora mismo, este año y durante los próximos ocho años determinarán si podremos mantener al alcance ese objetivo para 2050.

Tenemos las soluciones. Necesitamos políticas, decisiones políticas y decisiones empresariales para ponerlas en práctica.

Si no lo hacemos, entonces, por supuesto, el mundo —según la comunidad científica, casi unánime— se enfrentará a consecuencias cada vez más desastrosas de la crisis climática. Esto resulta cada vez más evidente ante los desastres meteorológicos catastróficos provocados por el clima que vivimos en todo el mundo. Es obvio que son cada vez más frecuentes. Empeoran y son más extremos. Los efectos de la crisis climática siguen aumentando mucho más rápido de lo que hemos podido implementar las soluciones. Tenemos las soluciones. Necesitamos políticas, decisiones políticas y decisiones empresariales para ponerlas en práctica. Y ahora sabemos que los últimos ocho años fueron los más cálidos jamás registrados con instrumentos en toda la historia. Veinticinco países tuvieron el año más caluroso de su historia el año pasado. Justo ayer se batió el récord histórico de calor en Argentina, el día anterior, en Australia. Y vimos las inundaciones en Alemania y Bélgica y en tantos otros lugares. No voy a enumerar todos los desastres, pero empeoran más rápido de lo previsto.

Al mismo tiempo, la llamada tendencia de los mercados mundiales está ahora clara. Nos alejamos de los combustibles fósiles y avanzamos hacia energías limpias y renovables. Las asombrosas curvas de reducción de costos de la electricidad limpia procedente de la energía solar y eólica, de las baterías y los vehículos eléctricos, así como de cientos de mejoras de eficiencia menos conocidas pero drásticas, están transformando profundamente la economía de la sostenibilidad. En ese sentido, empezamos a progresar. Y en aproximadamente los últimos doce años, aquí en mi país, Estados Unidos, el costo de la electricidad solar ha bajado un 90 %, el de la eólica, un 72 %, el de las baterías para vehículos eléctricos, un 89 %, y el de la iluminación LED, un 94 %. Eso significa que estos recursos se están desplegando más ampliamente en todo el mundo. Y si observamos la nueva capacidad de generación eléctrica instalada el año pasado en todo el mundo, el 90 % fue renovable.

Pero la transición es lenta. Así que seguimos usando muchos combustibles fósiles. El 80 % de nuestra energía todavía proviene de ellos. Pero, en los próximos cinco años, la Agencia Internacional de la Energía prevé, que ese porcentaje aumentará hasta el 95 % de toda la nueva generación de electricidad será renovable. Muchas jurisdicciones locales y regionales exigen que las energías renovables suministren el 100 % de su electricidad, y el mercado se ha transformado a una velocidad vertiginosa, pero todavía no es suficiente.

Aquí va un ejemplo rápido, Linda. Apenas un año antes de que se alcanzara el Acuerdo de París en 2015, la energía solar y la eólica eran más baratas que las nuevas centrales eléctricas de carbón y gas en solo el 1 % del mundo. Pero cinco años después, eran las fuentes más baratas para generar electricidad nueva en más de dos tercios del mundo. Y dentro de los próximos tres años serán más baratas en el 100 % del mundo.

Por otro lado, el mercado de los combustibles fósiles empieza a contraerse. Muchos activos de petróleo, gas y carbón corren un alto riesgo de quedar varados. Tenemos una burbuja de carbono subprime que está sentando las bases de una burbuja muchas veces mayor que la burbuja hipotecaria subprime que desencadenó la crisis financiera mundial hace 15 años.

Pero los grandes cambios no se limitan al sector energético. Las empresas y los innovadores están replanteándose la movilidad, nuestros sistemas alimentarios, la agricultura, los materiales de construcción y muchas otras cosas. Así que veremos cambios aún mayores y oportunidades de inversión aún más interesantes a medida que esta revolución de la sostenibilidad siga afianzándose.

En resumen: aunque todavía no hemos avanzado ni de lejos lo bastante rápido para implementar las soluciones, en los últimos dos años hemos cobrado un impulso considerable. Elijo ser optimista y creer que ese impulso en el mercado, junto con un renovado liderazgo político en esta cuestión, impulsará avances significativos. Pero tenemos que exigirles cuentas a los líderes. Debemos asegurarnos de que se cumplan los compromisos asumidos recientemente y de que vayan acompañados de medidas sustanciales.

Si pudieras conducir un coche hacia arriba, en línea recta, a velocidades de la Autobahn, llegarías a lo más alto del cielo en unos cinco minutos. Allí estaría toda la contaminación que causa el calentamiento global. Y la estamos usando como una alcantarilla abierta.

Linda Lacina: Y si los líderes pierden el impulso que se ha ido creando, ¿qué pasa?

Al Gore:
Bueno, ya sabe, la prioridad número uno de todos los líderes es dejar de usar el cielo como una alcantarilla abierta. El cielo no es una extensión vasta e ilimitada. La troposfera, la atmósfera en la que vivimos todos, tiene apenas entre cinco y siete kilómetros de altura. Si pudieras conducir un coche hacia arriba, en línea recta, a velocidades de la Autobahn, llegarías a lo más alto del cielo en unos cinco minutos, donde ya no podrías respirar sin ayuda, y debajo de ti estaría toda la contaminación que causa el calentamiento global. Y la estamos usando como una alcantarilla abierta. Cada día vertemos en ella 162 millones de toneladas de contaminación antropogénica que causa el calentamiento global. Así que, obviamente, tenemos que descarbonizar rápidamente todos los aspectos de nuestra vida y nuestro trabajo.

Demasiado a menudo vemos empresas que se fijan objetivos ambiguos de cero emisiones netas a largo plazo. Es mejor que no fijarse ninguno, pero está muy lejos de lo que necesitamos. Vemos a muchos líderes presentar planes que dependen principalmente de compensaciones dudosas para alcanzar las cero emisiones netas. Las compensaciones tienen un papel que desempeñar, pero no pueden ser una carta para salir impune que permita que la contaminación continúe sin freno. Tenemos las soluciones. Eso es lo que resulta tan frustrante. Y son mejores. Son más baratas. Pueden salvar la vida de 9 millones de personas cada año que mueren por la contaminación causada por la quema de carbón y otros combustibles fósiles. Nuestro rumbo actual es, literalmente, una locura y un suicidio. Así que no solo es lo correcto para los líderes empresariales; también puede mejorar sus resultados. Y para quienes no lo hagan, estamos entrando en una era de transparencia radical. Se están midiendo sus emisiones. Para finales de este año tendremos, casi en tiempo real, un inventario de todas las fuentes de emisiones importantes del planeta, desglosado por activo.

Las compensaciones tienen un papel que desempeñar, pero no pueden ser una carta para salir impune.

Y ahora vemos que todas estas empresas quieren que sus cadenas de suministro alcancen las cero emisiones netas. Vemos a inversores que exigen carteras con cero emisiones netas. Vemos a equipos directivos avanzar en esa dirección, y tenemos que exigirles cuentas. A quienes no cumplan sus compromisos se les pedirán cuentas ante la opinión pública, lo que se traduce directamente en la pérdida de oportunidades de negocio y la destrucción de su propio futuro.

Linda Lacina: Hablaba un poco del emprendimiento y de las innovaciones que están surgiendo. ¿Dónde cree que el emprendimiento y la innovación pueden tener el mayor impacto ahora mismo? ¿Dónde debería invertir la gente? ¿Dónde podemos priorizar este tipo de enfoque?

Al Gore: Bueno, soy presidente y cofundador de una firma de inversión. Así que su pregunta tiene un sentido muy concreto para mí. Pero siempre evito destacar un puñado de grandes oportunidades de inversión. Prefiero hablar de los temas que, a mi juicio, todos los inversores deberían tener en cuenta. Y este es el principal: estamos en las primeras etapas de una revolución mundial de la sostenibilidad, impulsada por nuevas tecnologías digitales como el aprendizaje automático, la inteligencia artificial, los registros distribuidos y el internet de las cosas. También hay avances asombrosos en biotecnología. En conjunto, todos estos cambios dan a los equipos directivos y las empresas de todos los sectores de la economía nuevas capacidades para trabajar con electrones, protones, átomos, moléculas y proteínas con la misma destreza que las empresas de tecnología de la información han demostrado al manejar bits de información. Esta revolución de la sostenibilidad tiene la escala de la revolución industrial, combinada con la velocidad de la revolución digital.

Ya está empezando a transformar un sector tras otro. Hablé de la generación de electricidad. Pensemos en los vehículos eléctricos [VE]. En un año, algunos de los modelos más importantes serán más baratos en su versión eléctrica que en la de combustión. Y en tres años, eso se cumplirá para todas las categorías de modelos.

Pensemos en la iluminación. Las luces LED ya están conquistando casi el 99 % de ese mercado. Pero también hay cambios menos conocidos. Tomemos uno cotidiano: las bombas y los motores de velocidad variable, y sus equivalentes en toda la industria. ¿Por qué mantenerlos funcionando a las revoluciones máximas cuando el flujo de trabajo cambia y varía? Las nuevas ciencias de los materiales permiten desmaterializar la construcción y la edificación en todos los sectores de la economía. En la agricultura, el movimiento de la agricultura regenerativa ayuda a los agricultores a reducir el absurdo costo del exceso de fertilizantes nitrogenados, la mayoría de los cuales se desperdicia y provoca estas zonas muertas. La silvicultura sostenible es otro ejemplo, al igual que la llamada economía circular. Todos estos temas están vinculados a esta rápida revolución de la sostenibilidad. Creo que invertir en ese futuro limpio, próspero y más equitativo no solo es moralmente correcto: es la apuesta más inteligente para maximizar el rendimiento de las inversiones.

Linda Lacina:Lleva décadas defendiendo la acción climática. ¿Cómo ha evolucionado usted como líder durante ese tiempo? ¿Ha cambiado alguna táctica o ha encontrado formas de decir: «Oye, puedo ser más eficaz aprovechando esta cualidad» o «Estoy desarrollando este hábito de otra manera»? ¿Cómo ha cambiado?

Al Gore:Bueno, gracias por hacerme esa pregunta. Subraya que es realmente esencial que cualquiera que aspire a liderar en cualquier sector de nuestra economía o sociedad evolucione. Y, por supuesto, todos crecemos y cambiamos, pero evolucionar en una dirección positiva significa crecer y aprender.

En mi caso, he descubierto que uno de los motores del cambio y la evolución positivos como líder es abrirse a una diversidad de perspectivas y experiencias. Como líder, es fundamental fomentar la diversidad en todos los ámbitos: género, edad, raza, etnia, religión, orientación, capacidades, etcétera.

Uno quiere la máxima diversidad entre las personas de quienes depende para obtener información y consejos y para trabajar en equipo en cada ámbito. Salvo en una cosa: hay que asegurarse de que el equipo comparta los mismos valores. Y creo que el papel de un líder consiste en destacar constantemente la importancia de los valores y de la organización, reiterar una visión inspiradora y, por supuesto, fijar prioridades oportunas para alcanzar esa misión de manera sensata, basando todas las decisiones en los valores que se han llegado a compartir con quienes forman parte de la organización. En todos los cargos del gobierno, el sector privado y la sociedad civil, fomentar un debate abierto y franco y buscar la mayor variedad posible de perspectivas no solo me ha ayudado a dirigir las organizaciones de las que formo parte, sino que creo que también me ha convertido en un mejor comunicador.

Linda Lacina:¿Puede darnos una idea de cómo influye eso en la búsqueda de información y en la manera en que se informa?

Al Gore:Un consejo que fue importante para mí se resume en una frase sencilla: primero, intenta comprender. Trata de entender el punto de vista que te están exponiendo, sobre todo si difiere del tuyo. Intenta escuchar y aprender. Y presta atención a las situaciones en las que te encuentras.

Le contaré un momento de los primeros años de mi carrera que contribuyó a cambiar mi manera de liderar. Cuando llegué por primera vez al Congreso de Estados Unidos, hace ya bastante tiempo, organicé mi primera audiencia del Congreso, la primera de la Cámara de Representantes sobre la crisis climática. E invité como testigo principal a un profesor que me había inspirado cuando estudiaba en la universidad, allá por los años sesenta. El Dr. Roger Revelle se llamaba. Ingenuamente pensé que, cuando mis colegas sentados en el estrado escucharan a ese gran y sabio profesor, tendrían la misma revelación que yo había experimentado durante un curso universitario completo.

Resultó que una declaración de 20 minutos ante el Congreso no era lo mismo. Al terminar la audiencia, hubo algo equivalente a bostezos. La experiencia que yo había tenido al escucharlo durante todo aquel curso simplemente no se repitió en esa audiencia del Congreso.

Y eso me hizo detenerme a pensar: «Un momento, ¿qué elementos de aquella comunicación entre él y yo, cuando yo era más joven, consiguieron captar mi interés y hacerme cambiar realmente de opinión? ¿Y en qué se diferencia tanto de una audiencia del Congreso?». Entonces emprendí un largo camino, que aún sigo recorriendo, para tratar de entender cuál es la mejor manera de comunicar a la gente la naturaleza existencial de la crisis climática.

Es algo muy distinto de todo lo que la humanidad ha vivido. Lo único que realmente se le acerca es la amenaza de una guerra nuclear durante el apogeo del enfrentamiento entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética. Porque esta amenaza también, como la posibilidad de una guerra nuclear, podría acabar con la civilización. Y está cambiando: empeora muy rápidamente, como dije antes. Tenemos que estar dispuestos a tomar medidas audaces.

Conoces el viejo cliché: una imagen vale más que mil palabras. Pues bien, descubrí que una presentación de diapositivas vale más que mil discursos si está bien hecha.



Ya sabe, cuando estaba en el Senado y trabajaba en el control de armas nucleares, me hice amigo de un poeta ruso. Ya falleció. Se llamaba Yevgueni Yevtushenko.

Escribió un poema célebre en los últimos días de la antigua Unión Soviética, titulado Medias tintas; el poema hablaba de un hombre parado al borde de un precipicio, mirando al otro lado del abismo, hacia el acantilado de enfrente, y preparándose para saltar hasta ponerse a salvo. La idea del poema era: no intentes hacerlo en dos saltos.

La transición que intentamos hacer ahora, de los combustibles fósiles sucios y destructivos a las energías renovables, de los vehículos de combustión a los eléctricos, y de los métodos ineficientes y derrochadores en las empresas y la industria a otros nuevos, limpios y sostenibles, no podemos hacerla en dos saltos porque sencillamente no funciona.

Encontrar mejores maneras de comunicar a la gente que esto es una locura, que tenemos que cambiarlo y que debemos hacerlo rápido, no gradualmente, es una misión que emprendí tras aquella experiencia de aprendizaje, allá por los años setenta y principios de los ochenta, cuando empecé a intentar comunicar con más eficacia la crisis climática.

Linda Lacina:Y, desde que llegó a esa conclusión, ¿qué tácticas emplea para estimular la imaginación de la gente?

Al Gore:Puede que algo de esto suene bastante elemental. Ya sabe, el viejo cliché: una imagen vale más que mil palabras. Pues bien, descubrí que una presentación de diapositivas vale más que mil discursos si está bien hecha. Después se me acercó gente muy talentosa de Hollywood para convertir mi presentación de diapositivas en una película.

Otro ejemplo de mi propia ingenuidad: pensé que era una idea absurda. No veía cómo podía funcionar, pero tenían más talento del que yo les atribuía. Hasta ahora he participado en el lanzamiento de dos películas sobre el clima, pero también he intentado utilizar otra herramienta: delegar o reclutar a otras personas para que transmitan el mensaje que el mundo entero necesita oír.

Cambiar las bombillas es importante, pero cambiar las políticas es mucho más importante.

Cuando se estrenó mi primera película, empecé a formar activistas de base. El primer grupo fue de 50 personas en mi granja de Tennessee. Desde entonces, he formado personalmente a casi 50.000 personas. Participan en un curso intensivo de casi una semana que explica con mucho detalle las causas y las soluciones de la crisis climática, pero también se centra en darles a todas estas personas las habilidades, las herramientas y los contactos entre ellas y con la comunidad científica que necesitan para defender la acción climática con eficacia.

Cada vez nos centramos más en convencer a los responsables de formular políticas para que hagan cambios, porque algunos de los mayores contaminadores han intentado transmitir la idea de que la responsabilidad recae en cada persona: apagar la luz al salir de una habitación, cambiar las bombillas por otras más eficientes, y así sucesivamente. Todo eso está muy bien, pero cambiar las bombillas es importante y cambiar las políticas lo es mucho más. Las políticas actuales de todo el mundo siguen subvencionando la quema de combustibles fósiles, obligando a los contribuyentes a subvencionar la destrucción de nuestro futuro con sumas más de 30 veces superiores a las escasas cantidades que se destinan a acelerar la transición a las energías renovables.

Tenemos políticas absurdas que ignoran la verdad científica sobre lo que estamos haciendo. Y, por cierto, volviendo a la burbuja de carbono subprime, seguir gastando todo este dinero en combustibles fósiles está creando el principal riesgo financiero para la economía mundial. Mencioné la catástrofe de las hipotecas subprime. Ya sabe, aquello provocó la Gran Recesión. Cuando la gente se dio cuenta de repente de que esas hipotecas, concedidas a millones de personas que no podían pagar las cuotas mensuales ni dar una entrada, eran ridículas y absurdas. Pero hubo una especie de delirio colectivo. Se podían cobrar comisiones enormes. Y se extendió la ilusión de que, si las agrupábamos todas y las colocábamos en el mercado mundial, de algún modo el riesgo desaparecería como por arte de magia. Pues no fue así. Cuando un hombre neurodivergente de Silicon Valley se tomó el tiempo de investigarlo a fondo y se dio cuenta: «Dios mío, estas cosas no valen nada», al poco tiempo se desplomaron, y eso fue lo que provocó la crisis crediticia y la Gran Recesión.

Ahora la burbuja de carbono subprime es mucho mayor. Hay activos por valor de 22 billones de dólares que no pueden quemarse. No solo por las leyes y las obligaciones derivadas de tratados, sino porque están perdiendo su licencia para operar, la licencia que les otorga el público. Además, la competencia de estas nuevas tecnologías sostenibles, como la energía solar y eólica, las baterías, los vehículos eléctricos y otras que he mencionado, las está volviendo poco competitivas. Así que de verdad tenemos que acelerar el ritmo y empezar a hacer estos cambios mucho más rápido.

Linda Lacina:Es fundador del Climate Reality Project y en 2020 esa iniciativa organizó por primera vez una formación virtual para activistas climáticos, con el fin de ayudar a los líderes climáticos a adquirir habilidades prácticas. ¿Puede hablarnos un poco del Climate Reality Project, de qué es y de cuáles son esas habilidades prácticas?

Al Gore: A modo de contexto, a través del Climate Reality Project ya he organizado personalmente 48 cursos de formación para líderes climáticos. El primero, como mencioné, fue solo para 50 personas en mi granja. Pero cuando la pandemia nos obligó a muchos a replantearnos lo que hacíamos, como tantos otros, me pregunté: «De acuerdo, ¿cómo podemos hacerlo en formato virtual?». Y eso me llevó a descubrir algo que muchas personas también han aprendido: a veces estas tecnologías virtuales pueden ser mejores.

Se echan de menos las interacciones en persona y todo eso. Estoy deseando volver a ellas. Dios quiera que esto termine pronto, para que podamos volver a encontrarnos en persona. Pero ya había impartido formaciones en grandes ciudades de todo el mundo y las había adaptado a los impactos climáticos, las soluciones y el panorama político específico de cada lugar. Impartimos formaciones en Brasil, centradas en la protección de la biodiversidad, y aprendimos de los defensores de la tierra en el Amazonas y otros lugares, que arriesgan la vida para proteger el planeta. También organizamos grandes formaciones, por ejemplo, en Atlanta, Georgia, a las que invitamos a todos los líderes de base de la justicia ambiental. Y llevamos a nuestras formaciones por todo el mundo los últimos datos científicos sobre los impactos previstos. Después, cuando el mundo pasó a funcionar en línea, replanteamos y rediseñamos la formación y acabamos llegando a muchos más líderes de los que jamás habríamos podido alcanzar con las formaciones presenciales. Y ahora vamos a continuar. Nuestra primera formación global de 2020 dio la bienvenida a muchos miles de nuevos líderes de Climate Reality de todo el mundo.

Formamos a personas de diversos orígenes y de todas las edades. Eso significa que las habilidades que necesitan desarrollar varían mucho, pero los fundamentos son muy similares. Hemos comprobado que el paso más importante para cualquier líder es adquirir una base de conocimientos que le dé confianza y le permita comunicarse con claridad y concisión.

Y uno de los componentes centrales de cada formación es una visión general de los últimos avances científicos sobre los impactos y las soluciones. Creemos que conocer y comprender la verdad sobre este desafío es fundamental para actuar con eficacia.

La otra habilidad esencial para cualquier líder, esté donde esté, es la capacidad de ampliar su red de contactos y colaborar bien con otras personas. En nuestras formaciones, nos aseguramos de que los líderes tengan tiempo y espacio para hablar entre sí y aprender unos de otros de forma continua. Ponemos a los líderes en contacto con mentores de la región donde viven, así como con sus compañeros que participan en la formación, para que conversen sobre los desafíos que afrontan sobre el terreno al empezar a convertirse en defensores eficaces, y reciban consejos prácticos y oportunos, además de contactos que les permitan amplificar su liderazgo. Comunicar eficazmente el desafío que plantea la crisis climática, explicar las soluciones que pueden ponerse en práctica, establecer vínculos y ampliar el movimiento en la propia comunidad: esas son algunas de las habilidades más importantes que cualquier líder climático puede y debe desarrollar. Y nos centramos en ayudar a todas estas personas a adquirir precisamente esas habilidades.

Linda Lacina: Y con esta especie de ejército de personas, dotadas de estas habilidades, ¿qué impacto cree que podría producirse dentro de cinco años, o quizá incluso dentro de siete? ¿Qué cambios pueden darse a medida que amplían esta formación?

Al Gore: Bueno, ahora mismo estamos empezando a cruzar el célebre punto de inflexión político, más allá del cual habrá suficiente apoyo político para superar las maniobras de presión y las acciones políticas de retaguardia de los contaminadores. Y entre ellos destacan las empresas de combustibles fósiles.

Y, por cierto, algunas de ellas están intentando cambiar y necesitamos que participen en este cambio. Pero aquí, por ejemplo, y en muchos lugares del mundo, están trabajando a marchas forzadas y utilizando la riqueza y las conexiones políticas que han acumulado durante el último siglo, más o menos, para doblegar a los políticos a su voluntad y luchar contra los cambios que necesitamos, así como para defender que se mantengan los subsidios a estos combustibles fósiles contaminantes que amenazan nuestro futuro. Por eso creo que es esencial que crucemos cuanto antes el punto de inflexión político que mencioné. En algunos países ya lo hemos visto. En mi propio país, el presidente está completamente de acuerdo, pero el Senado de Estados Unidos está dividido al 50/50. Quizá hayan visto algunas noticias al respecto. Así que tenemos que seguir avanzando para construir una mayoría sólida que apoye el tipo de cambios en las políticas que necesitamos para salvar nuestro futuro.

Linda Lacina: Hoy ha dicho: «Tenemos que dejar de usar la atmósfera como una alcantarilla abierta». Hoy en día hay mucha jerga y muchas siglas en el ámbito del clima, y eso se interpone entre las personas y lo que necesitan entender. ¿Qué importancia tiene hablar claro para conectar con la gente sobre el clima?

Al Gore:Bueno, creo que es absolutamente esencial. Nunca ha sido tan importante decirle la verdad al poder sobre este tema. También es esencial exigir que los líderes empresariales y gubernamentales hablen claro cuando aborden este tema, y que vayan más allá de permitirles proclamar vagamente su compromiso con la acción climática, con objetivos lejanos que ni siquiera alcanzarían mientras sigan siendo responsables de sus empresas u organizaciones políticas. Necesitamos que la comunidad mundial exija responsabilidades a los líderes por sus palabras y se asegure de que estas se traduzcan en acciones concretas.

Una de las cosas más poderosas que he visto en el movimiento climático durante los últimos años es la claridad de mensaje y propósito que expresan los jóvenes líderes climáticos. Su convicción moral y su manera directa e intransigente de hablar han contribuido a impulsar avances importantes. Necesitamos más de eso. Necesitamos que jóvenes y mayores denuncien qué compromisos climáticos, parafraseando a Greta Thunberg, no son más que «bla, bla, bla».

Linda Lacina: Si pudiera aconsejarse a sí mismo al comienzo de su carrera, ¿qué consejo se daría? ¿Qué querría que supiera aquel hombre, su versión más joven?

No tenemos tiempo para desesperarnos. No tenemos tiempo para deprimirnos. Es hora de que todos arrimemos el hombro. Tenemos que resolver esta crisis. No podemos mirar hacia otro lado.

Al Gore: Vaya, empecé a trabajar en la crisis climática hace 45 años. Si pudiera volver a empezar, lo habría hecho antes.

Linda Lacina: Así que le diría que se pusiera manos a la obra.

Al Gore:Sí. Sí. A ver, para darle la vuelta y plantearlo de otra manera, Linda, creo que quienes estamos vivos en este momento extraordinario deberíamos considerar un privilegio tener una tarea que determinará el futuro de nuestra civilización. Así es. Y se siente alegría cuando uno tiene una tarea que le hace sentir que está justificado volcar en ella hasta el último ápice de energía.

No tenemos tiempo para desesperarnos. No tenemos tiempo para deprimirnos. Es hora de que todos arrimemos el hombro. Tenemos que resolver esta crisis. No podemos mirar hacia otro lado. No podemos fingir que no es tan gravemente peligrosa como realmente es. No podemos fingir que no está empeorando más rápido de lo que apenas hemos empezado a resolverla.

No sé; si pudiera volver atrás y hacer las cosas de nuevo, empezaría aún antes y le dedicaría todavía más energía.

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