Los incendios forestales han afectado a Australia, la cuenca del Amazonas y el Ártico en los últimos meses.
Pero la naturaleza no solo está en primera línea de un clima cambiante, sino que también puede ayudar a combatir las emisiones y a aumentar la resiliencia frente al cambio climático.
Estas 3 estrategias deben priorizarse con urgencia.
Los bosques no generan titulares; los incendios forestales sí. Lamentablemente, en el último año, los bosques han aparecido en las noticias por los motivos equivocados.
Los incendios forestales son habituales durante las estaciones secas en muchos bosques del mundo y contribuyen a la salud del bosque al abrir paso a nueva vida. Sin embargo, la frecuencia y la virulencia de los incendios están aumentando. En el último año, incendios de gran magnitud han arrasado todos los continentes, salvo la Antártida. Estos incendios son un presagio de una nueva normalidad en un clima cambiante, como los científicos llevan tiempo advirtiendo.
Tres incendios especialmente dañinos destacaron: en Australia, hoy, la magnitud de los incendios es inimaginable. Afectan a una superficie mayor que la de varios pequeños países europeos y tienen enormes repercusiones en las personas y la fauna. Aún no se han extinguido y las futuras temporadas de incendios podrían ser aún peores.
2019 también registró un aumento de incendios en la cuenca del Amazonas. Existía preocupación por que los incendios estuvieran siguiendo a un aumento de la deforestación, lo que más tarde confirmaron los datos oficiales de Brasil, y una inquietud aún mayor por que algunas partes del bosque puedan estar alcanzando un punto de inflexión.
En el Ártico, vimos imágenes inquietantes de incendios en Siberia y Alaska. Los incendios en los grandes bosques boreales que rodean todo el hemisferio norte son naturales, pero la magnitud de los incendios de 2019 fue sin precedentes, con temperaturas récord al norte del círculo polar ártico.
Aunque difieren en magnitud, cada uno de estos incendios ha tenido efectos significativos: cada vez más personas mueren a causa de los incendios, que se están convirtiendo en la nueva norma en muchos países. La calidad del aire se ve afectada, ya que los incendios cubren regiones enteras con neblina –Australia ha registrado los peores niveles de contaminación del mundo–, y la fauna se ve cada vez más afectada. Todo ello contribuye a aumentar las emisiones de carbono a la atmósfera.
Pero esta no es una historia de desánimo. La naturaleza puede estar en primera línea de un clima cambiante, pero también puede ser uno de nuestros aliados más sólidos para reducir las emisiones a escala mundial y reforzar la resiliencia de las comunidades y los paisajes. Las soluciones basadas en la naturaleza pueden aportar hasta un tercio de las reducciones de emisiones necesarias para mantener las temperaturas por debajo de 2oC. Para aprovechar este potencial, hay tres estrategias que el mundo debe priorizar con urgencia:
1. Frenar la deforestación
La deforestación se mantiene en niveles cercanos a máximos históricos, pese a la importante inversión del sector privado para reducirla en las cadenas de suministro. El desafío es mucho más complejo de lo que cualquier actor puede resolver por sí solo. De cara a 2020, está claro que las empresas deben redoblar sus esfuerzos, pero también trabajar más estrechamente con los gobiernos y el sector financiero para eliminar la deforestación impulsada por las materias primas.
También debemos reconocer que una cantidad creciente de deforestación está impulsada por la ilegalidad y la delincuencia en muchos países, así como por la pobreza. Debemos aumentar la voluntad política para erradicar la delincuencia y apoyar una mayor inversión en el desarrollo y la creación de alternativas económicas para los pequeños agricultores en situaciones en las que convertir el bosque puede marcar la diferencia entre el hambre y la salud.
Nada de esto es fácil, por eso es urgente una acción concertada colectiva que contemple y trabaje para mejorar todas las partes del conjunto. Así es como frenamos la deforestación.
2. Trabajar juntos para gestionar los incendios
Aprender a gestionar mejor los incendios será fundamental para reforzar la resiliencia y reducir los efectos de incendios más intensos y frecuentes. Sin embargo, existen pocos mecanismos para compartir conocimientos y prácticas a escala mundial. Global Forest Watch y otras plataformas ofrecen ahora herramientas más interactivas para vigilar los incendios, pero no aprendemos ni celebramos el éxito en la lucha contra los incendios.
Por ejemplo, Indonesia ha sufrido varios incendios forestales catastróficos, a menudo agravados por las turberas, que almacenan enormes cantidades de carbono y que, una vez encendidas, son difíciles de extinguir. Se calcula que los incendios de 2015 causaron la muerte de 100 000 personas. La temporada seca de 2019 también amenazaba con ser difícil, pero una mejor gestión de los incendios, tanto por parte del Gobierno, que creó en 2016 una Agencia de Restauración de Turberas, como por parte de empresas privadas líderes como APRIL y APP, que gestionan programas de «Aldeas libres de incendios» en sus explotaciones, ha logrado reducir con éxito la frecuencia y la gravedad de los incendios.
Además, los pueblos indígenas de todo el mundo llevan siglos trabajando con el fuego en muchos países para gestionar sus paisajes. Al provocar incendios al comienzo de la temporada, pueden evitar incendios catastróficos en plena temporada seca. Tuve el honor de pasar una semana con los Guardabosques Aborígenes de Kimberley y comprobé el orgullo y la importancia cultural de esta labor. Existe potencial para ampliar estos esfuerzos.
3. Acelerar la restauración
Por último, pero no por ello menos importante, debemos impulsar un movimiento mundial de restauración. Existe una comprensión creciente de que la reforestación y una mejor gestión de la tierra son una de las mejores soluciones de que disponemos para extraer activamente carbono de la atmósfera y fijarlo en nuestros bosques, pastizales y humedales. Los científicos calculan que tras la última glaciación había 6 billones de árboles, pero hoy quedan poco más de 3 billones.
El Foro Económico Mundial ha lanzado una nueva plataforma, 1t.org, un esfuerzo multisectorial para apoyar iniciativas que buscan cultivar, restaurar y conservar 1 billón de árboles en todo el mundo. Cultivando, restaurando y conservando un billón de árboles o más a lo largo de la próxima década, tenemos la oportunidad de reducir el riesgo climático, mejorar la seguridad hídrica, revertir la pérdida de biodiversidad y crear millones de empleos rurales.
Ninguna de estas estrategias es fácil. Pero, al eliminar la deforestación, mejorar la gestión de los incendios e invertir en restauración, tenemos la oportunidad de reforzar nuestra resiliencia frente a un clima cambiante, reducir el riesgo climático, revertir la pérdida de biodiversidad y mejorar la seguridad hídrica. Y lo más importante es que también tenemos la oportunidad de crear millones de empleos para las comunidades rurales.
Al comenzar una nueva década, es imperativo que nos comprometamos juntos a cocrear un futuro positivo para los bosques.




