Tras un megaincendio mortal en 2017 que causó 64 muertes, Portugal está replanteándose cómo combatir los fuegos agravados por el cambio climático.
Ahora el Gobierno da prioridad a la prevención y experimenta con innovaciones para que el terreno sea menos inflamable.
A lo largo de la principal autopista del interior rural de Portugal, el aroma del eucalipto impregna el aire. Puede resultar agradable, pero también es motivo de temor para los residentes de la zona.
Las arboledas de eucaliptos —árboles australianos autóctonos de rápido crecimiento y muy inflamables— contribuyeron a alimentar un enorme incendio forestal en 2017 que causó 64 muertes y dejó más de 250 heridos en la localidad de Pedrogao Grande, en el centro de Portugal.
Muchas de las víctimas murieron quemadas en sus coches cuando intentaban escapar del incendio por la carretera nacional EN236-1, hoy conocida como la «carretera de la muerte» tras el peor desastre de la historia moderna de Portugal.
Entre los bosques de Portugal, secos como yesca, muchas vías de este tipo siguen siendo un peligro.
«Esta es una carretera por la que no querrías circular si se declara un incendio», dijo el ingeniero forestal Luis Paulo Pita antes de girar con su coche por un camino lateral de grava que se adentraba en un bosque del distrito de Coimbra, donde trabaja en iniciativas de prevención de incendios.
El ingeniero, antiguo bombero, forma parte de una iniciativa nacional —que reúne a funcionarios, expertos y comunidades— cuyo objetivo es transformar la gestión de incendios en Portugal y evitar que se repita lo ocurrido en 2017.
Tras el desastre, el Gobierno prohibió nuevas plantaciones de eucaliptos, anunció amplias reformas agrarias e invirtió en diversos proyectos para proteger a las comunidades locales con mayor riesgo de incendios forestales en los distritos del centro y el norte de Portugal.
El país también ha pasado de centrarse en la extinción a priorizar la prevención de incendios, en gran medida mediante la experimentación con innovaciones para que el terreno sea menos inflamable.
El trabajo ha suscitado admiración internacional y solicitudes de otros países de ayuda y capacitación para replicarlo.
Sin embargo, los residentes afirman que la principal razón por la que el país no ha sufrido otro incendio mortal como el de 2017 son las condiciones meteorológicas más templadas; además, expertos y funcionarios advierten que, cinco años después, están menguando los fondos y la voluntad política para hacer frente a la amenaza de los incendios.
Los riesgos que persisten son evidentes: este mes, una serie de grandes incendios forestales arrasó el norte y el centro de Portugal, dejó decenas de heridos y obligó a cientos de personas a abandonar sus hogares, mientras los bomberos luchaban por apagar las llamas en medio de una ola de calor europea que, según las previsiones, provocará más incendios.
A escala mundial, a medida que el cambio climático trae más olas de calor y sequías, se prevé que el número de incendios forestales extremos aumente un 30% para 2050 y que resulte más difícil extinguirlos, según recientes estudios de las Naciones Unidas y publicados en la revista Nature.
En el centro de Portugal, la mayoría de los residentes ya sabe qué hacer para mantenerse a salvo ante la amenaza de incendios, por ejemplo, conocer buenas rutas de escape y refugiarse en zonas con agua o poca vegetación, dijo Pita.
Pero, según dijo, a medida que se desvanecen los recuerdos del desastre de 2017, algunos esfuerzos de prevención van perdiendo fuerza.
«Si miras alrededor de las casas, puedo decir que ya se han olvidado de 2017», dijo a la Thomson Reuters Foundation, señalando zonas boscosas muy descuidadas que suponen un riesgo de incendio cerca de las aldeas.
«Aún en el bosque»
Como parte de su nuevo enfoque para combatir los incendios forestales, Portugal creó una agencia integrada de gestión de incendios (AGIF) que reúne a responsables de conservación, la policía, el ejército y empresas forestales privadas para coordinar mejor tanto la prevención como la extinción.
Tiago Oliveira, director de la agencia, dijo que anteriormente se había gastado demasiado dinero en afrontar las consecuencias de los incendios, en lugar de abordar sus causas.
La AGIF insta ahora a las comunidades a limpiar los terrenos de maleza, elaborar planes de evacuación para las aldeas de alto riesgo y expedir permisos para quemar residuos de forma controlada.
La agencia también ha enseñado a ingenieros forestales y bomberos a crear cortafuegos mediante quemas prescritas.
En 2021, el país registró el menor número de incendios rurales de la última década, según datos del Sistema de Gestión de Información sobre Incendios Forestales (SGIF) de Portugal.
Pese a estos avances, el abandono prolongado de las tierras rurales, mientras los jóvenes buscan oportunidades en las ciudades del país, sigue siendo un gran desafío.
Alrededor del 30% de las propiedades rurales de Portugal están actualmente sin reclamar, dijo Oliveira, y en los terrenos en desuso se acumula rápidamente vegetación inflamable.
Como resultado de estos desafíos, solo se ha alcanzado el 20% de los objetivos de prevención de incendios de la AGIF, pese al creciente conocimiento y la voluntad de actuar, dijo.
La pandemia de coronavirus y otras prioridades contrapuestas del Gobierno también significan que «perdimos mucho tiempo... (y) el fuego ya no es una prioridad política», añadió, aunque se ha reservado una parte de los fondos de recuperación de la COVID-19 para prevenir y combatir los incendios forestales.
Los esfuerzos de Portugal por transformar la prevención de incendios han despertado el interés de otros países y regiones que luchan contra los incendios forestales, entre ellos California, Sudáfrica y Australia.
Bomberos de Austria y Alemania están recibiendo capacitación en Portugal, y está previsto que el país acoja una conferencia internacional sobre incendios forestales en 2023.
En febrero, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) instó a los gobiernos a replantearse su respuesta a los incendios forestales y a invertir más en prevención y preparación que en extinción.
Pero, como el calentamiento global contribuye a que los incendios forestales sean más graves, Oliveira teme que muchos gobiernos estén demasiado ocupados combatiendo las llamas como para dedicar fondos y atención a mejorar la prevención.
«Pagas algo y tienes un bombero, un avión, un helicóptero», dijo, lamentando que los ingenieros forestales y los propietarios de tierras que trabajan en la prevención «nunca son los héroes».
La comunidad, primero
Aunque se culpa a los bosques de eucaliptos de ser un factor importante en los incendios forestales de Portugal, ingenieros forestales como Pita afirman que la cuestión clave es cómo se gestionan las tierras.
Los residentes de zonas propensas a incendios se quejan de que nadie presta mucha atención a los bosques, salvo cuando arden. El paisaje de la región está salpicado de granjas abandonadas y la presencia del Gobierno es limitada.
«Han abandonado el territorio», denunció Joao Camargo, activista medioambiental de la organización portuguesa sin ánimo de lucro Climaximo. Según explicó, las zonas rurales son cada vez más irrelevantes desde el punto de vista económico y político para quienes toman decisiones, mientras la población del país se traslada a las ciudades.
La AGIF considera que revertir el éxodo rural y revitalizar la agricultura es clave para reducir el riesgo de incendios.
«Si quieres preservar el paisaje, tienes que alimentarte de él», dijo Jose Gaspar, ingeniero civil de la Escuela Agraria de Coimbra, quien también da clases en la cercana escuela nacional de extinción de incendios.
Las ovejas y cabrasque comen matorrales —y pueden limpiar de manera económica y eficaz los terrenos propensos a incendios— son una parte fundamental de la prevención. Los pastores rurales han recibido subvenciones para mantener sus rebaños, y se prevé que la financiación continúe hasta 2024, cuando la iniciativa debería ser autosuficiente, dijo Gaspar.
Permitir que la población local se haga cargo de reducir el riesgo de incendios en las tierras que gestiona es más eficaz que un enfoque de prevención impuesto desde arriba, dijeron investigadores.
Por ejemplo, tras el desastre de 2017, los residentes de Ferraria de Sao Joao —una aldea situada a unos 24 km de Pedrogao Grande que por poco escapó al mismo destino— decidieron por iniciativa propia crear una franja de protección sin eucaliptos alrededor de su comunidad, sin esperar la ayuda del Gobierno.
Bosques olvidados
Las heridas psicológicas del incendio forestal de 2017 siguen muy presentes en Pedrogao Grande, donde los habitantes dicen sentirse abandonados por el Gobierno y consideran que las promesas no se han cumplido.
Por ejemplo, la prohibición de plantar nuevos eucaliptos no reduce en absoluto los riesgos de las plantaciones que ya existían antes de 2017, por lo que la localidad sigue rodeada de eucaliptos, como antes.
El activista Camargo, que visitó la zona recientemente, dijo que el riesgo constante de incendios al que se enfrentan los aldeanos era «desgarrador», y que los grandes incendios siguen siendo posibles en condiciones secas y calurosas.
Hace cinco años, Rui Rosinha era bombero voluntario y rescataba a personas de las llamas. Una noche, él y su equipo se vieron rodeados por el fuego después de que su vehículo sufriera un accidente.
El hombre, de 44 años, sufrió quemaduras graves y estuvo en coma durante tres meses. Después pasó otros tres meses en el hospital y se sometió a alrededor de una docena de operaciones para tratar sus lesiones.
Otro bombero que iba en el coche —un amigo de la infancia— también sufrió quemaduras y murió poco después en el hospital.
«Mi vida cambió por completo después de 2017», dijo Rosinha, representante de AVIPG, una asociación de supervivientes del incendio. Sus lesiones lo obligaron a retirarse de la extinción de incendios.
En AVIPG, Rosinha defiende ahora que se adopten más medidas de prevención de incendios y cree que el Gobierno no ha hecho lo suficiente.
«Cuando hay un incendio, se evacúa a la gente», dijo por teléfono. «Pero en materia de prevención, hay un fallo».






